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Antonio Briseño, el líder que Chivas no sabía que necesitaba. Y lo encontró en el mejor momento

Antonio Briseño durante el partido de Ida de las Semifinales de Liga MX enfrentando al América. (Carlos Zepeda/Jam Media/Getty Images)
Antonio Briseño durante el partido de Ida de las Semifinales de Liga MX enfrentando al América. (Carlos Zepeda/Jam Media/Getty Images)

Antonio Briseño ya conocía las noches de gloria en el Estadio Azteca. Fue esa su carta de presentación en el futbol. El 10 de julio del 2011 —fecha que parece prehistórica— el capitán de México sub-17 abrió el marcador contra Uruguay. Aquel partido, la final del certamen, terminó 3-0 y coronó al Tri como campeón del mundo en esa categoría. Desde entonces, Briseño ha vivido muchas vidas: debutó en Atlas y no le fue tan bien; lo compró Tigres; deambuló por Juárez y Veracruz; disfrutó la aventura europea con el Feirense de Portugal y, finalmente, Chivas lo repatrió en 2019.

Son ya cuatro años en el Rebaño Sagrado. Su historia comenzó un poco rara: por alguna razón, festejaba como si fueran goles cada barrida que hacía. Muchos lo llamaron 'tribunero'. Otro dijeron que era válida esa enjundia. De cualquier modo, Briseño tampoco pudo afianzarse como un defensor constante en Chivas. Y le tocó vivir temporadas amargas, lejos de lo que se espera del Campeonísimo. No hubo lugar para las medias tintas, pues hasta sus compañeros se lo llegaron a reclamar.

En la serie Chivas: El Rebaño Sagrado, que Amazon Prime Video sacó en 2021, se conoció una curiosa discusión que sostuvieron Briseño y Dieter Villalpando. En la escena, Briseño le reclama al mediocampista su falta de disposición para marcar. "Lo tuyo es lo fácil. Yo voy con mi marca y a chingar a su madre los demás", le reclama el defensor. Villalpando intenta zanjar la discusión diciéndole: "Tú eres muy malo". A lo que Briseño, totalmente enojado, le revira: "Seré malo, pero por lo menos le meto huevos".

Pese al rol protagónico que tuvo en sus primeras campañas, poco a poco Briseño se convirtió más bien en un jugador de recambio. Incluso en el actual torneo fue de ese modo: jugó ocho partidos en todo el Clausura 2023. Sin embargo, apareció en el momento más importante, cuando Chivas requería de un central con sus condiciones y de alguien que tomara la batuta defensiva. Primero fue ante Atlas, equipo que supo dañar al Rebaño Sagrado, en la Ida, con los balones aéreos que Julio Furch descargó, siempre con la amenaza de Julián Quiñones como receptor.

Pero en la Vuelta, Paunovic decidió echar mano de Briseño y el resultado fue la nulificación del imperturbable Furch. El mejor delantero de la Liga MX para recibir juego directo no pudo vencer a un Briseño preciso, que con fortaleza ganó 10 de 15 balones por arriba. Esa actuación en el Clásico Tapatío le abrió la puerta para el Clásico Nacional. Y ahí su misión era clara: anular a Henry Martín. Acompañado de Gilberto Sepúlveda en la zaga, Briseño volvió a demostrar su mejor versión no sólo en el campo, impasable, sino también en el vestidor.

En un video que Chivas ha sacado en sus redes sociales, se puede ver la plática que tuvieron los jugadores durante el mediotiempo del partido contra el América en el Estadio Azteca. Después de un intercambio entre Víctor Guzmán y Fernando Beltrán, Briseño toma la palabra: "Lo veo (el juego) yo de frente, tranquilos". Posteriormente les indica a sus compañeros cuál es el mejor desmarque que pueden hacer: cuando están saliendo con el balón, en su campo, y no cuando están arriba, porque si buscan el desmarque cuando llegaron ya al campo rival, no habrá espacio y entonces dejan expuesto al equipo al contragolpe.

Y alienta como un experto: "Nada más quédense en la cabeza que vamos a pasar. Crean: lo podemos meter en el 46 o en el 96". Chivas se repuso del gol del América y vino de atrás para marcar los dos tantos que le dieron el pase a la Final del futbol mexicano. El equipo tapatío se lo jugará todo contra Tigres en la reedición del partido decisivo del Clausura 2017. Han encontrado a tiempo al líder defensivo que tanto necesitaban. Mientras tanto, Briseño por fin cumple los augurios que de él se tuvieron en aquel mágico verano de 2011. Ya no es un juvenil. Está en la plenitud de su carrera y quiere aprovecharlo.

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