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América y su tradición de humillar a unas Chivas que ya ni siquiera meten las manos

América festejando el tercer gol a Chivas en el Estadio Akron, Octavos de Final de Concachampions. (Simon Barber/Getty Images)
América festejando el tercer gol a Chivas en el Estadio Akron, Octavos de Final de Concachampions. (Simon Barber/Getty Images)

América se dio un festín en el Estadio Akron. Lo hace siempre que quiere. Chivas sumó una derrota más con su clásico rival que cada vez le toma más distancia. Fue un 3-0 contundente en los Octavos de Final de la Concachampions. El camino del partido quedó definido muy pronto, cuando a los quince minutos Eduardo Torres derribó en el área a Julián Quiñones, que se disponía a rematar tras el rebote provocado por una atajada de Óscar Whalley.

El árbitro marcó penal y el propio Quiñones lo cobró. La pesadilla del Rebaño Sagrado es múltiple: el América tiene una paternidad general sobre ellos, y particularmente Quiñones ha convertido en tradición anotarles, ya sea con Atlas o América, los dos grandes rivales rojiblancos. A partir de ahí, América dominó el partido de la manera que quiso. Primero se adueñó del balón y ahogó todos los intentos del equipo de Fernando Gago.

Luego, en el segundo tiempo, les cedió el esférico para jugar al espacio y aprovechar la maquinaría que tiene en el ataque. Este equipo es así: da la impresión de que puede hacer daño hasta cuando está tomando un respiro. Juegan por nota y así lo demostró el segundo gol, cuando Chivas ya jugaba con diez hombres por la expulsión de Torres, de partido infortunado. El tanto lapidario nació desde los pies de Luis Ángel Malagón, recorrió todo el campo propio y ajeno, con vértigo, lujo y precisión, para llegar a Diego Valdés que rubricó una anotación para enmarcar.

Y un último gol de Henry Martín, el capitán americanista que le tiene tomada la medida a Chivas con sus goles y, quizá hasta más, con sus festejos: cada partido es una oportunidad para innovar la forma de humillar a un rival que ya ni siquiera se indigna. Ahora fue una coreografía conjunta de su típico festejo mostrando los músculos. El paseo fue total. Chivas nunca estuvo cerca ni siquiera de competir, por más que tener el balón les haya dado la ilusión durante unos minutos.

Esa es la realidad para ambos: pareciera que juegan en ligas totalmente diferentes. Puede haber sorpresas en algún partido, como sucedió el año pasado cuando Chivas eliminó al América en las Semifinales del Clausura 2023. Pero son accidentes. La norma no sólo es que Las Águilas ganen, sino que lo hagan de manera categórica, sin dejar duda alguna sobre su superioridad, hegemonía y poderío. Chivas sale a jugar estos partidos con la encomienda de no perder, de evitar una humillación y ya es rara la vez que consigue eso.

Durante años se ha dicho que este partido es un clásico destiño, reemplazado por otros, pero en realidad sí es un partido que acapara interés por un motivo muy simple: conocer cuál será la forma en la que América le ganará a Chivas. Fue 4-2 en el Clausura de hace un año. Fue 4-0 en el Apertura 2023. Y fue 3-0 en la Concachampions. América ya le gana a Chivas hasta por inercia, ya lo golea hasta con calma y de manera sobrada.

Y nada de eso parece causar la suficiente irritación en Guadalajara como para provocar un cambio de roles. No se trata de Fernando Gago ni de los jugadores actuales, porque el reparto de actores ha sido secundario en los últimos años de dominio: esté quien esté, América siempre es favorito y Chivas salva su temporada si hace un partido digno ante ellos. Los aeropuertos llenos, cuando viajan a Ciudad de México, y el regreso aclamado de Javier Hernández son muestra del respaldo popular que sigue teniendo Chivas. En el campo, contra el América especialmente, el Rebaño ignora toda su historia.

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