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Chivas y su histórica noche contra el América: revivió El Clásico y, de paso, al futbol mexicano

Chivas festejando su victoria sobre América en el Estadio Azteca por las Semifinales de la Liga MX. (Mauricio Salas/Jam Media/Getty Images)
Chivas festejando su victoria sobre América en el Estadio Azteca por las Semifinales de la Liga MX. (Mauricio Salas/Jam Media/Getty Images)

No era lo mismo de siempre. Chivas modificó su ADN en una noche histórica que hoy es el tema de conversación en cualquier rincón del país y, cuando envejezca, lo seguirá siendo porque se acudirá a ella como la escritura sagrada que cambió lo que ya estaba dicho, lo que se suponía era inalterable. El gol de Diego Valdés, a los 57 del segundo tiempo, construía el guion que cualquiera podía anticipar: América no cae en su casa, porque es el único equipo diseñado para la grandeza. La mística jugaba de su lado, como en tantas fechas gloriosas que dan razón de ser a su grandilocuencia mediática y futbolística.

Pero Chivas, dirigidos por un entrenador que creció en la crudeza de la guerra balcánica, como lo es Veljko Paunović, no disminuyó la temperatura de su futbol. Si habían encontrado el primer gol con una mezcla de futbol y empuje, con la magia de un Roberto Alvarado irreconocible y el empuje de Ronaldo Cisneros —que provocó el autogol de Cáceres—, no tenían ninguna pista que guardarse. Ahí donde cualquier otra versión de Chivas hubiera decaído, con los pretextos del arbitraje ya en la mochila, esta edición rebelde y valiente del Rebaño no iba a morir gratuitamente.

Tenía que ser Alan Mozo. Él siente la rivalidad con el América en las venas, porque surgió de Pumas y porque con esa camiseta ya había demostrado que el Azteca no lo intimidaba. Con un zapatazo de vitrina elevó la pasión del Clásico al máximo, un Clásico que hace tiempo venía confirmándose como decadente y predecible, y ahora se ha revitalizado —lo de ayer abre un nuevo capítulo, para bien del futbol nacional, que necesita de sus dos equipos más ilustres—. No importó el gol (bien) anulado a Ronaldo Cisneros. Algo había en la sangre de Chivas, un gen perdido en algún momento, pero que siempre les ha pertenecido, por algo habían eliminado al América en otras semifinales de culto, cuarenta años atrás y, por algún motivo, fueron el primer equipo grande del futbol mexicano.

La expulsión de Álvaro Fidalgo, por una entrada incomprensible sobre Beltrán, le había abierto el mar a la visita que no era visita: en Ciudad de México, Chivas se siente como en casa. Y el guion comenzó a diferenciarse de lo tantas veces visto con cada amenaza, cada instrucción de Paunović desde el banco. El área del América empezó a recibir centros a mansalva y lo peor, para ellos, era que esta vez ningún escritor les estaba haciendo el favor. Les hacía falta un central como el que tenían enfrente, Antonio Briseño, que despejó todos los balones del América la noche entera. Todavía no caía el gol clave y la historia estaba tomando un vuelco épico: Chivas mandaba en el Azteca.

Ya sin aire para buscar un gol más, Fernando Ortiz ordenó que su equipo hiciera lo que peor había hecho durante todo el partido: defender su área. Y con Chivas desbordado al ataque, pasó lo que no tenía que pasar, lo que tantas veces habría evitado el América y su aura de equipo que gana porque gana. Jesús Orozco Chiquete encontró el remate perfecto, el que dobló todos tópicos, y consagró con ese cabezazo una gesta que tuvo efectos primarios y secundarios: revivió un clásico adormilado, a un futbol mexicano deprimido desde Qatar 2022; y acabó con el miedo escénico de Chivas cuando veía el amarillo, a la vez que exhibió la cara más raquítica y pusilánime del América.

Chivas jugó como, en teoría, debería jugar siempre, más allá de la derrota o la victoria. Como no lo hacía desde hace seis años, cuando los dirigía Matías Almeyda. Y otra vez han encontrado esa comunión en un técnico que sabe tanto de futbol como de motivación. Paunovic tiene a Chivas en la Final de la Liga MX en su primer torneo. El rival será Tigres, el mismo del último título rojiblanco. Hay reminiscencias de aquellos días, pero también hay cuentas pendientes. Chivas quiere volver a la cima que su historia siempre le demanda; Tigres, inaugurar una nueva era y cobrar venganza. Todo está puesto para un manjar servido después de una noche dominical que no será olvidada jamás, que deberá ser honrada cuando los héroes sean exjugadores. Chivas volvió a ser Chivas.

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