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La Brillante Trayectoria de Peter Sagan, ¿Un Legado Inconcluso?

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La Brillante Trayectoria de Peter SaganJames Rajotte

Mientras el oscuro Mediterráneo se estrella frente al hotel español de su equipo de TotalEnergies, Peter Sagan se sienta y bebe una taza de té. Hay patas de gallo alrededor de sus sonrientes ojos azules. El final está cerca y él lo sabe. En su último campamento de entrenamiento de invierno, las mañanas se pasan bebiendo cafés de máquina de espresso en tazas de cartón antes de sacudir sus pantorrillas esculpidas y rodar hacia el horizonte. Por las noches, juega billar y pasa el rato con sus compañeros de equipo. Vestido con su polo azul marino, podría verse igual que ellos desde la distancia, pero todos saben que Sagan es diferente.

En un período difícil para el ciclismo de ruta profesional—cuando los escándalos de dopaje mancharon la reputación del deporte—Sagan fue el animador que le dio vida de nuevo. Sabe abarcar todos los géneros: es un excelente sprinter, un buen escalador en colinas de menos de cinco kilómetros, un gregario endemoniado en los descensos, un experto sobre adoquines y uno de los ciclistas más hábiles del pelotón. En su apogeo, esto significaba que podía competir contra Fabian Cancellara y Tom Boonen en las carreras adoquinadas, vencer a Mark Cavendish y Marcel Kittel en los sprints e incluso enfrentarse con escaladores como Chris Froome en escapadas, a la vez que anima a la multitud.

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Su consistencia fue imbatible en la competición de puntos del Tour de Francia entre 2012 y 2019. Sus victorias (121 en total, incluidos tres títulos mundiales, París-Roubaix y el Tour de Flandes), además de su colorida personalidad, aseguran su leyenda. Parecía que nunca dejaría de ganar—o de madurar. Pero ni siquiera Sagan puede vencer al tiempo. A medida que la superestrella eslovaca se retira de las carreras en ruta, Bicycling muestra al hombre detrás de las victorias, su carrera y cómo transformó el ciclismo.

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Sagan rápidamente minimiza sus extraordinarias habilidades. “Soy un ciclista general en el sentido de que voy lento por todas partes”, dice, ofreciendo un firme apretón de manos antes de sentarse en su silla. “No soy un escalador. No soy un sprinter, ¿sabes?” Pero alguien que no es sprinter no gana el maillot verde siete veces o 12 etapas del Tour de Francia, le respondo.

“Bueno, también [a veces] gané el maillot verde sin ganar una etapa. Porque logré obtener los puntos donde era imposible para los sprinters, por eso soy un ciclista general”, dice, agregando a su tema. “No soy el mejor en ninguna disciplina. No soy un contrarrelojista, no soy un escalador, no soy un sprinter. Tal vez soy bueno en los descensos”.

Sagan es residente del paraíso fiscal de Mónaco. Pero la ciudad eslovaca de Žilina es el lugar que lo formó. Es una ciudad encrucijada en el extremo norte del país, cerca del centro de Europa. Chequia y Polonia están a poca distancia. Las ruinas de un castillo del siglo XIII se aferran a los acantilados cercanos y las casas barrocas de colores brillantes rodean la plaza principal adoquinada, una composición y paleta de colores que se sienten como el escenario de una película de Wes Anderson. En mi visita, todo el pueblo parece estar afuera, charlando y bebiendo copas de vino caliente humeante en el mercado navideño, a pocos pasos de las escaleras las cuales Sagan bajaba en su bicicleta cuando era adolescente.

Sagan nació en enero de 1990, cuatro semanas después de que las protestas pacíficas se extendieran por Checoslovaquia y señalaran el final del régimen comunista y la disolución del país, por lo cual es un hijo de la Revolución de Terciopelo. Es el menor de cuatro hijos de L’ubomír Sagan y Helena Saganová, y creció en una pequeña casa en una calle sin salida en el suburbio sur de Bôrik. Su abuela también vivía con ellos; la casa fue ampliada para acomodar a los siete. Durante la mayor parte de la infancia de Peter, compartió una habitación con su hermano Juraj, que era 13 meses mayor. El hermano mayor, Milan, soñaba con jugar al hockey sobre hielo, pero la familia no se lo permitió. “Él siempre nos empujó a ser mejores, a competir al más alto nivel”, dice Juraj sobre Milán. “Nos decía ‘Yo no tuve esta oportunidad, así que hermanos, tienen que hacerlo’”.

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Peter Sagan fotografiado en la costa Calpe, España, en Enero 2023, luego de su último campamento de entrenamiento con su equipo TotalEnergies.James Rajotte

La familia tenía una pequeña bodega antes de comprar un par de pizzerías en Žilina. Juraj y Peter ponían la masa en el horno y hacían rondas entregando folletos promocionales; Peter dijo una vez que si dejaba de ganar, se convertiría en repartidor de pizzas. Fue Juraj quien intentó montar en bicicleta por primera vez después de que su tía Marta preguntara en el club local, CyS Žilina. En ese momento, Peter estaba incursionando en el fútbol, pero pronto lo seguiría. Donde Juraj iba, a menudo le seguía su hermano menor.

Uno de sus primeros entrenadores, Peter Zánický, a quien respetuosamente Sagan todavía llama tréner (entrenador), tiene una foto descolorida del club en su garaje repleto de recuerdos. Los dos niños, pequeños y pálidos, están en la primera fila con sus camisetas amarillas y verdes. Zánický recuerda haber llevado a los jóvenes del club a una sesión de entrenamiento en el boscoso Lesopark de Žilina. En el sendero, se encontraban un par de árboles con apenas un metro de margen entre ellos. Maniobrar entre sus troncos era inconcebible para Zánický, quien sugirió que el grupo tomara otro camino. De repente, Peter bajó a toda velocidad. Zánický grita cuando cuenta la historia, como si reviviera el pánico que sintió. Pero su pupilo logró maniobrar su volante sin problemas entre los árboles. “Sin miedo”, dice Zánický.

Sagan tenía un carácter que hacía juego con su osadía. Durante una de sus primeras carreras, un evento de bicicleta de montaña de la Copa Eslovaca en 1999, Zánický lo vio llorando al comienzo de la carrera, cuando el grupo lo dejó atrás. Se había estrellado y pensó que la carrera había terminado para él. Zánický le ofreció algunas palabras de aliento, y Peter, sollozo, continuó rodando hasta alcanzar al grupo. Al final, saltó en la última curva y arrebató una estrecha victoria. “Y luego me di cuenta de que Peter tiene el corazón de un ganador”, dice Zánický. “Es un bulldog”.

Al ver que sobresalían sobre dos ruedas, los hermanos Sagan asistieron a la escuela deportiva local junto con un amigo, Michael Kolář; los tres competirían juntos en el WorldTour. Sin embargo, la llegada de una impresora a la casa de los Sagan casi lo fastidia todo. Esto significaba que Sagan y Kolář podían fabricar permisos de ausencia firmadas por un entrenador ficticio. “[Las notas] decían que estábamos en un campamento de entrenamiento o cosas así”, dice Kolář. “En realidad, estábamos sentados en la habitación de Peter jugando a PlayStation”.

En su adolescencia, Juraj estaba más obsesionado con el deporte que su hermano menor. Leía revistas de ciclismo, iba a la casa de un amigo a ver el Tour de Francia y los animaba a entrenar. Él ha sido un punto de referencia de toda la vida para Peter; de 2010 a 2022, competían juntos en los mismos equipos profesionales: Juraj trabajó siempre muy duro hasta su jubilación. “Solo hubo un período en el que comencé a estar un poco celoso”, dice Juraj. “Era más por la técnica de Peter. Era un demente en la bicicleta: hacía saltos locos, [mientras] yo estaba asustado. Para él, fue así”, agrega, haciendo clic con los dedos.

Peter dividió su tiempo entre la pista y los senderos. A los 14 años, llamó a Zánický y le dijo que su carrera en ruta había terminado: quería ser ciclista de downhill. Eso fue hasta que su padre vio una carrera y dijo que podía olvidarse de ello porque no le daría el dinero para una bicicleta.

Mientras tanto, había equipos de ruta que estaban interesados en Sagan, y allí podría ganar más dinero. Comenzó a competir por Europa, tomando su primer avión a los 17 años. “Ahora, las puertas están mucho más abiertas”, dice. “Recuerdo lo difícil que fue para mí aprender italiano e inglés, y mi hijo ya habla francés, inglés y eslovaco”. Cuando su teléfono se ilumina con un nuevo mensaje, muestra una foto de Marlon, de 6 años, como fondo.

Su despedida del ciclismo de montaña a tiempo completo fue en Italia, en el Campeonato Mundial Junior de Ciclismo de Montaña Cross-Country en 2008 en Val di Sole, donde ganó su primer maillot arcoíris. Mientras cruzaba la línea, se volvió hacia el horizonte con una mano en la frente, buscando descaradamente al resto de sus competidores. La bicicleta se había convertido en una extensión de su personalidad, una forma de mostrar su carisma. “En el ciclismo, él siente que tiene que ser gracioso para la gente”, dice Juraj. “Quería hacer siempre cosas buenas por ellos, mostrar el ciclismo de una manera diferente”.

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Hay una cita, popularmente atribuida a Tolstoi, que dice que en la literatura solo hay dos tramas: un hombre en un viaje o un extraño que llega a la ciudad. Cuando Sagan, a los 19 años, se lanzó al mundo del ciclismo internacional, estaba haciendo ambas cosas.

Mientras jugaba distraídamente con el tarro de mermelada que acompaña a su té, Sagan vuelve a recordar diciembre de 2009 en su primer campamento de entrenamiento en la ciudad turística española de Benicàssim, con el equipo italiano líder Liquigas. “Todo era nuevo, y yo era joven. Lo disfruté mucho más”, dice. “No hubo entrevistas, sesiones de fotos ni cosas así. Solo estaba en la bicicleta, y después, la atención se centró en la recuperación. Ahora, es de todo [a] algo”.

Sagan menciona que en aquel entonces no tenía expectativas. Los únicos ciclistas de ruta que conocía eran Lance Armstrong, Jens Voigt, Marco Pantani, Mario Cipollini y su favorito, Jan Ullrich. En su primera carrera profesional, el Tour Down Under 2010 en Australia, se estrelló y recibió 18 puntos de sutura, terminó tercero en una etapa, pero también terminó justo fuera del podio en la etapa que ganó Luis León Sánchez. “Después de Australia, entendí que entre ganar y acabar quinto no hay una brecha tan grande. [Entonces], empecé a creer que podía ganar algunas carreras”, dice.

No tardó mucho en lograrlo. Su amigo y compañero de equipo Daniel Oss recuerda haber encendido la televisión dos meses después para ver al novato poco reconocido a la cabeza, dejando atrás al pelotón en la Etapa 5 de la París-Niza en un ataque tardío. “Ganar con él fue hermoso... como cuando alguien enciende la guitarra eléctrica y dice: ‘Muy bien, esto sí que es rock ’n’ roll’. Todo el mundo está escuchando, pero nadie sabe [qué es]”, dice Oss.

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Peter Sagan escalando delante de sus fans durante la Etapa 14 del Tour de Francia 2018 en el maillot verde, el cual ha ganado en siete ocasiones y mantiene el rércord.Chris Auld

Oss estuvo a su lado en sus primeras tres victorias de etapa del Tour de Francia en 2012 y en el título del maillot verde. Ese debut lanzó a Sagan como un talento excepcional y una personalidad por encima del resto. “Hizo todo con una mentalidad tan ligera, tan suave. Todo fue divertido”, dice Oss. Cuando ganó la primera etapa, hizo el “Baile del pollo” porque tenía una apuesta con amigos en casa, agrega Oss. Y después de otra apuesta y ganar en el maillot verde, Sagan dijo: “Lo hago como Forrest Gump. Cuando me dicen que corra, corro. Cuando me dicen que gane, gano”. Hacía que el ciclismo pareciera un videojuego: haciendo acrobacias, derrapando en las esquinas y recogiendo victorias, moviéndose a través del pelotón como un Pac-Man de dos ruedas—aunque su estilo descarado lo hizo controvertido en el grupo por su hábito de cortar a otros en las esquinas o tomar riesgos innecesarios en los descensos.

Esos primeros años en el kit verde lima de Liquigas fueron impredecibles. Hubo momentos álgidos: una victoria en una extenuante etapa de montaña del Tour de Suiza 2011 y cuatro victorias de etapa consecutivas en el Tour de California en 2012. Y los bajos: el segundo lugar en el Tour de Flandes 2013 se arruinó cuando pellizcó el trasero de una presentadora de podio y por el (merecido) desprecio que vino con esto.

Su prolífica tasa de victorias, más de 50 en sus primeros cuatro años, disimulaba el viaje de desarrollo en el que se encontraba. “Cuando ganas, no aprendes nada”, dice. “Tienes que perder para aprender algo”. Su entrenador de Liquigas, Paolo Slongo, dijo en 2012 que si tenía la maduración y la pérdida de peso adecuadas, podría convertirse en un ciclista de Grandes Vueltas. “Pues, nunca había pensado en eso. Ya estaba haciendo muchos sacrificios por el ciclismo. ¿Por qué cambiar algo que está funcionando bien?” dice Sagan. “Si tengo que ir a una Gran Vuelta, tengo que perder ocho, nueve, 10 kilos… Prefiero tener tres campeonatos mundiales que [ganar] un Tour de Francia”.

A pesar de todas sus habilidades, reconocer sus límites también ha sido esencial para su éxito. “Un sprint no es doloroso”, dice. “Tienes adrenalina, no piensas en el dolor. ¿Son apenas dos minutos, tres minutos? Tener que escalar durante una hora y media, sí que es más doloroso”.

Con un talento como el suyo, Sagan debería haber ganado más Monumentos que una sola edición del Tour de Flandes y la París-Roubaix. La Milán-Sanremo siempre se le ha escapado; quedó segundo dos veces y de cuarto cinco veces en la larga carrera italiana, perdiendo por un lanzamiento de bicicleta en 2013 y 2017. “Si eres súper bueno, [en] Flandes y Roubaix, puedes ganar por las piernas”, dice Sagan. “Y Milán-Sanremo no se gana por las piernas. Lo perdí muchas veces cuando era el mejor en el momento”.

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Peter Sagan celebra su victoria en París-Roubaix 2018.Tim de Waele - Getty Images

“Probablemente fue el más fuerte, pero no el más inteligente”, dice su exentrenador Javier “Patxi” Vila, quien trabajó con él entre 2015 y 2019 en Tinkoff-Saxo y Bora-Hansgrohe. “Además, le gusta competir con el corazón. A veces, eso va en contra de lograr su objetivo. Pero creo que también es por eso que la gente lo quiere tanto”.

Lo que más sorprendió a Vila fueron todas las cosas que Sagan podía hacer además de andar en bicicleta. “Era un atleta, no solo un ciclista”, dice. Menciona su propiocepción, el control y la conciencia de su cuerpo, sabiendo dónde está cada parte de él. “Y simplemente moriría hasta que pudiera lograr todos los desafíos atléticos. La otra cosa es lo abierto que es. Para él, todo era una opción”. Antes de las Clásicas de Primavera, iría a esquiar a la estación española de Sierra Nevada en febrero, sin saltarse una sesión de ciclismo, incluso si eso significaba conducir una hora hasta el mar. La prueba está en los resultados. “Rompimos algunas reglas del ciclismo que eran una locura hasta ese momento”, dice Vila. “Fue divertido entrenarlo”.

El lenguaje corporal de Sagan en la bicicleta exuda calma y confianza; hace las curvas con la precisión y el compromiso de un motociclista de carreras. Pero además piensa diferente. Su pregunta favorita es “¿Por qué?” Recordemos la carrera olímpica de ciclismo de montaña cross country de 2016, donde comenzó en la parte trasera del pelotón porque carecía de puntos de clasificación. En lugar de agruparse con los demás, retrocedió unos metros, lo que significaba que podía superar a su competencia con la velocidad de su salida. Cuando todos vayan en una dirección, yo iré en la otra. Y en media vuelta, subió al tercer lugar.

Durante varios años, Sagan fue un joven rey que carecía de una victoria suprema en las competencias de un día. Su título del Campeonato Mundial de Ruta 2015 en Richmond fue un punto de inflexión en su carrera después de una temporada marcada por problemas de espalda, mucho estrés, ser eliminado de la Vuelta a España por una motocicleta y un riguroso plan de entrenamiento que no disfrutó en el nuevo equipo Tinkoff-Saxo. “Era mejor cuando se lo dejaba a su suerte, más o menos cuando se lo dejaba jugando en la bicicleta. Era obvio que era solo un niño al que le gustaba divertirse. Tan pronto como se volvió sistemático, tuvo una influencia negativa en él”, dice su entonces compañero de equipo, Chris Juul-Jensen.

Ese día en Richmond, Virginia, Sagan se lo jugó: cuando factiblemente pudo haber esperado un gran sprint, pedaleó con todo su esfuerzo durante tres kilómetros, atacando en la subida de la calle 23 y luego bombardeando el descenso. Al final, arrojó su casco, gafas de sol y guantes a la multitud, la única vez que lo hizo. “Todo acaba de salir de mí. Gané el Campeonato Mundial y creo que también quise que la gente recibiera algunos regalos de mi parte”, recuerda Sagan. La clasifica como su victoria favorita, aunque junta sus tres títulos mundiales consecutivos.

Podrías pensar que una vez en la cima, un campeón del mundo entrenaría el doble de duro. Que se pondría aún más serio. Pero ese no es Sagan. Lo utilizó como una licencia para ser más impredecible, comenzando con una entrevista posterior a la búsqueda en la que destacó el problema de la crisis migratoria mundial. “Nuestra generación ha saltado demasiado adelante. No sabemos cómo vivir en el momento en el que vivimos. Esto es importante para todos nosotros, de lo contrario pronto todo estará terminado”, dijo sobre sus comentarios más tarde. “Solo quería decirle al mundo si ganaba el título: ‘Despierten, o será demasiado tarde’”.

Desde entonces, no hemos escuchado de él opiniones tan conmovedoras sobre problemas sociales. Sagan puede ser como un actor que interpreta varios papeles: el portavoz sorpresa, el showman, el enigmático operador de la conferencia de prensa (ejemplo de cita: “Tal cómo será, será. No depende de mí”.) Lo mismo ocurre con sus diferentes looks, que van desde de pelo largo tipo surfista hasta hippie barbudo o sombrío con la cabeza rapada. Tan pronto como crees que conoces a Sagan, cambia de nuevo.

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El ataque ganador de Sagan en el Campeonato Mundial 2015 en Richmond, Virginia.Tim de Waele - Getty Images

“Solo está siendo él mismo, ¿cierto? No está pensando en dar respuestas de una sola palabra a los medios después de ganar una de las carreras de bicicletas más importantes del mundo”, dice su amigo Michael Kolář. “No le importa una mierda. Se dejó crecer el pelo, se lo cortó, no se afeitó las piernas”, dice, refiriéndose a la temporada 2016 cuando Sagan apareció en las primeras carreras habiendo abandonado el ritual sagrado.

Me pregunto si alguna vez tendremos la versión real de Sagan. Antes de decirme un bon mot, se sonríe un poco o levanta ligeramente la ceja izquierda. Sabe cómo se juegan y suenan las cosas. Ser Peter Sagan también puede ser un acto. “Creo que todo el mundo está actuando en las pequeñas cosas. Todos los días, tienes que actuar frente a la gente”, dice. Entonces, ¿está actuando ahora? “No, todos tenemos que hacerlo. A veces, si estás de mal humor, tienes que mostrar a que estás de buen humor. Tienes que olvidar tus problemas y estar presente con la gente. Eso es actuar”.

Solo las personas cercanas a él saben que cuando ganó una de sus carreras más importantes, tuvo que actuar. Cuando cruzó victorioso la línea de meta en el Gent-Wevelgem 2016, no te hubieses imaginado que su suegro había sufrido un ataque al corazón el día anterior. Fingió que todo estaba bien (su suegro finalmente se recuperó).

Hay una influencia cinematográfica evidente a lo largo de la carrera de Sagan. Como cuando se golpeó el pecho como el personaje de Matthew McConaughey en El lobo de Wall Street después de terminar segundo en una etapa del Tour de Francia en 2015. Se hizo un tatuaje en el torso que lo representaba como el Joker de Heath Ledger junto con las palabras “¿Por qué tan serio?” Tuvo que ser persuadido de usar un doble para saltar por una ventana como Jason Bourne en un comercial de Specialized porque tenía muchas ganas de hacerlo él mismo.

Incluso recibió entrenamiento de un actor durante un campamento de entrenamiento en 2017 en Lake Tahoe alrededor del Tour de California. Fue mucho más método Stanislavski de lo que asumió; Kolář recuerda que se echó a reír cuando Sagan les contó sobre un ejercicio en el que tuvo que rodar por la tierra y gruñir como un oso.

Cada vez que lo menciono, Sagan se avergüenza. “Era más bien tener un punto de vista diferente sobre las cosas y probar alguna experiencia nueva”, dice. Su gerente de prensa y confidente Gabriele Uboldi dice que Sagan tuvo la oportunidad de ser representado por agencias de actuación y tuvo conversaciones para protagonizar una película biográfica sobre su vida, pero no era el momento adecuado. Sagan cree que tendría que ir a la escuela y mejorar su inglés, para lo cual no tiene tiempo. Por ahora, tendrá que conformarse con ver a sus favoritos, Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Tom Hardy, en la pantalla grande. “Tal vez mi hijo podría ser actor”, agrega. “Prefiero que haga eso que ser ciclista”.

Su rostro y estilo han sido una bendición para marcas como 100%, Sportful y Specialized, con quienes tiene asociaciones a largo plazo. En Instagram, hasta hace poco, tenía más seguidores que el Tour de Francia. Un perfil tan alto no es casualidad. Su equipo central de negocios, compuesto por su mano derecha Uboldi, el agente Giovanni Lombardi y el oficial de relaciones públicas y comunicaciones Pierre Orphanidis, lo han ayudado a pasar de ser un campeón del ciclismo a una marca global. “Peter tiene la ventaja, o la desventaja, dependiendo de cómo lo veas, de venir de un país pequeño; Eslovaquia tiene una población de 5 millones”, dice Orphanidis, quien también dirige sus redes sociales. “Tienes la oportunidad de construir una verdadera estrella mundial. Alguien que, por decirlo de alguna manera, no tiene nacionalidad”.

Sin embargo, la vida de Sagan implica la adulación de una estrella de cine, asediada por selfies, ya sea filmando un comercial de bicicletas en un remoto pueblo colombiano o compitiendo en el escenario mundial. (Incluso firmó una copia de su autobiografía para un fanático que corría a su lado mientras escalaba el Col du Tourmalet durante el Tour de Francia de 2019). Como un lema, Uboldi a veces le dice: “viviamo per la gente” (vivimos para la gente). Pero los cercanos a Sagan son unánimes: no les gustaría su intensa vida. “La carrera es su último problema. Su horario después del ciclismo está lleno”, dice Oss.

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Sagan se convirtió en la atracción más grande del ciclismo cuando la reputación del deporte estaba dándole vueltas al drenaje. A finales de 2012, la Agencia Antidopaje de los Estados Unidos reveló el uso de drogas para dopaje de Lance Armstrong, y el tejano fue despojado de sus siete títulos del Tour de Francia. Varias otras estrellas del pasado confesaron posteriormente su uso de sustancias prohibidas. Muchos patrocinadores importantes del equipo se retiraron ya que no estaban dispuestos a verse potencialmente empañados por asociación. Durante varios años, las conferencias de prensa del Tour de Francia fueron difíciles, con asuntos contradictorios, sospechas particularmente dirigidas al Team Sky y a su líder en aquel entonces, Chris Froome.

El eslovaco era un antídoto vigorizante a sus tácticas calculadas y los elementos más tóxicos de la época. El primer ciclista nacido en la década de 1990 en ganar una etapa del Tour de Francia pertenecía a una nueva generación. Le encantó y entusiasmó a los fans. Sin embargo, no existen pases libres cuando se trata de credibilidad. ¿Cree Sagan que aún continúa el dopaje?

“Pensar en hacer algo así es estúpido ahora porque [los controladores] han estado [en el hotel]. Tienes una aplicación para decir dónde duermes cada noche. Bajo este sistema, es estúpido arriesgar algo, porque lo perderías todo”. Sagan dice que le realizaron pruebas “seis o siete veces” en casa en la temporada 2022, pero ha pasado por 50 a 60 pruebas algunos años después de las carreras. “Vienen mucho más cuando estás ganando”, agrega con una sonrisa.

Entonces, ¿nunca habrá un Sagan positivo? ¿Los fanáticos podrán dormir tranquilos? “Eso espero”, dice. “Es que todo es posible. Usas una crema o algo así y te vuelves positivo a partir de cosas estúpidas”.

Ganar una carrera por año fue su objetivo inicial. Pero cuando ganó cinco en su primer año como profesional, estaba más que satisfecho, insinuando que nunca sintió la necesidad de buscar esa fórmula milagrosa. “Si logro ganar una, dos, tres carreras cada año, mi temporada siempre será buena”, dice. “Y hasta ahora, lo he logrado. Hay que partir de cosas pequeñas para hacer cosas grandes, ¿cierto? Esto lo tengo en la cabeza: logré ganar cuando era joven, y lo haré de mayor, pero nunca con el dopaje. Porque realmente no tiene sentido tomar algo”.

Mientras reflexiona sobre su carrera, surge otra pregunta: ¿sigue amando el ciclismo igual que cuando se convirtió en profesional? “De manera diferente”, dice riendo. “Cuando tenía 20 años, después de mi primer año como profesional, dije que iba a montar hasta los treinta años y luego pararía. No quiero andar en bicicleta hasta los cuarenta años. Y ahora aquí seguimos. Tengo 33 años y sigo en la bicicleta”.

El 26 de enero de 2023, cuando cumplía 33 años, anunció su retiro del WorldTour después de la temporada 2023. (Le dio a su séquito más cercano solo cuatro horas de aviso de la decisión). Su objetivo ahora es el ciclismo de montaña en los Juegos Olímpicos de París en 2024. “¿Por qué estás triste? No es que esté muerto”, le dijo a un periodista después de anunciar la noticia en la Vuelta a San Juan.

Un indicio de sus asuntos pendientes provino de su mayor inmersión en la escena gravel en 2022, compitiendo en Unbound Gravel en Kansas, así como en los Campeonatos Mundiales de Gravel y E-MTB. “Era como en los viejos tiempos. Pasé 12 años y volví al mundo de la bicicleta de montaña”, dice sobre su tiempo en la última carrera en Francia. “Fue muy hermoso para mí. Es bueno regresar durante cinco días”.

Durante el largo adiós de Sagan en el asfalto, ya no es el único chico del cartel. “Ahora, también hay grandes nombres, [Mathieu] Van der Poel y [Wout] Van Aert, que están siendo observados más que yo. Estoy en una posición diferente a la anterior”, dice. En sus últimos dos años, nunca parecía probable que Sagan venciera a sus rivales más jóvenes en las carreras en las que alguna vez había sido un contendiente habitual. ¿Qué ha cambiado? Su exentrenador Zánický y su hermano Juraj sugieren que tiene los mismos números de potencia que en su apogeo. “No, aún más”, corrige el propio Sagan. El mejor de su carrera, interviene Uboldi. “Esta nueva generación, así es como va”, dice Sagan.

Suenas como un viejo, digo. “Bueno, ya lo soy. En bicicleta”, responde. Atribuye el cambio a la estructura de cada equipo y a los entrenadores de los equipos de WorldTour: “Creo que el nivel general de grupo ha aumentado. Antes, eran individuos: yo soy fuerte, tú eres fuerte, y tres o cuatro de nosotros vamos a pelear en la final. Ahora, todo el grupo va rápido. Así es ahora. El poder del pelotón, todos están al mismo nivel”.

Luego están los eventos fuera de la bicicleta, como su divorcio de Katarína Smolková en 2019. “Fue difícil para él. Eso lo cambió, diría yo”, dice Kolář, y agrega más tarde: “Peter es una persona que se compromete al 100 por ciento con las cosas. Y nunca se había enamorado, pero de ella sí. De repente, se comprometió al 100 por ciento, y después de unos años, las cosas no salieron como ambos esperaban”.

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El COVID-19 también golpeó duro a Sagan. El más perjudicial de sus tres positivos se produjo a principios de enero de 2022. Después de que la fiebre, el dolor muscular y los mareos disminuyeron, los síntomas de Covid persistieron durante mucho tiempo. “Empecé a sentir que no podía competir”, dice. “Tenía una sensación muy extraña en las piernas, como dolor. Incluso yendo lento en la bicicleta, lo sentía constantemente”. Significaba que las largas horas de entrenamiento que había acumulado en noviembre y diciembre carecían de valor. Fue un año de perseguir el tiempo perdido; estaba a pocos pasos de la victoria de etapa en el Tour de Francia, pero a un salto de gigante de su antiguo dominio. Justo antes de la edición de 2023, logró más titulares por el anuncio de una sentencia de cárcel por conducir ebrio, y ese año estuvo entre los 10 primeros en una sola de las etapas. Un destello más de su esplendor habría sido una buena despedida, pero como Sagan me dijo antes de la París-Roubaix del año pasado: “No tengo nada que demostrar”.

Hay muchas predicciones sobre lo que hará después del ciclismo: vivir en una isla en Tailandia. Competir en la disciplina enduro. Dedicarle más tiempo a su hijo, Marlon. Ser un embajador de patrocinios. (Ese parece estar garantizado; su contrato con 100% no terminará hasta 2040). Preguntarle al propio Sagan es una tontería. “¿Quién sabe qué va a pasar luego?” comentó.

El eslovaco ha recorrido un largo camino desde el niño que trabajaba en la pizzería de la familia y que no se subió a un avión hasta los 17 años. Su fama, los siete maillots verdes, tres títulos mundiales, casi dos millones de seguidores en Instagram, un contrato por un valor estimado de 5,5 millones de euros al año, un apartamento en Mónaco, la paternidad. Una relación incuantificable con una generación de aficionados al ciclismo. Todo esto cambia a un hombre.

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