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Bolivianos en São Paulo tiran de polleras y flautas para celebrar el Carnaval a su manera

São Paulo, 4 feb (EFE).- Los bolivianos de São Paulo salieron este domingo a la calle para celebrar el Carnaval, pero a su manera. La flauta del altiplano sustituyó al samba para reivindicar la cultura andina en un país donde los migrantes a menudo enfrentan prejuicios y precariedad laboral.

Desfilaron por el barrio de Bom Retiro, famoso por sus tiendas de ropa y bastión de la comunidad boliviana, el mayor grupo migrante de la ciudad brasileña, con unos 100.000 miembros.

Poco antes de arrancar, Norah Gamboa iba de un lado a otro ajustando las polleras y las mantillas de alpaca de las bailarinas de Waka Waka, una danza de origen colonial en la que las mujeres vestidas de lecheras torean y dominan a los toros, interpretados por los hombres.

A sus 64 años, vestida con una pollera negra bordada de flores, Gamboa es la matriarca de esta asociación folclórica que desfila desde 2007 y de la que ella es una de las fundadoras.

"Antes, íbamos a escondidas; teníamos vergüenza de andar con las ropas típicas por el metro… Ahora somos más sinvergüenzas", explicó a EFE riendo, en un español trufado de palabras portuguesas.

Ella y su esposo llegaron a Brasil desde Cochabamba a finales de los años 70, en medio de la dictadura militar (1964-1985). Él convalidó su título de médico y ella montó un negocio de ropa femenina en la periferia de São Paulo.

Pese a los continuos prejuicios, la comunidad boliviana ha ganado en confianza y los hijos de los que migraron, ya nacidos en Brasil, llevan la doble identidad con naturalidad y sin miedo.

Es el caso de Thiago Villarroel, médico de 35 años e hijo de Gamboa. En su día a día, habla casi siempre en portugués y utiliza el español solo "para las bromas", pero desde los 12 años ha ido a clases de danza folclórica con sus padres.

"Cuando empecé a bailar, sentí orgullo de las raíces… Te sientes especial", aseguró, antes de enfundarse el disfraz de toro.

Más nerviosa, Ana Camacho se preparaba para su primer desfile acompañada de su novio, que no tiene raíces bolivianas, pero que se ha apuntado para apoyarla.

"Es bueno para recordar la cultura y mantenerla viva”, dijo, con la cabeza cubierta por una vistosa mantilla naranja, esta nutricionista de 35 años.

Aunque también nació en Brasil y habla portugués perfectamente, no se ha librado de sufrir algún que otro episodio racista.

Hace poco, fue a un restaurante de barrio con su madre para comer algo y la dueña no quiso atenderlas. Simplemente, les dio la espalda y las ignoró.

"Te preguntas: ¿Realmente me está pasando esto? Espero que sea la última vez", afirmó, seria.

La flauta del altiplano empezó a sonar desde un carro cubierto de tejido boliviano y con altavoces en el maletero, señal de que Camacho y su novio ya tenían que ocupar su lugar en el desfile.

Con la Virgen del Socavón abriendo el paso y los vecinos asomados a las ventanas, las lecheras bolivianas avanzaron por la calle balanceando sus faldas de colores frente a los toros, toreándolos como ya han hecho con Brasil.

Jon Martín Cullell

(c) Agencia EFE