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Las cinco claves del discurso de Joe Biden sobre el Estado de la Unión ante el Congreso de EE.UU.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pronuncia el discurso sobre el estado de la Unión en la Cámara de Representantes del Capitolio de Estados Unidos
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pronuncia el discurso sobre el estado de la Unión en la Cámara de Representantes del Capitolio de Estados Unidos - Créditos: @SHAWN THEW

WASHINGTON.- El discurso sobre el Estado de la Unión del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, produjo anoche uno de esos momentos que alteran la conversación política. Por primera vez este año, Biden gozó de la atención plena del público, los medios y todo el arco político, incluido su rival, Donald Trump. El presidente buscó capitalizar al máximo cada uno de los 67 minutos que usó para dar su mensaje para marcar un claro contraste con Trump de cara a la elección del 5 de noviembre y dar vuelta el debate sobre su gobierno, y sobre él mismo. Y, a juzgar por las primeras reacciones a su discurso, lo logró.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pronuncia el discurso sobre el estado de la Unión en la Cámara de Representantes
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pronuncia el discurso sobre el estado de la Unión en la Cámara de Representantes - Créditos: @MANDEL NGAN

Misión cumplida

Biden llegaba al Congreso con una mochila pesada sobre sus hombros. Su vejez y los cuestionamientos a su agudeza mental, su fragilidad física y su capacidad para liderar al país se apilaron en los últimos meses. Y su impopularidad –peor incluso que la de Trump– empeoró. Ningún otro presidente moderno arrancó su campaña en busca de su reelección con una aprobación a su gestión tan baja como la de Biden. Con ese trasfondo, la atención estaba puesta más en la imagen que dejaría Biden, en cómo se lo vería desde el atril, y no tanto en sus palabras.

Y Biden respondió con holgura: se mostró enérgico –“ferviente”, tituló el Washington Post–, combativo, y rápido de reflejos en los ida y vuelta que tuvo con la bancada republicana, incluso en el tema más caliente, la crisis en la frontera con México, el tema favorito de la oposición para machacarlo. No solo no le rehuyó a la confrontación con los republicanos: la buscó, y nunca tropezó. Cuando todo terminó y las luces apagaron, la vejez y la aparente fragilidad quedaron en un segundo plano.

“Joe Biden estaba enojado, amargado, estuvo gritando toda la noche. Fue radical y extremista, completamente desconectado del pueblo estadounidense”, lo describió el senador republicano Ted Cruz. Nunca dijo “débil”.

La performance de Biden le dio oxígeno a la confianza de los demócratas en su candidato, y ratificó un rasgo del mandatario: en los momentos que importan, dice presente. Biden llegó al Congreso contra las cuerdas, y salió contragolpeando una y otra vez.

“Mi predecesor”

Trump fue el pilar central del discurso de Biden, aunque nunca lo nombró. “Mi predecesor”, repitió Biden 13 veces. El objetivo era nítido: marcar de manera inconfundible las diferencias con quien será nuevamente su rival en la próxima elección presidencial. Lo hizo al hablar de Ucrania, el aborto, el ataque trumpista al Congreso del 6 de enero de 2021, la gestión de la pandemia –Biden dijo que Trump no cumplió con su deber más básico, “preocuparse por el pueblo norteamericano”–, la defensa de la producción nacional, la salud, las armas, la crisis en la frontera, la inmigración, China, y, finalmente, la identidad del país.

La representante republicana de Georgia, Marjorie Taylor Greene, le grita al presidente estadounidense Joe Biden mientras pronuncia su tercer discurso sobre el estado de la Unión
La representante republicana de Georgia, Marjorie Taylor Greene, le grita al presidente estadounidense Joe Biden mientras pronuncia su tercer discurso sobre el estado de la Unión - Créditos: @SHAWN THEW

“Mi vida me ha enseñado a abrazar la libertad y la democracia. Un futuro basado en los valores fundamentales que han definido a Estados Unidos. Honestidad. Decencia. Dignidad. Igualdad”, enumeró Biden. “El problema que enfrenta nuestra nación no es la edad que tenemos, sino la edad de nuestras ideas. El odio, la ira, la venganza y la retribución se encuentran entre las ideas más antiguas. Pero no se puede liderar a Estados Unidos con ideas antiguas que sólo nos hacen retroceder”, distinguió.

Con cada tema, Biden buscó acorralar a los republicanos y a Trump: los acusó de entregarle Ucrania a Putin, de cruzarse de manos con la crisis en la frontera y usarla para gana, o de querer quitarle derechos a las mujeres. Y también de querer “enterrar” la verdad sobre el ataque al Congreso. “Este es el momento de decir la verdad y enterrar las mentiras”, les dijo.

“Y aquí está la verdad más simple. No puedes amar a tu país sólo cuando ganas”, remató.

Es “Bidenomics”, estúpido

Dos datos, uno previo y otro posterior al discurso, reafirmaron la salud de la economía norteamericana: el índice S&P 500 de Wall Street, el más amplio de la bolsa de valores de Nueva York, marcó este jueves un récord, y la economía creó 275.000 empleos en febrero, manteniendo el desempleo debajo del 4%, un piso histórico para el último medio siglo. Pero Biden, a diferencia algunos de sus antecesores demócratas, no ha logrado trasladar el buen desempeño de la economía a su popularidad, y los norteamericanos recién parecen estar comenzando a percibir la bonanza.

Biden insistió en venderle “Bidenomics” al resto del país con su discurso, un nuevo intento por adueñarse de una recuperación económica que sus asesores definen como la mejor del último medio siglo, y el propio Biden tildó de “la envidia del mundo”.

“No sale en las noticias, pero en miles de ciudades y pueblos, el pueblo estadounidense está escribiendo la historia de la recuperación más grande nunca contada. Así que contemos esa historia aquí y ahora. El resurgimiento de Estados Unidos está construyendo un futuro de posibilidades, construyendo una economía desde el centro hacia afuera y desde abajo hacia arriba, no desde arriba hacia abajo, invirtiendo en todo Estados Unidos, en todos los estadounidenses, para asegurarnos de que todos tengan una oportunidad justa y no dejemos a nadie atrás”, describió el mandatario.

Ucrania, antes que Israel

Atípico para un discurso del Estado de la Unión, Biden arrancó con un tema de política exterior: la guerra en Ucrania. Y lo hizo con un doble propósito: alertar que la libertad y la democracia están en peligro, fuera y dentro de las fronteras de Estados Unidos, y enrostrarle a Trump y al Partido Republicano su respaldo tácito al presidente ruso, Vladimir Putin.

“Desde el presidente Lincoln y la Guerra Civil, la libertad y la democracia no habían estado tan atacadas aquí en casa como lo están hoy. Lo que hace que nuestro momento sea raro es que la libertad y la democracia están siendo atacadas, tanto en el país como en el extranjero, al mismo tiempo”, dijo, y luego lanzó: “No hace mucho tiempo, cuando un presidente republicano, Ronald Reagan, gritó: ‘Sr. Gorbachov, derribe este muro’. Ahora, mi predecesor, un expresidente republicano, le dice a Putin: ‘Hacé lo que quieras’”.

Mucho más espinoso para Biden y los demócratas, el conflicto en Medio Oriente entre Israel y Hamas quedó bastante más relegado en su mensaje. El respaldo de Biden a Israel le ha costado una porción de respaldo en su coalición, algo que quedó en evidencia en las protestas en reclamo de un alto al fuego que se vieron en Washington, incluso fuera de la Casa Blanca, antes y durante el mensaje del mandatario.

Una protesta pro-palestina afuera del Capitolio
Una protesta pro-palestina afuera del Capitolio - Créditos: @KENT NISHIMURA

¿Alcanza con un discurso?

Las reacciones al discurso de Biden marcaron que el presidente logró, al menos, torcer la conversación. Su vejez, su aparente fragilidad, quedaron de momento relegadas. Por el contrario, los republicanos le criticaron que se mostró muy enojado, demasiado partidista. El discurso de Biden sirvió para marcar su tono de campaña. Biden pasó a la ofensiva, y lo hizo en todos los frentes, convencido, al menos según el tamiz de sus palabras, de que su presidencia lleva al país por el camino correcto. No es lo que piensan los norteamericanos, según las encuestas.

Joe Biden, durante su discurso
Joe Biden, durante su discurso - Créditos: @Shawn Thew

Resta ver si el discurso del Estados de la Unión –el Superbowl de los mensajes políticos en la jerga norteamericana– se convierte en un punto de quiebre en la campaña y abre un repunte de la popularidad de Biden, quien aparece relegado respecto de Trump en las encuestas, o si, con el paso del tiempo, pasa al olvido como otro mensaje más. El electorado suele tener mala memoria, y faltan ocho meses para la elección presidencial.