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Por qué hay que comenzar a dejar que los niños se aburran y no preocuparse por eso

Un niño al aire libre en Albany, Nueva York, el 2 de octubre de 2021. (Lauren Lancaster/The New York Times).
Un niño al aire libre en Albany, Nueva York, el 2 de octubre de 2021. (Lauren Lancaster/The New York Times).

Tengo algunos recuerdos especialmente vívidos de los veranos de mi infancia: el olor de la parrilla, el chirriar de las cigarras y la sensación de estar aburridísima.

Aunque tenía un horario más o menos estricto y pasaba temporadas largas de cada verano en campamentos, había semanas en las que mis padres, que trabajaban, no llenaban mi agenda con casi nada, y les importaba un bledo si me sentía ocupada o entretenida.

Esto me ha estado rondando en la cabeza mientras mis propios hijos pasan el verano inmersos en una mezcolanza impresionantemente costosa de campamentos, niñeras y tiempo con los abuelos y, sin embargo, parece insuficiente en términos de verdadero cuidado o estimulación infantil.

No soy la única que siente que es su deber como madre llenar sus días de actividades y oportunidades de aprendizaje. Un estudio citado en un artículo de 2018 en el New York Times que lamentaba lo implacable de la crianza moderna reveló que, independientemente de la educación, los ingresos o la raza, los padres creían que los niños que se aburren deben inscribirse en actividades extracurriculares. Como me explicó Erin Westgate, profesora adjunta de psicología de la Universidad de Florida, existe una especie de estigma cultural asociado al aburrimiento, en especial en Estados Unidos.

Solo la gente aburrida se aburre, reza el refrán.

Pero la realidad es que el aburrimiento es “normal, natural y saludable”, afirmó Westgate, cuya investigación se centra en qué es el aburrimiento, por qué lo experimenta la gente y qué le sucede cuando se aburre. Aunque advierte que se han hecho pocos estudios empíricos sobre el aburrimiento en los niños, Westgate cree que, en dosis moderadas, el aburrimiento puede ofrecer una oportunidad valiosa de aprendizaje, puede estimular la creatividad y la resolución de problemas y motivar a los niños a buscar actividades que les resulten significativas.

“Evitar que los niños se aburran es un error, igual que evitar que se sientan tristes, frustrados o enfadados”, aseveró.

A continuación, te decimos lo que tú y tus hijos pueden aprender del aburrimiento.

El aburrimiento es informativo.

El aburrimiento es una emoción, señaló Westgate, quien lo compara con la luz indicadora del tablero de un auto: “El aburrimiento te dice que lo que estás haciendo en este momento no funciona”. Por lo general, eso significa que la tarea que estás haciendo es demasiado fácil o demasiado difícil, dijo, o que carece de sentido.

Una manera en la que los padres pueden ayudar a los niños (sobre todo a los más pequeños) a que aprendan a gestionar el aburrimiento es trabajar con ellos en el desarrollo de lo que Westgate denomina una mayor granularidad emocional. Por ejemplo, pueden ayudarles a distinguir entre sentirse tristes o aburridos. “Nómbralo y contrólalo”, una frase acuñada por el psiquiatra Dan Siegel, es una técnica que muchos expertos en desarrollo infantil utilizan para ayudar a los niños a identificar sus sentimientos.

Los niños suelen decir “me aburro” cuando se sienten solos o quieren atención, señaló Katie Hurley, doctora en trabajo social y autora del libro “The Happy Kid Handbook”. Así que puede ser útil preguntarles si están buscando consuelo o compañía, dijo.

Además, haz lo posible por normalizar el sentimiento. “Tenemos una tendencia a tratar el aburrimiento como una señal de angustia o una especie de llamada de auxilio”, aseveró Hurley. “Es incómodo, pero no es necesariamente negativo”.

El aburrimiento puede llevar a la plenitud.

El aburrimiento les ofrece a los niños la oportunidad de experimentar con el tipo de actividades que les resultan satisfactorias e interesantes, comentó Westgate.

Por ejemplo, si dejas a tus hijos solos en el jardín, es posible que al principio se aburran, pero pueden aprender a evitar esa sensación, o a resolverla, encontrando actividades que les parezcan significativas, ya sea contar bichos, jugar con una pelota o dibujar con un gis en la acera. Si los padres no permiten el juego libre e imaginativo, es posible que los niños nunca descubran su amor innato por la naturaleza, los deportes o el arte, o incluso el placer que pueden encontrar solo relajándose o jugando.

“Ser capaz de identificar y desarrollar esas fuentes de significado es una habilidad fundamental para toda la vida”, afirmó Westgate.

Los ‘rompeaburrimiento’ pueden romper el hechizo.

En ocasiones, los padres le temen al aburrimiento y los estragos que puede causar en casa, explicó Hurley, pero el tiempo libre deja espacio para el descubrimiento. Hurley recomienda revisar el horario semanal de tu hijo y preguntarte: “¿Hay algo que podamos quitarle y llamarlo simplemente ‘tiempo libre tranquilo’?”.

No obstante, los padres no deben esperar que los niños sepan por instinto qué puede ser significativo para ellos. En lugar de eso, los padres deben recordarles a sus hijos las cosas que les interesan o les importan, señaló Westgate.

“Es la diferencia entre dejar al niño en una habitación sin absolutamente nada que hacer”, explicó, y “llevarlo a una habitación en la que sabes que hay libros y rompecabezas —cosas que serían significativas para tu hijo— y que encajarían bien con él”. (También señaló que la investigación ha demostrado que, sin desahogos positivos, las personas pueden ser más propensas a involucrarse en comportamientos nocivos).

Hurley comentó que los niños de 5 años o menores necesitan un menú específico de “rompeaburrimientos”, o que les hagan preguntas como: ¿Quieres jugar con Legos? ¿Quieres jugar con plastilina? ¿Quieres salir al aire libre? Además, añadió que los padres suelen sentirse presionados a sentarse en el suelo y jugar con los niños pequeños cada vez que se aburren, pero eso puede impedir que estos aprendan que son capaces de dar rienda suelta a su imaginación.

Con niños un poco más grandes, Hurley dice que se les puede decir algo como: “Date un paseo por la casa, piensa en tres ideas y regresas a decírmelas”. Una vez que los niños pasan de un estado de aburrimiento a la acción positiva, “se abre la creatividad, la resolución de problemas y todo tipo de habilidades de aprendizaje académico”.

Los teléfonos y dispositivos requieren poco esfuerzo, señaló Westgate, por lo que niños y adultos suelen recurrir a ellos para calmar la sensación de aburrimiento.

“En el caso de los niños, es muy lógico que pidan pantallas cuando están aburridos, pero, obviamente, eso no significa que sea lo mejor para ellos en esa situación”, concluyó.

c.2023 The New York Times Company

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