Debemos evitar ser rehenes de los hijos | Opinión

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Roberto Nickson/Unsplash

No había escuchado el término “rehenes de los hijos” hasta que escuche unas historias recientemente.

La primera me la cuenta una amiga que tuvo que responderle a su sobrina por una publicación en las redes sociales que ella hizo sobre los padres. La joven se dirigió a todos de esta manera:

“Los hijos no somos acompañantes, si van a tener hijos es porque van a permitirles darles amor, entenderlos, encargarse de absolutamente todas sus necesidades emocionales y económicas. Son hijos, no sirvientes. Si quieren que alguien te cuide de viejo lárgate a un asilo. Tener hijos no garantiza que te cuiden de viejo, pues si no los tratas como se merecen no esperes que estén pendiente de ti después”.

Mi amiga tuvo que responderle y ponerla en su sitio, sobre todo porque la joven fue una muchacha mimada, consentida y criada con todos los sacrificios por la madre y se lo recordó de manera. A la malcriada muchacha no le quedó más remedio que reconocer que se había equivocado con su comentario.

Más tarde escuché otro caso similar, y al parecer es una situación que se repite constantemente entre muchos jóvenes.

Verónica es una madre complaciente, siempre pendiente de su única hija, a quien adora y le da todo. La hija, una mujer casada con un hijo, que es el nieto de todas las alegrías de la abuela, le dijo que quería que pasaran la Navidad juntas en familia con el esposo y el nieto.

Verónica brincó de alegría, y más aún cuando la hija le pidió que ella fuera quien preparara la cena con los platillos que ella misma escogió y que en verdad eran complicados. La madre se dedicó en los cuatro días anteriores a la Navidad a preparar la comida, solo para que el día anterior la hija llegara a ver a la madre y sin más le dijera:

“No vamos a pasar juntas la Navidad. Mi esposo tomó una decisión de último minuto y nos vamos de viaje a pasar la fecha muy lejos de aquí con unos amigos porque prefiere que este año sea así”.

Verónica le preguntó a la hija que por qué hacía eso y peor aún, ¿qué iba a hacer con toda la comida que había comprado y preparado con tanto trabajo y cariño? La hija únicamente se limitó a decir que era una decisión del esposo

“Y no te preocupes, repártela entre las vecinas y la familia que les va a encantar”.

Diana Montano estaba que trinaba al conocer el caso por el cariño que le tiene a Verónica y a su hija.

“Estos casos son de abuso de los padres a los hijos. Sí que lo son, porque los padres por amor a los hijos aceptan cualquier decisión que tomen y cualquier forma de trato que les den. Duele conocer de estas situaciones porque son en verdad más que padres, rehenes de los hijos”.

Pienso que tiene razón, aunque hay padres como mi amigo Leo Pérez que saben decir las cosas a tiempo y “la sangre en su caso nunca llega al río”, porque es respetuoso de sus hijos, a quienes adora, y ellos le respetan también.

“Pero no ha sido fácil. Yo creo que lo importante es que se marquen las bases [de la relación]. Con mis hijos siempre hablo claro y ellos saben que hay cosas que no pueden romper el respeto”.

Yo pienso lo mismo. Los padres aprendemos con las experiencias, pero los hijos también.

Debo confesar por experiencia propia que hay que saber qué líneas no se cruzan en ambos sentidos y que cuando se trata de un abuso verbal este no es tolerable en ninguna relación humana. Cuando hay abuso se termina la buena voluntad.

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