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Todo se detuvo, sólo hubo miedo y tensión en Guerrero

CHILPANCINGO, Gro., enero 23 (EL UNIVERSAL).- Tensión y miedo son palabras con las que los taxqueños tratan de explicar lo que está sucediendo en su ciudad.

Este lunes, Taxco amaneció con su cotidianidad dislocada, rota. El miedo y la tensión vaciaron las calles, casi paralizan el comercio, esfumaron los taxis y combis, y ausentaron a los estudiantes de las escuelas. Ningún colegio abrió.

Taxco amaneció casi vacío. Las personas decidieron replegarse, guardarse en sus casas hasta que baje la tensión.

"Todo está quieto", dice un poblador para describir la ausencia del bullicio de las escuelas y del transporte público. Este lunes en Taxco no hubo horas pico. No hubo tránsito, fue una ciudad tranquila, pero con miedo.

Desde la noche del domingo decenas de escuelas de distintos niveles educativos anunciaron que suspendían las clases.

Todas utilizaron este eufemismo: "la falta de transporte", pero en realidad es por la violencia y porque nadie quiere quedar en medio de una balacera o ser el "daño colateral" del próximo ataque.

Taxco desde hace unos años se convirtió en una ciudad donde los asesinatos, las desapariciones, las extorsiones ocurren todos los días, donde todos lo saben, pero todos, por seguridad, por miedo, prefieren callar.

Y que un lunes esté quieto no es normal en Taxco; el lunes es día de plaza. Después de los fines de semana, cuando los habitantes de este municipio atienden a los turistas, es en La Garita donde los propios taxqueños instalan una especie de tianguis al que acuden a surtir la despensa de la semana.

Sin embargo, este lunes no fue así, algunos comerciantes se instalaron y muy pocos compradores llegaron durante la mañana.

En La Garita no hubo gritos, no hubo movimiento.

Ante la ausencia de compradores, desde muy temprano, en redes sociales, los comerciantes ofrecieron sus productos a domicilio.

Eso ocurrió en todos lados, en las tiendas de autoservicio se vieron más empleados que clientes. La gente se decidió por el encierro.

Los pocos que optaron por salir tuvieron que caminar, no hubo un taxi, una combi para trasladarse.

Desde el sábado, los taxis y las combis comenzaron a desaparecer. En redes sociales, los transportistas denunciaron que la organización criminal La Familia Michoacana los obliga a trabajar para que sean sus vigilantes, mientras que otra, Los Tlacos y sus aliados, los presionan para suspender el servicio.

La noche del pasado sábado fue determinante. En pleno centro, en la calle Benito Juárez, en el barrio Chavarrieta, hombres armados asesinaron al chofer de una combi. Una mujer, turista al parecer, quedó herida por las balas.

Desde entonces, todos los taxqueños optaron por el encierro. El domingo no hubo ningún vehículo del transporte público y, ayer, casi toda la ciudad se paralizó.

El transporte que va a las comunidades también fue suspendido, y a los habitantes de esos pueblos les fue mal: caminaron y caminaron, y otros se quedaron varados.

Al respecto, el gobierno de Guerrero dijo que implementó una operación de vigilancia en Taxco para garantizar la seguridad, pero eso mismo dijo en Acapulco y el puerto lleva 12 días con un servicio parcial.