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Gobierno polaco cumple 100 días con más esperanzas que logros concretos

Cracovia (Polonia), 24 mar (EFE).- Tras 100 Días en el poder, Donald Tusk reconoce que le habría gustado "hacer más y hacerlo más rápido" mientras crecen las críticas ante los escasos avances en sus principales promesas electorales y las pocas posibilidades de cumplirlas pronto.

Poco antes de ganar las elecciones del 15 de octubre del pasado año Tusk se comprometió a cumplir 100 propuestas en sus primeros 100 días de Gobierno y entre esas promesas había temas tan importantes para los polacos como la liberalización del aborto hasta la semana 12 del embarazo, una contrarreforma radical de la Justicia y de la Educación y despolitizar las instituciones estatales.

Una vez cumplido el plazo, y según el medio que se consulte, Tusk ha cumplido entre 8 y 17 de sus promesas.

Las razones para este pobre balance son varias: por un lado, hay que recordar que el primer ministro Tusk lidera una coalición de coaliciones compuesta por más de una docena de partidos con tendencias políticas que van de la izquierda progresista al conservadurismo democristiano.

Por otra parte, no ha hecho sino crecer la falta de sintonía con el presidente Andrzej Duda, cuyos amplios poderes entran en conflicto a veces con los del Ejecutivo y el Legislativo.

A pesar de que la coalición obtuvo la mayoría absoluta en ambas cámaras, no logró los tres quintos necesarios para sortear el veto presidencial, lo que otorga a Duda la última palabra a la hora de implementar o no leyes, el presupuesto general del Estado o decisiones importantes como el relevo de embajadores.

Además, figuras afines al anterior Gobierno, del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS), retienen aún el control de instituciones tan importantes como el Tribunal Constitucional o el Tribunal Supremo, y conservan una gran capacidad para dificultar gracias a maniobras políticas de última hora realizadas antes de dejar el poder

Con esta perspectiva, parece claro que cumplir cada una de las promesas restantes supondrá un duro reto para Tusk, y que se trata de una cuestión de posibilidades más que de tiempo, por más que a Duda le reste poco más de un año en el cargo.

Una encuesta reciente mostró que la valoración que hacen los polacos de estos 100 primeros días de Tusk es negativa: dos de cada tres encuestados certificaron su decepción al ver cumplida una muy pequeña parte de las promesas electorales y, sobre todo, al darse cuenta de las pocas posibilidades de avanzar a corto plazo en el resto de las propuestas.

Medidas tan radicales como liquidar los medios de comunicación públicos o la orden de arresto de un ex ministro en el mismísimo palacio presidencial han llevado a generar nuevos conflictos en vez de completar el "cambio higiénico" que se perseguía, y actualmente el país está lejos del estado de normalidad democrática e institucional que Tusk dijo garantizar.

Las disensiones internas, cada vez más evidentes, que sacuden a la coalición liderada por Tusk, son al mismo tiempo la causa y el efecto de esta situación.

Parece imposible que las tres principales formaciones que aunaron fuerzas el pasado octubre -la liberal Plataforma Cívica del propio Tusk, los democristianos de Tercera Vía y los progresistas de Izquierda- vuelvan a concurrir juntos a las elecciones municipales y regionales a celebrar el mes que viene.

En el ámbito internacional, por el contrario, es donde el nuevo Gobierno polaco ha sabido proyectar una imagen de éxito, cambio y optimismo.

En contraposición al euroescepticismo del anterior Gobierno, Tusk ha llevado a cabo una regeneración diplomática de Polonia que ha recuperado el diálogo y las buenas relaciones con sus socios europeos, lo que ha sido premiado con el desbloqueo de los tan esperados fondos de recuperación.

Todo ello a pesar de que, sobre el papel, Varsovia mantiene muchas de las posturas que le granjearon la imagen de país descreído del proyecto de la Unión Europea (UE) y beligerante con Bruselas.

Tusk ha reiterado su oposición a aceptar el Pacto Migratorio, el Pacto Verde, no ha renunciado a pedir reparaciones de guerra a Alemania pero también ha reactivado el Triángulo de Weimar.

Miguel Angel Gayo

(c) Agencia EFE