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Un grupo de empresas fabrica chalecos antibalas para médicos, bomberos y niños en Ucrania

Rostyslav Averchuk

Leópolis (Ucrania), 5 feb (EFE)- Varias empresas de diversos sectores unen esfuerzos en Leópolis para producir chalecos antibalas tanto para los soldados ucranianos como para miles de bomberos y equipos de ambulancias que continúan desempeñando sus funciones bajo los bombardeos rusos, así como para los niños que son evacuados de las zonas del frente.

Maniquíes vestidos con chalecos antibalas ofrecen una idea de lo que el Clúster de Defensa de Leópolis ha podido lograr desde que empezó a funcionar hace dos años.

Entre varias figuras -un soldado, un médico o un bombero- destaca la de un niño.

"Nunca había pensado que un día tuviéramos que hacer algo así", dice Maksim Pliejov, director general de la iniciativa, mientras muestra un chaleco antibalas para niños.

Cientos de chalecos como ese se han enviado al este de Ucrania, donde los niños tienen que ser evacuados de regiones o Avdivka o Kupiansk que están bajo bombardeos continuos.

Los chalecos antibalas para niños cubren un área más grande del cuerpo que los chalecos comunes para adultos y protegen a quien los lleva de fragmentos de proyectiles o de escombros que caen de edificios destruidos.

Según Pliejov, es fácil poner un chaleco en el cuerpo de un niño en peligro.

"No había en el mercado chalecos antibalas para niños, así que tuvimos que desarrollarlo desde cero", recuerda. Para ello, el Clúster se basó en la experiencia acumulada por las empresas que forman parte de la iniciativa inmediatamente después del inicio de la invasión a gran escala.

Equipar al ejército en medio del caos

La empresa de Pliejov se estaba preparando para la evacuación hacia la región de Dnipro cuando los tanques rusos atravesaron la frontera a solo 25 kilómetros de la segunda ciudad más grande de Ucrania. Cuando se hizo clara la dimensión de la invasión, Leópolis se convirtió en su nuevo destino.

La enorme necesidad de chalecos antibalas de calidad se hizo evidente cuando cientos de miles de ucranianos se unieron al Ejército.

Si bien gran parte de su equipo quedó en Járkov, Pliejov y sus colegas tenían la experiencia y los diseños relevantes que rápidamente pusieron a disposición de quien estuviera dispuesto a producir chalecos.

También donaron todos los materiales que lograron sacar de la zona de peligro a empresas locales en Leópolis antes dedicadas a actividades civiles y que se sumaron al Clúster. Sus especialistas, como los diseñadores de ropa, aprendieron a producir chalecos en el menor tiempo posible.

A pesar del caos y de la ruptura de las cadenas logísticas se han producido 2.000 chalecos al día y, recuerda Pliejov, 100.000 soldados fueron equipados gratuitamente con ellos en el primer año de la invasión gracias a los voluntarios y la ayuda financiera de muchos donantes.

Protección física y psicológica

Una colección de placas antibalas perforadas y abolladas, un elemento crucial del chaleco, permanece de la época en que el Cluster probó cientos de chalecos que fueron enviados aquí por productores no profesionales de todo el país.

“Las placas se fabricaban con cualquier material disponible porque la gente ansiaba tener al menos un cierto grado de protección cuando se dirigía a la batalla”, recuerda el portavoz de la iniciativa Antón Fedchenko.

Sin embargo, algunos de ellos incluso agravaron el peligro, con trozos de metal de la propia placa capaces de atravesar el cuerpo junto con una bala.

La situación es mucho mejor ahora, ya que el Estado proporciona a cada soldado un chaleco y hay más disponibles comercialmente, dice Fedchenko.

Actualmente, el Clúster sigue equipando a los equipos de ambulancias y bomberos que operan en ciudades como Jersón, Járkov o Kramatorsk.

A menudo se convierten en blanco de ataques deliberados y repetidos, después de llegar a un lugar para intentar rescatar a los supervivientes y apagar los incendios”, explica Pliejov.

Además de proporcionarles protección física, los chalecos también los apoyan psicológicamente, subraya, ayudándoles a sentirse más seguros mientras siguen trabajando en medio de los ataques casi diarios.

(c) Agencia EFE