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Chivas y su eliminación digna: lo mínimo que se les puede pedir ante la paternidad del América

Chivas ganó 3-2 al América, pero perdió el global y quedó fuera de la Concachampions. (Mauricio Salas/Jam Media/Getty Images)
Chivas ganó 3-2 al América, pero perdió el global y quedó fuera de la Concachampions. (Mauricio Salas/Jam Media/Getty Images)

Chivas ganó un partido que no sirvió de mucho en términos prácticos. El boleto fue para el América con un global de 5-3. En la Ida, la semana pasada en el Akron, Las Águilas habían dejado prácticamente definida la serie. Ganaron 3-0 con una exhibición completa de su mejor futbol. No era un trámite y lo sabían. Fue por eso que André Jardine cuidó a su equipo principal para este partido y el sábado alineó a un once alterno contra Tigres. Había que sellar el pase y Chivas, si quería pensar en el futuro, tenía que mostrar dignidad.

Lo hizo. Dicen que en el futbol hay que "morirse de algo" cuando el escenario ya es tétrico: hay que irse con la cabeza en alto. Más allá de ese tópico, el equipo de Fernando Gago salió a jugar con una actitud y futbol muy diferentes. América sufrió para encontrarse con el balón, el contexto en el que más cómodo se siente dentro del campo. Los goles de Cade Cowell y Ricardo Marín encendieron la esperanza rojiblanca durante el primer tiempo.

Fueron dos bofetadas que apuntaban al milagro, uno que ya Chivas consiguió en el Azteca el año pasado cuando eliminó a los azulcrema, con remontada, en las Semifinales del Clausura 2023. Pero el tiempo ha definido el carácter de ambos equipos desde aquel capítulo. El Guadalajara perdió el título en casa y vive de crisis en crisis. América fue campeón al torneo siguiente y hoy tiene una hegemonía no sólo sobre Chivas sino sobre todo el futbol mexicano. Es así el momento actual: todos contra el América.

Porque se trata de un equipo capaz de reaccionar en el momento indicado y que genera peligro hasta cuando aparenta estar en aprietos. Si el primer tiempo había puesto sobre le mesa el riesgo de perder la ventaja global, bastaron quince minutos de inspiración para inclinar la balanza de nuevo. Un autogol de Alan Mozo y un tanto de Alejandro Zendejas, especialista en brillar contra Chivas, sentenciaron de nuevo la serie. Hubo una reacción más tapatía, por obra de Roberto Alvarado, con un cabezazo que sirvió para ganar el partido, pero perder la serie, al menos con dignidad, lo que se le debe pedir a este club en un clásico.

Y falta otro clásico más el próximo sábado. Para Chivas, la película no tiene salida: si pierden, el dominio americanista no hará sino alargarse otro partido más, y si ganan, quedará la mancha de la serie de Concachampions. El camino, sin embargo, debe trazarse ya a partir de lo que mostraron en el Azteca: pueden competir y, con estos mismos jugadores, mostrar un nivel mucho mayor del que se ha visto hasta ahora. La pregunta es sencilla: ¿por qué no juegan así siempre? Y tiene una respuesta comprensible: porque no todos los partidos son un clásico y no siempre les pegan en el orgullo.

Chivas se sintió agraviado y mostró otra cara. Aunque, al final del partido, prefirió dar patadas en lugar de buscar un gol más que le diera tinte dramático al cierre del encuentro. El saldo en los últimos diez partidos es abrumador: seis triunfos para Las Águilas, apenas dos para Chivas y dos empates. La brecha se hace más grande porque Chivas está constantemente sumido en crisis. América las ha tenido, pero siempre las supera y cumple con su historia: regresa todavía más fuerte que antes. Es una gran diferencia entre ambos. Chivas se lleva el consuelo de perder con dignidad y de saber que tiene, incluso con sus limitaciones, un plantel para competir de otro modo.

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