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Tras algunos brotes de sarampión, los científicos temen que resurja la amenaza

Una clínica de vacunación efímera en Wolverhampton, Inglaterra, el 16 de febrero de 2024. (Andrew Testa/The New York Times)
Una clínica de vacunación efímera en Wolverhampton, Inglaterra, el 16 de febrero de 2024. (Andrew Testa/The New York Times)

El sarampión, una enfermedad muy contagiosa pero prevenible, está reapareciendo en algunas áreas de Estados Unidos, lo que parece ser una advertencia de los peligros del movimiento antivacunas que está cobrando fuerza.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) han registrado más casos este año que los 58 contabilizados en todo 2023, aunque no está previsto que esta agencia publique las cifras exactas antes del viernes. El lunes, la agencia recomendó a los profesionales de la salud que procuraran que los pacientes no vacunados, sobre todo los que realizan viajes internacionales, mantuvieran actualizadas sus vacunas.

Es probable que la cantidad de casos siga aumentando debido a un fuerte repunte de sarampión en todo el mundo, así como por los viajes de primavera a algunas regiones que han tenido brotes, entre ellas el Reino Unido, señaló Manisha Patel, directora médica de la división de enfermedades respiratorias de los CDC.

Hasta ahora, casi todos los casos en Estados Unidos se relacionan con viajeros sin vacunar. “No veremos casos de sarampión generalizados por todo el país”, señaló Patel, “pero sí tenemos previsto que haya más casos y brotes”.

El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas que hay; cada persona infectada puede transmitirles el virus hasta a dieciocho personas más. El virus se transmite por medio del aire y puede quedarse ahí hasta por dos horas después de que la persona contagiada haya salido de la habitación, lo que hace que se propague con rapidez por las casas, las escuelas y las guarderías.

En Chicago, un caso de sarampión dentro de un refugio para migrantes se convirtió en trece, lo cual hizo que los CDC enviaran a un equipo para ayudar a contener el brote. (Parece que hay otros dos casos en esa ciudad que no están relacionados).

Una vacuna triple (sarampión, paperas y rubéola), o MMR, por su sigla en inglés, lista para administrarse en un bachillerato de Portland, Oregón, el 16 de febrero de 2019. (Alisha Jucevic/The New York Times)
Una vacuna triple (sarampión, paperas y rubéola), o MMR, por su sigla en inglés, lista para administrarse en un bachillerato de Portland, Oregón, el 16 de febrero de 2019. (Alisha Jucevic/The New York Times)

En Florida, siete alumnos de una escuela primaria contrajeron sarampión aun cuando el director de sanidad del estado, Joseph Ladapo, dejó que los padres decidieran si sus hijos no vacunados deberían asistir a la escuela.

En el suroeste de Washington, las autoridades detectaron sarampión en seis integrantes no vacunados de una familia que vivían en dos condados. Y en Arizona, un viajero internacional infectado con sarampión que cenó en un restaurante les transmitió el virus al menos a otras dos personas.

En Estados Unidos, se erradicó el sarampión en el año 2000 y, en general, para que los niños estadounidenses puedan asistir a la escuela es obligatorio vacunarlos. Sin embargo, cada pocos años, algunos casos esporádicos ocasionan brotes más grandes. Pero ahora, un descenso en las tasas de vacunación, agravado por la pandemia del coronavirus, ha hecho que a los especialistas les inquiete su reaparición.

Cuando hay un rezago de vacunación, “la primera enfermedad en aparecer, debido a su alta virulencia, es el sarampión”, comentó Saad Omer, decano de la Escuela de Salud Pública O’Donnell en el Centro Médico U. T. Southwestern, en Dallas.

De acuerdo con los CDC, nueve de cada diez personas sin vacunar que están en contacto cercano con algún enfermo de sarampión contraerán la infección.

El sarampión es mucho menos mortal en los países que cuentan con tasas de vacunación elevadas y una buena atención médica. Menos de tres de cada mil niños estadounidenses con sarampión mueren como consecuencia de complicaciones graves como la neumonía o la encefalitis, una inflamación del cerebro.

No obstante, aproximadamente una de cada cinco personas con sarampión termina hospitalizada.

Debido a que los brotes generalizados de sarampión han sido poco comunes, es posible que la mayoría de los estadounidenses, entre ellos los médicos, no reconozcan el sarpullido rojo intenso que acompaña a los síntomas respiratorios de una infección de sarampión. Tal vez hayan olvidado el impacto de la enfermedad en la gente y las comunidades.

“La mayor parte de la gente que trabaja en nuestros departamentos de salud a nivel local nunca ha visto un brote de sarampión”, comentó Christine Hahn, investigadora de salud pública a nivel estatal en Idaho, estado que contuvo un puñado de casos el año pasado.

“Si llegáramos a tener algún otro brote, para nosotros va a ser un gran reto responder a él”, comentó Hahn.

Antes de que se introdujera la primera vacuna contra el sarampión en la década de 1960, esta enfermedad era responsable de la muerte de cerca de 2,6 millones de personas en todo el mundo cada año. Pero es posible que su impacto total haya sido mucho mayor.

El sarampión debilita el sistema inmunitario y permite que otros patógenos entren fácilmente al cuerpo. Un estudio de 2015 reveló que quizás el sarampión haya representado hasta la mitad de todos los fallecimientos infantiles por enfermedades infecciosas.

Durante más o menos un mes después de una enfermedad grave de sarampión, este puede afectar la primera respuesta del cuerpo a otros virus y bacterias, señaló Michael Mina, director científico de la empresa de salud digital eMed y exinvestigador de salud pública en la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de la Universidad de Harvard.

Eso hace que los pacientes sean “muy susceptibles a contraer neumonías bacterianas y otras enfermedades”, señaló Mina, quien fue el autor principal del estudio de 2015.

“En esas primeras semanas posteriores al sarampión, los pacientes tienen muchos riesgos”, añadió.

El virus también produce una especie de amnesia del sistema inmunitario. El cuerpo casi siempre “recuerda” los virus y las bacterias que ha combatido con anterioridad. En 2019, Mina y sus colegas demostraron que los pacientes con sarampión pierden entre el 11 y el 73 por ciento de su repertorio inmunitario ganado a pulso, una pérdida que puede prolongarse por muchos años.

Eso no significa que el cuerpo ya no reconozca esos patógenos en absoluto, pero sí disminuye el arsenal de armas disponibles para combatirlos.

“Las personas deben saber que si deciden no vacunarse, esa es la situación en la que se están poniendo ellas mismas y a su familia”, comentó Mina.

Los CDC recomiendan que la primera dosis de la vacuna contra el sarampión se administre después de los 12 meses y la segunda entre los 4 y 6 años. Incluso una sola dosis de la vacuna tiene un 93 por ciento de eficacia. Según la Organización Mundial de la Salud, la vacuna contra el sarampión evitó la muerte de 56 millones de personas entre 2000 y 2021.

Aunque tal vez sean altas las tasas de vacunación a nivel nacional y estatal, puede que haya áreas de baja inmunización que enciendan la mecha del virus del sarampión, señaló Omer.

Si hay suficientes casos de personas no vacunadas como para mantener un brote, se vuelven vulnerables incluso las personas vacunadas, pero cuya inmunidad tal vez ya haya disminuido, explicó.

En septiembre de 2018, un niño sin vacunar regresó a Nueva York procedente de Israel, de donde transportó el virus del sarampión que contrajo durante un brote en ese país.

Pese a que la ciudad mantiene tasas elevadas de vacunación, ese único caso desencadenó un brote que se prolongó durante casi diez meses, el más largo del país en varias décadas. La ciudad declaró una emergencia de salud pública por primera vez en más de 100 años.

Junto con el trabajo de los líderes comunitarios, las autoridades de la ciudad administraron a toda prisa 200.000 dosis de la vacuna. Más de 550 miembros del personal de la ciudad participaron en la respuesta y el costo final para el departamento de salud de la ciudad superó los 8 millones de dólares.

Los CDC están trabajando con los departamentos de salud estatales y locales para identificar áreas de baja vacunación y prepararlas para los brotes, mencionó Patel. La agencia también está capacitando a los profesionales de la salud para que identifiquen los síntomas del sarampión, sobre todo en pacientes que han realizado viajes internacionales.

El sarampión es un adversario escurridizo, pero la salud pública conoce muy bien las herramientas que se necesitan para contenerlo: exámenes, rastreo de los contactos y vacunación para las personas vulnerables.

“No somos unos espectadores desamparados”, comentó Omer. “Tenemos que concentrarnos en las cuestiones básicas de la salud pública”.

c.2024 The New York Times Company