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América, el único equipo de México que se da el lujo de jugar con suplentes y ganar

América festejando su victoria ante Tijuana en la Liga MX. (Gonzalo González/Jam Media/Getty Images)
América festejando su victoria ante Tijuana en la Liga MX. (Gonzalo González/Jam Media/Getty Images)

El América vive una luna de miel total. Son los campeones del futbol mexicano y hasta se dan el lujo de arrancar el Clausura 2024 con un plantel alterno y ganar. Vencieron, de visitantes, al Tijuana en la jornada inaugural del campeonato mexicano. El equipo de André Jardine no tiene fisura alguna. Hasta los suplentes están a la altura de las exigencias. Desde ya, por el antecedente inmediato del título y por la variedad de opciones en el banco, América puede saberse candidato a ganar de nueva cuenta el título.

No era tarea fácil. En México, aunque seas el campeón, todo puede mancharse muy rápido. El rey al que, mientras duerme en sus laureles, le quitan el trono. No fue el caso con el América, reforzado, hasta ahora, únicamente por Cristian Chicote Calderón. El exlateral de Chivas tuvo su estreno oficial el sábado ante Xolos y dejó la sensación de que en América hará todo por revitalizar su carrera, lastrada por indisciplinas y un desempeño lindante entre lo irregular y lo decepcionante.

Es el comienzo de una larguísima travesía en la que es primordial defender la corona. Y Tijuana, equipo dirigido por Miguel Piojo Herrera, dos veces campeón con el América, no quería ser el primer escalón del año para los azulcrema. Hay un orgullo especial de Herrera cada vez que juega contra su exequipo. Y también a la inversa: al americanismo le sabe bien ganarle a quien alguna vez los revivió. Hoy tienen en Jardine a un entrenador completo: conoce el futbol de punta a punta y casi nunca se le ve caer en exabruptos —y muchos menos quejarse del arbitraje—.

Tijuana quiso imponer su localía, demostrar que el protagonismo no les quema y, desde luego, sacar partida del plantel alternativo que alineó el América. Pero, pese a la ausencia de sus figuras, América demostró la madera de campeón. Ya fuera con intentos de Román Mozumbito Martínez o de Ramón Juárez, la encomienda era anotar, nunca especular, porque eso iría contra los principios americanistas y contra el futbol que promueve Jardine. Así se distingue a los campeones ocasionales de aquellos campeones que marcan época. El América aspira a lo segundo.

No les duele nada. Lo puede responder Luis Ángel Malagón, que en enero de hace un año era el portero suplente. Meses después, en abril, los errores de Óscar Jiménez le entregaron la titularidad en bandeja de oro. La aprovechó como nadie. Le bastó menos de un año para ser campeón y hoy es el portero ideal para ese arco repleto de historia y de presión. Le sacó un gol casi cantado a Carlos González. El remate del paraguayo fue perfecto, con potencia y colocación. Pero mejor fue lo de Malagón, que ya no da pasos en falso y está afianzado como figura americanista.

Cuando el empate parecía un hecho, 0-0, Salvador Reyes marcó dos goles en los últimos tres minutos y le dio la victoria a Las Águilas. Fue un comienzo de año inmejorable. Mientras tanto, los titulares siguen descansando. Ya con las energías repuestas, y con unos suplentes que saben estar a la altura cuando se les necesita, América tiene todo lo necesario para ser bicampeón por su primera vez en su historia en torneos cortos.

Lo peor, para quienes profesan el antiamericanismo, es que este equipo ya juega muy bien, pero todavía tiene un techo mucho más alto. Vale recordar que Jardine apenas lleva seis meses. Su obra está lejos de concluir. Algunos están felices por ello y otros harán hasta lo imposible por impedirlo. Arrancó el torneo y el América goza de una salud envidiable.

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