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Para muchos en Baltimore, el puente Key era el puente de los 'trabajadores'

El secretario de Transporte Pete Buttigieg y el vicealmirante Peter Gautier, subcomandante de operaciones de la Guardia Costera de Estados Unidos, informan a los reporteros sobre el colapso del puente Key en Baltimore, en la Casa Blanca en Washington, el 27 de marzo de 2024. (Doug Mills/The New York Times).
El secretario de Transporte Pete Buttigieg y el vicealmirante Peter Gautier, subcomandante de operaciones de la Guardia Costera de Estados Unidos, informan a los reporteros sobre el colapso del puente Key en Baltimore, en la Casa Blanca en Washington, el 27 de marzo de 2024. (Doug Mills/The New York Times).

Hay rutas con más tráfico en el puerto de Baltimore que el puente Francis Scott Key. Por el túnel del puerto pasa el doble de tráfico diario que por el puente Key, y por el túnel del fuerte McHenry, mucho más.

Pero el puente Key, con su arco de suave pendiente y vistas que no podría igualar ningún túnel, se había convertido en un emblema de la identidad de Baltimore como una ciudad portuaria trabajadora.

El martes 26 de marzo, desde distintos puntos en el puerto, varias personas observaron incrédulas partes escarpadas de un tramo de 2,5 kilómetros del puente que sobresalían del agua, tras el choque catastrófico de un buque de carga que derrumbó el puente y dejó un saldo de seis trabajadores perdidos.

“Es el puente de los trabajadores”, comentó Kurt Schmoke, quien fue alcalde de Baltimore en los años noventa y ahora es presidente de la Universidad de Baltimore. El puente de la bahía de Chesapeake, que se encuentra a 35 kilómetros de distancia y era el único puente de Maryland más largo que el Key, se asocia más con el esparcimiento, pues da acceso a la playa. Los túneles solo son funcionales: una opción que permite rodear prácticamente Baltimore a quienes van de Washington D. C. a la ciudad de Nueva York.

“El puente Key”, explicó Schmoke, “definitivamente era para el trabajo”.

Cuando se inauguró el puente Key en 1977, el túnel del puerto sufría bloqueos constantes por el tráfico debido al creciente número de personas que se trasladaban desde los suburbios de Baltimore, de rápido desarrollo, y por el corredor de la interestatal 95. El puente liberó el tráfico y fue una bendición para las comunidades de clase trabajadora que vivían en sus extremos. Ahora tenían una ruta directa hacia su trabajo en las plantas y centros de distribución que rodean el puerto.

El secretario de Transporte Pete Buttigieg y el vicealmirante Peter Gautier, subcomandante de operaciones de la Guardia Costera de Estados Unidos, informan a los reporteros sobre el colapso del puente Key en Baltimore, en la Casa Blanca en Washington, el 27 de marzo de 2024. (Doug Mills/The New York Times).
El secretario de Transporte Pete Buttigieg y el vicealmirante Peter Gautier, subcomandante de operaciones de la Guardia Costera de Estados Unidos, informan a los reporteros sobre el colapso del puente Key en Baltimore, en la Casa Blanca en Washington, el 27 de marzo de 2024. (Doug Mills/The New York Times).

“El puente atravesaba la zona trabajadora de Baltimore, tanto metafórica como literalmente”, afirmó Rafael Alvarez, de 65 años, quien es hijo de un ingeniero que trabajaba en un remolcador del puerto y ha escrito más de 12 libros sobre la clase trabajadora de Baltimore.

Del lado norte se encontraba Sparrows Point, donde se construyó la inmensa planta acerera Bethlehem, que fue una de las mayores plantas en operación del mundo en su época y ahora alberga centros de distribución de Amazon, Home Depot y Under Armour. En el otro extremo está la bahía Curtis, donde desde hace mucho se han establecido plantas químicas, entre ellas una empresa de pinturas que Alvarez recuerda que emitía nubes blancas tan gruesas que era necesario cerrar el puente.

Decenas de miles de oriundos de Baltimore vivían y trabajaban en estas áreas, indicó Alvarez.

Los seis hombres perdidos formaban parte de esta tradición de trabajadores de Baltimore: miembros de un equipo de construcción que cubrían turnos nocturnos reparando baches en el puente.

Conforme avanzaba la mañana y varios autos y camiones de una legión de agencias de gobierno iban y venían del sitio del derrumbe, algunas de las personas que más conocían el puente tuvieron que verlo, en esta ocasión, desde la distancia.

Se congregaron en un terraplén de la carretera frente a una tienda Dollar General para ver el puente colapsado. La multitud compartía en voz baja teorías conspirativas, se preguntaba angustiada cómo irían al trabajo o a citas médicas y expresaba desconcierto, preguntándose cómo podía haber pasado esto.

Otras personas solo compartían recuerdos.

“Cuando obtuve mi licencia en 1975, la única opción para ir y venir era el túnel”, recordó James Metzger, de 66 años, retirado de la industria automotriz.

Desde las ventanas de su preparatoria, no muy lejos del lugar en el que se encontraba, Metzger solía asomarse a ver cómo iba la construcción del puente, narró. Por esa época salía con una chica que vivía del otro lado; el puente tenía implicaciones románticas, además de todo.

Un día en 1977, Metzger comentó que su padre, quien conducía un camión, iba a casa después de cumplir una ruta y se topó con la ceremonia de inauguración del puente. Relató que su padre había visto al gobernador e incluso conservó un pedazo del listón que se cortó en la ceremonia. El puente había formado parte de su vida desde entonces.

Hasta la mañana del martes, cuando la novia actual de Metzger lo llamó. “Iba camino a su trabajo”, explicó. “Me dijo: ‘Veo patrullas y helicópteros. Y el puente Key ya no está’”.

c.2024 The New York Times Company