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El fútbol no da tregua a la guerra

Moscú, 24 feb (EFE).- No hay nada mejor para acallar las bombas que un partido de fútbol. Un año después la guerra en Ucrania sigue, pero el fútbol también. Con alarmas y refugios antiaéreos, pero la liga ucraniana se reanudará la próxima semana, como todos los años, tras el receso invernal. Hay pocos aficionados y muy poco dinero, pero el Shakhtar Donetsk mantiene bien alto el pabellón patrio.

Mientras, su vecino, el fútbol ruso, es desde febrero de 2022 un apestado a nivel internacional. Los más pesimistas creen que su ostracismo podría dejarle fuera incluso del Mundial de 2026, lo que armaría de munición a los que abogan por renunciar a Europa y jugar en Asia.

RUSIA, UN POZO SIN FONDO

El panorama del fútbol ruso es desolador. Sin apenas estrellas extranjeras, escasa afluencia de público a los estadios y presupuestos menguantes.

"La situación es muy difícil. No me creo que ya haya pasado un año. Nunca habíamos vivido algo igual. El nivel del fútbol en la liga rusa ha bajado mucho. Muchos extranjeros se marcharon", comentó a EFE Alexandr Mostovói, uno de los mejores futbolistas rusos de los últimos 30 años que militó en Spartak Moscú y Celta de Vigo.

Además de que los clubes siguen excluidos de Europa, Mostovói recuerda que la selección nacional no ha podido jugar el Mundial de Catar y tampoco disputará la fase de clasificación de la Eurocopa de Alemania.

"El peligro está en que no podemos enfrentarnos a los mejores equipos y selecciones de Europa. En los últimos meses hemos jugado con equipos que están en el puesto 120 del ránking como Tayikistán o Uzbekistán y ni siquiera pasamos del empate a cero", lamentó.

Para más inri, las autoridades han contribuido al caos al imponer a los aficionados la obligación de solicitar un pasaporte especial (el Fan ID) para acceder a los estadios. Dicha medida afectará a todos los equipos a partir de marzo. La reacción de los seguidores no se ha hecho esperar. Si varios clubes habían rechazado dicha iniciativa en 2022, ahora ya son quince de los dieciséis clubes los que han boicoteado dichos carnets.

El objetivo de dichos ID es reducir la presencia de grupos radicales, que han puesto en evidencia a Rusia en varias ocasiones por sus actos vandálicos, la última vez en la Eurocopa de Francia. No obstante, todas las asociaciones de aficionados de Rusia se han puesto de acuerdo a la hora de negarse al unísono a acudir al estadio. "El fútbol es para los aficionados, no para la policía" o "Los aficionados no somos delincuentes", aseguran.

Varios opositores han denunciado que las autoridades han rechazado sus solicitudes Fan ID debido a sus críticas al Kremlin. Eso confirmaría las sospechas de la oposición de que la medida es una forma más de controlar a la población en medio de la campaña militar rusa en Ucrania. Sea como sea, la iniciativa ha reducido al mínimo la asistencia a los partidos de liga en Rusia, tendencia que la prensa local cree que se agravará a partir de la próxima semana.

EL DILEMA ASIÁTICO

La leyenda celtiña es pesimista. Mostovói cree que el ostracismo ruso podría prolongarse durante varios años. "¿Cinco años como los ingleses? Sí, me lo creo. Pero si te dicen diez años, pues también", apuntó. "Lo que está pasando no es un país contra otro, sino un país (Rusia) contra todo el mundo", insiste.

Ese temor a que el castigo se alargue en el tiempo es lo que precipitó la decisión de la Unión de Fútbol de Rusia (UFR) de buscar una alternativa en Asia. Con el argumento de que la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) había dado el visto bueno, estuvo a un tris de dar ese arriesgado paso a finales de diciembre pasado. El plan asiático de la UFR desató una auténtica guerra civil en el fútbol ruso entre los que estaban a favor y en contra. A grandes rasgos, los directivos estaban a favor, los futbolistas ni sabían ni contestaban, y las leyendas y la prensa se oponían.

Finalmente, imperó el sentido común. La idea no ha sido descartada totalmente, pero se han abierto varios meses de consultas con la UEFA y la FIFA para que Rusia sepa a qué atenerse. “Yo estaba en contra. Hay que aguantar un poco. Si te vas a Asia, no te dejarán volver a Europa”, señaló Mostovói.

UCRANIA AGUANTA LA TORMENTA PERFECTA

El Gobierno ucraniano entendió muy bien que el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes. Dio el visto bueno al inicio del campeonato en agosto. Pese a los masivos bombardeos aéreos rusos, los 16 equipos ucranianos disputaron 15 de las 30 jornadas de liga hasta la pausa invernal de diciembre.

Las alarmas aéreas tuvieron en vilo a jugadores, técnicos y aficionados, pero el deporte superó al miedo. A día de hoy, el Dnipró-1 encabeza la clasificación con 35 puntos, el todopoderoso Shakhtar es segundo con 30, los mismos que el histórico Dinamo Kiev.

El Dnipró-1 jugó sus partidos en los Cárpatos, uno de los lugares más seguros de Ucrania; el Shakhtar en Lviv, cerca de Polonia; el Dinamo y el Zorya de Lugansk lo hacen en el legendario estadio Lobanovski de la capital. La excepción es el histórico Chernomorets, que juega sus partidos en la misma Odesa, ciudad bañada por el mar Negro y también objeto cada cierto tiempo de los ataques enemigos.

Mientras Rusia no ve la luz al final del túnel, la selección ucraniana, que estuvo a punto de disputar el Mundial de Catar, iniciará el 26 de marzo la fase de clasificación para la Eurocopa. Viajará al mítico Wembley para enfrentarse a Inglaterra.

MUDRYK, UN MILAGRO DE VENTA

Los combates ahuyentaron a las principales estrellas extranjeras del campeonato. El Shakhtar, un sambódromo afinado desde hace años por una docena de brasileños, fue el más afectado por ese éxodo. Por suerte, Ucrania siempre ha sido cantera de grandes futbolistas, desde Blokhin a Shevchenko.

La última aparición fulgurante fue la de Mykhailo Mudryk. Su extraordinaria actuación en la fase de grupos de la Liga de Campeones, lo que incluyó dos partidos ante el Real Madrid, le pusieron en el escaparate. Un Chelsea metido en problemas no dudó en hacerse con sus servicios previo pago de 100 millones de euros.

Fue un negocio redondo para su dueño, Rinat Akhmétov, el hombre más rico de Ucrania al que las autoridades prorrusas han expropiado gran parte de sus activos en Donetsk. Con todo, Akhmétov decidió dedicar 1.000 millones de grivnas (unos 25 millones de euros) para ayudar a los combatientes y sus familias. El dinero se dedicará al tratamiento médico, la ayuda psicológica y la obtención de prótesis para los heridos en combate.

Akhmétov reconoció que su sueño es ganar trofeos en Europa con el Shakhtar, pero admitió que esto es imposible ahora, ya que "en Ucrania tiene lugar una guerra mezquina e injusta contra nosotros por parte de la Federación Rusa". "Estoy convencido de que ganaremos la guerra. Jugaremos un partido amistoso con el Chelsea en el Donbás Arena en la ucraniana Donetsk. Debemos hacer todo lo posible para acercar ese día", apuntó.

Mudryk apareció envuelto en una bandera ucraniana en su presentación con el Chelsea, club que perteneció hasta el pasado año al oligarca ruso Román Abramóvich.

(c) Agencia EFE