Anuncios

Y, entonces, ¿qué es una especie?

Algunos biólogos conservacionistas sostienen que las jirafas se encuentran en grave peligro ya que lo que parece ser una sola especie en realidad son cuatro.  (Arlette Bashizi/The New York Times)
Algunos biólogos conservacionistas sostienen que las jirafas se encuentran en grave peligro ya que lo que parece ser una sola especie en realidad son cuatro. (Arlette Bashizi/The New York Times)

Durante varios siglos, los naturalistas han estado tratando de clasificar todas las especies animales de la Tierra y esta labor sigue siendo una de las tareas pendientes más grandes dentro de la ciencia. Hasta ahora, los investigadores han denominado a cerca de 2,3 millones de especies, pero quedan por descubrir millones (quizás incluso miles de millones).

Como si esta misión no fuera lo suficientemente difícil, los biólogos no logran ponerse de acuerdo en qué es una especie. Una encuesta de 2021 reveló que los biólogos en ejercicio usaban dieciséis métodos para catalogar las especies. Había enormes probabilidades de que cualesquiera dos de los científicos elegidos al azar usaran diferentes métodos.

“Todos usan este término, pero nadie sabe lo que es”, señaló Michal Grabowski, un biólogo de la Universidad de Lodz, en Polonia.

El debate acerca de lo que es una especie es más que un pasatiempo académico. En la crisis de extinciones en curso, es urgente que los científicos hagan un inventario de la diversidad biológica en el mundo. Pero podría ser que ni siquiera algunas de las especies mejor conocidas de la Tierra sean lo que parecen.

Tomemos como ejemplo a la jirafa.

En 1758, el taxonomista sueco Carlos Linneo describió una sola especie de jirafas: “Giraffa camelopardalis”. Aunque esta especie se ha reducido en las últimas décadas, aún sobreviven 117.000 jirafas en todo el continente africano, lo cual hace que un grupo conservacionista internacional califique a esta especie como vulnerable y no en peligro de extinción.

Una jirafa pastando en el Parque Nacional de Luangwa Sur, en Zambia, el 24 de enero de 2023. (Gabe Cohn/The New York Times)
Una jirafa pastando en el Parque Nacional de Luangwa Sur, en Zambia, el 24 de enero de 2023. (Gabe Cohn/The New York Times)

Pero algunos biólogos conservacionistas sostienen que las jirafas se encuentran en grave peligro ya que lo que parece ser una sola especie en realidad son cuatro. Algunos estudios genéticos han revelado que el ADN de la jirafa corresponde a cuatro grupos: la jirafa del norte, la jirafa somalí, la jirafa masái y la jirafa el sur.

La jirafa del norte, la cual vive en grupos desde Nigeria hasta Etiopía, ha sufrido pérdidas desastrosas derivadas de las guerras civiles, la caza furtiva y la destrucción de su hábitat silvestre. Si la jirafa del norte se considerara una especia aparte, sería “uno de los mamíferos más amenazados del mundo”, comentó Stephanie Fennesy, directora ejecutiva de la organización Giraffe Conservation Foundation, una fundación conservacionista no gubernamental.

Para Linneo, las especies eran formas de vida muy bien creadas, cada una de las cuales tenía sus propias características distintivas. Un siglo después, Charles Darwin reconoció que las especies actuales habían evolucionado, como ramas jóvenes que brotan del árbol de la vida. Ese descubrimiento dificultó decir con exactitud cuándo un nuevo grupo se convertía en una especie aparte y no solo una subespecie de alguno anterior.

En la década de 1940, Ernst Mayr, un ornitólogo alemán intentó resolver este problema mediante una nueva definición de especie basada en cómo se aparean los animales. Mayr sostenía que si dos animales no podían aparearse entre ellos, eran especies diferentes.

El concepto de especies biológicas, como se llegó a conocer, tuvo una enorme influencia en las generaciones posteriores de científicos.

En los últimos años, Christophe Dufresnes, un herpetólogo de la Universidad Forestal de Nankín en China, ha empleado este concepto para clasificar diferentes especies de ranas en Europa.

Algunos de los grupos de ranas se aparearon mucho, mientras que otros no tuvieron ningún híbrido. Al analizar su ADN, Dufresnes descubrió que los grupos con un ancestro reciente —es decir, los que estaban más estrechamente relacionados— en seguida producían híbridos. Dufresnes calcula que deben pasar cerca de seis millones de años de evolución divergente para que dos grupos de ranas lleguen a no poder aparearse entre ellos, en otras palabras, que se conviertan en dos especies.

“Esto es genial. Ahora ya sabemos cuál es el umbral para considerarlas o no especies”, comentó Dufresnes.

El método de Dufresnes para encontrar nuevas especies requiere mucho trabajo de campo. Otros investigadores han buscado maneras más eficientes de identificar las especies. Un método muy recurrido es secuenciar el ADN de los organismos y observar las diferencias en su código genético.

Esta búsqueda puede dar muchas sorpresas, como vemos con las jirafas de África. El equipo de Grabowski ha descubierto una diversidad todavía más radical que se esconde entre los crustáceos europeos, un grupo de criaturas acuáticas que incluyen las langostas, los camarones y los cangrejos. Los investigadores han demostrado que es posible que los animales que lucen idénticos entre sí y parecen pertenecer a una sola especie en realidad sean docenas de especies nuevas.

A medida que los científicos reúnen más información genética, surgen nuevas preguntas acerca de lo que parecen ser especies claramente distintas a primera vista.

No es necesario que seamos mamiferólogos para captar que los osos polares y los osos pardos son diferentes. Basta con ver sus pelajes blanco y marrón.

La diferencia de sus colores es resultado de su adaptación al medioambiente. Los osos polares se integran a su hábitat del Ártico, donde cazan focas y otras presas. Los osos pardos se adaptaron a la vida en los ecosistemas terrestres más hacia el sur. Las diferencias son tan grandes que los paleontólogos pueden distinguir los fósiles de ambas especies que datan de cientos de miles de años atrás.

Sin embargo, el ADN que hay dentro de esos antiguos huesos revela una historia asombrosa de entrecruzamiento entre los osos polares y los pardos. Después de que se dividieron las dos estirpes hace aproximadamente medio millón de años, intercambiaron ADN durante miles de años. Luego se diferenciaron más, pero aproximadamente hace 120.000 años, experimentaron otro intercambio de genes extraordinario.

Hace entre 10.000 y 25.000 años, los osos se aparearon en varios puntos de su rango de distribución. Estos intercambios han dejado una huella importante: cerca del diez por ciento del ADN de los osos pardos procede de los osos polares.

Beth Shapiro, una paleogenetista de la Universidad de California, campus Santa Cruz, mencionó que lo más probable es que el entrecruzamiento ocurriera cuando las fluctuaciones del clima obligaron a los osos polares a descender del Ártico y entrar al territorio de los osos pardos.

Pero el intercambio de ADN no hizo que la diferencia entre los osos se fusionara en una sola especie. Algunos de los rasgos que benefician a los osos polares en su propio entorno pueden convertirse en un lastre para los osos pardos y viceversa.

“Es evidente que requieren estrategias diferentes para gestionar su conservación”, señaló Shapiro. “A mí se me hace lógico considerarlas especies distintas”.

Las imprecisiones sobre lo que constituye una especie han hecho que los taxonomistas sigan teniendo innumerables controversias. Por ejemplo, diferentes grupos de ornitólogos han creado sus propias listas de todas las especies de aves que hay en la Tierra, mismas que casi siempre entran en conflictos.

Incluso una especie tan común como la lechuza blanca —que se encuentra en todos los continentes, excepto en el continente antártico y en algunas islas remotas— es motivo de desacuerdo.

El grupo conservacionista BirdLife International reconoce a la lechuza blanca como una especie, la “Tyto alba”, que vive en todo el mundo. Pero otro inventario de prestigio, llamado Clements Checklist of Birds of the World, selecciona las lechuzas blancas que viven en un archipiélago del océano Índico como una especie propia, “Tyto deroepstorffi”. Uno más agrupa a las lechuzas blancas de Australia y Nueva Guinea como “Tyto delicatula”. Y un cuarto inventario divide la “Tyto alba” en cuatro especies, cada una de las cuales abarca su propio amplio sector del planeta.

Algunos ornitólogos están intentando resolver estas controversias mediante un método poco sofisticado: la votación.

En 2021, la Unión Ornitológica Internacional formó un grupo de trabajo para sustituir con un solo catálogo las cuatro listas principales de verificación de aves. Nueve especialistas están revisando las listas y votando por más de 11.000 especies posibles.

“Los debates pueden llegar a ser muy acalorados”, explicó Leslie Christidis, presidente del grupo. Algunos de los especialistas tienden a agrupar algunas especies mientras que otros las separan. “Estamos tratando de llegar a una solución pacífica”.

c.2024 The New York Times Company