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Un estudio de EEUU revela que la contaminación del aire está vinculada con el alzhéimer

Washington, 23 feb (EFE).- Un estudio elaborado por científicos de EE.UU. ha revelado que las personas expuestas a altos niveles de contaminación del aire, especialmente aquella generada por el tráfico de vehículos, tienen más probabilidades de desarrollar condiciones relacionadas con la enfermedad de Alzheimer.

La investigación, publicada esta semana en la revista 'Neurology', fue realizada por un equipo internacional de científicos y encabezada por Grace Christensen, de la Escuela Rollins de Salud Pública en la Universidad Emory en Atlanta (Georgia).

"Se ha determinado que la exposición a las partículas en suspensión, o materia particulada está asociada con el mal de Alzheimer, y la hipótesis es que causa inflamación y estrés oxidante en el cerebro", señaló el artículo.

Estas partículas son diminutos cuerpos sólidos o gotas muy finas de líquidos dispersos en la atmósfera y los investigadores apuntaron que se cree que el gen APOE, que implica un riesgo genético mayor de alzhéimer, se modifica en la asociación con esas partículas.

Según la Asociación del mal de Alzheimer se calcula que en Estados Unidos unos 6,7 millones de personas, mayores de 65 años, padecen esta enfermedad. El 73 por ciento de ellas son mayores de 75 años de edad.

La mayoría de estas personas con alzhéimer son blancas, pero los estudios médicos señalan que los afroamericanos y los hispanos tienen un riesgo más alto de desarrollar esa enfermedad.

La investigación mostró que las personas expuestas a altas concentraciones de las partículas en suspensión en el aire, al menos un año antes de su muerte, tenían más probabilidades de presentar altos niveles de aglomeraciones anormales de fragmentos de proteínas entre las células nerviosas.

Esas aglomeraciones, conocidas como placas, señalan la presencia de alzhéimer en el tejido cerebral.

Para este estudio los investigadores examinaron el tejido cerebral le 224 personas que habían convenido en la donación de sus cerebros tras la muerte para ayudar en el estudio de la demencia. Las personas habían muerto a una edad promedio de 76 años.

(c) Agencia EFE