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Andrés Guardado, la leyenda que triunfó sin sentirse estrella y ahora vuelve a León

Andrés Guardado en un partido de La Liga en diciembre pasado, Betis vs Girona. (José Luis Contreras/Dax Images)
Andrés Guardado en un partido de La Liga en diciembre pasado, Betis vs Girona. (José Luis Contreras/Dax Images)

Andrés Guardado ha vuelto a México. Jugará con el León. No es el destino que siempre se pensó para él. Lo dijo muchas veces: si volvía, era para jugar con el Atlas, club que lo formó y debutó en Primera División cuando tenía 18 años, en el 2005. Ha pasado una vida completa desde entonces. Guardado ha hecho todo a su tiempo. Debutó a la edad perfecta. Se fue a Europa dos meses antes de cumplir los veinte. Nadie pudo regresarlo a México durante un lapso de 16 años y medio. De hecho, todo apuntaba a que se iba a retirar en España, con el Betis, club del que se volvió ídolo total.

Su carrera tendrá un cierre inesperado en el León. Con 37 años, está claro que su mejor versión ya forma parte del libro de historia. Pero eso no quiere decir que Guardado sea un jugador acabado. Para nada. Más bien, es un ejemplo de cómo conservarse después de dos décadas de larga y desgastante carrera. Aunque su condición física le restó minutos en las últimas temporadas en Europa, Guardado hace diferencia cada vez que juega, aprovecha los minutos.

Alcanzó una madurez que le permitió jugar hasta en cuatro zonas del campo diferentes durante su carrera. En sus inicios en banda, ya fuera como carrilero o volante, demostró un futbol vertiginoso. Era un espectáculo verlo por el costado, siempre generando peligro. Su metamorfosis fue sorprendente en el Mundial de Brasil 2014. En su nuevo puesto, mediocampista interior, Miguel Herrera encontró una forma de explotar al máximo la visión de juego y resistencia de Guardado. El Principito tenía futbol elegante, pero también una capacidad de sacrificio propia de quien se sabe uno más del equipo.

En el PSV Eindhoven demostró que podía jugar también como contención. Aquel jovencito que jugaba con rebeldía, en sus inicios, se había convertido en un tiempista de época para el futbol mexicano. Guardado hizo gala de esa sapiencia en el campo y también fuera de él. Por eso, a diferencia de tantos de sus colegas nacionales, se fue del Tri cuando ya no tenía nada que aportar. No se aferró a hazañas estériles ni a la numerología. Se fue con cinco mundiales en la espalda, un récord histórico que se cumplió, porque así es el futbol, justo en el peor Mundial de todos los que jugó: Qatar 2022.

 

Pero incluso en la disputa contra Argentina quedó comprobado que Guardado contaba todavía con las herramientas para competir al máximo nivel. Ya sin él, en la segunda mitad, el equipo se cayó y encajó los dos goles condenatorios. Fue un líder que tuvo que soportar las peores críticas. Siempre puso la cara, lejos de la actitud de soberbia y victimismo que cundió entre tantos de sus compañeros. En Europa algunos lo critican por no haber ganado grandes títulos (aunque fue monarca de Liga en Países Bajos y levantó la Copa del Rey con el Betis). Pero ganó algo que muchos cambiarían por sus trofeos caseros: el respeto de sus rivales, jugadores de élite mundial, muchos de ellos leyendas.

Guardado cerrará su libro en Guanajuato. Es otro atlista ilustre, como Rafael Márquez, que no vuelve a su club de formación, pero sí al León. Así sucede en el futbol. Nadie sabe si a Guardado le dará tiempo, como sí lo tuvo Márquez, de volver a los rojinegros todavía. No lo necesita. Su legado está completo ya y ha tenido la valentía de asumir un reto en el que habrá presión, porque León no está bien y tiene la obligación de estarlo. El fin de una carrera en la que Guardado encajó cada pieza con maestría.

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