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Cuando Daniel Giménez Cacho conoció a los Tres Amigos

Daniel Giménez Cacho en Los Ángeles, el 19 de noviembre de 2022. (Ricardo Nagaoka/The New York Times)
Daniel Giménez Cacho en Los Ángeles, el 19 de noviembre de 2022. (Ricardo Nagaoka/The New York Times)

A los 24 años, cuando ya llevaba dos años de la licenciatura en Física, Daniel Giménez Cacho recibió una invitación informal para asistir a una clase de canto. Para consternación inicial de su padre, que era ingeniero, aquella oferta inesperada desbarató el plan de una carrera científica y encendió en él un fervor por la actuación que duraría toda la vida.

“Fue un descubrimiento físico, un renacimiento para mi cuerpo”, afirmó Giménez Cacho durante una entrevista reciente en un restaurante mexicano de la histórica calle Olvera de Los Ángeles.

Giménez Cacho, el aclamado actor que nació en Madrid, pero se crió en el corazón de Ciudad de México, y quien ahora tiene 61 años, ha desarrollado un currículo ecléctico que muestra tanto su seriedad como sus dotes cómicas a lo largo de casi cuatro décadas.

Desde el viernes lo podemos ver en Netflix como el alter ego del director Alejandro G. Iñárritu, Silverio Gama, en “Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades”, una fantasía onírica de reflexiones personales y políticas.

Después de iniciarse en el teatro, Giménez Cacho se dio a conocer más ampliamente a través de la televisión en 1989 con la popular telenovela “Teresa”, junto a una Salma Hayek joven en el personaje protagónico.

En aquella época, en México solo se producían unas pocas películas al año, pero poco a poco, una joven cohorte de cineastas comenzó a impresionar con narrativas audaces tanto en la pantalla chica como en la grande. El actor estuvo presente en los mismos círculos artísticos y desarrolló su carrera paralelamente a la de quienes estaban detrás de la cámara.

Ser el único actor que ha colaborado con los directores mexicanos reconocidos con el Oscar y conocidos colectivamente como los Tres Amigos: primero Alfonso Cuarón, luego Guillermo del Toro y ahora Iñárritu, es evidencia del papel fundamental que Giménez Cacho tuvo a la hora de sentar las bases para el surgimiento del nuevo cine mexicano. Iñárritu comentó, riendo a carcajadas: “Deberíamos erigirle una estatua porque es el único que ha sobrevivido a los Tres amigos”.

Daniel Giménez Cacho en Los Ángeles, el 19 de noviembre de 2022. (Ricardo Nagaoka/The New York Times)
Daniel Giménez Cacho en Los Ángeles, el 19 de noviembre de 2022. (Ricardo Nagaoka/The New York Times)

Fuera de México, lo han convocado titanes del cine como Pedro Almodóvar (“La mala educación”), Lucrecia Martel (“Zama”) y Apichatpong Weerasethakul (“Memoria”).

Les pedí a Cuarón, del Toro e Iñárritu que recordaran cuando conocieron al actor y la experiencia de trabajar con él.

Alfonso Cuarón: ‘No es solo un colaborador, sino un cocreador’.

El actor y el director se conocieron en el rodaje de “Camino Largo a Tijuana” (1988), de Luis Estrada, donde Cuarón fue productor y ayudante de cámara.

Cuarón señaló que se arrepintió de considerarlo de inmediato para protagonizar su ópera prima, la comedia “Solo con tu pareja” de 1991, a pesar de que lo impresionó el lenguaje corporal preciso y dancístico del actor.

“Tenía miedo de no haber visto todas las opciones, cuando en realidad era una tontería, porque la mejor opción estaba frente a mí”, dijo Cuarón por teléfono.

Giménez Cacho acabó protagonizando la película y Cuarón se siente afortunado. Al recordar que un invitado a una cena comparó al actor con Marcello Mastroianni por su capacidad para infundir levedad a dramas más bien emotivos, el director explicó que su ópera prima “dependía del intérprete; tenía que llevar la película con humor y ligereza”. Cuarón añadió que “Daniel se convirtió no solo en un colaborador, sino en un cocreador de lo que acabó siendo la película”.

Giménez Cacho recuerda que estaba indeciso, pues era su primer papel protagónico en una película.

“Siempre tuve muchas dudas” respecto al papel de un mujeriego cuyas travesuras le pasan factura, dijo Giménez Cacho. “Las sigo teniendo, pero ahora tengo 61 años. Me sentía muy inseguro, así que fue muy bonito descubrir mi vena cómica”.

Para su conmovedora película de viajes por carretera “Y tu mamá también”, una década después, Cuarón quería un narrador masculino que evocara a los de “Masculino femenino” y “Banda aparte”, de Jean-Luc Godard.

Mientras buscaba una voz objetiva que añadiera un contexto irónico, pensó en alguien con acento español y le pidió al director Fernando Trueba que lo intentara.

Al final, Cuarón recurrió a Giménez Cacho (a pesar de que pensó que el tono del actor podría ser demasiado cálido para esa tarea) y se sorprendió por la concordancia orgánica entre la voz y las imágenes. El actor grabó el texto antes de ver el material visual.

“No había pensado en Daniel porque estaba buscando voces, no estaba pensando en actores, y, de nuevo, fue un error tonto”, admitió Cuarón. “Sabía perfectamente que tenía que tener cierta distancia brechtiana, pero al mismo tiempo no hacerla tan lejana”.

El actor comentó con una sonrisa de satisfacción: “Nunca he sido su primera opción, pero ya que no le gusta nadie más, no tiene más opción que decir: ‘Bueno dejen que este cabrón lo haga’”.

Guillermo del Toro: ‘El mejor actor de nuestra generación’.

Mucho antes de convertirse en director, Del Toro fue maquillador de efectos especiales y conoció a Giménez Cacho en 1990, mientras le aplicaba tierra falsa y una barba artificial durante el rodaje de la obra de época ambientada en el desierto de Nicolás Echevarría, “Cabeza de Vaca”.

Con una curiosidad incisiva, Giménez Cacho le hizo preguntas detalladas a Del Toro sobre el proceso de transformación. El futuro cineasta se dio cuenta de que el actor tenía un compromiso obsesivo con cada aspecto de su trabajo, algo con lo que podía identificarse. Se hicieron amigos de inmediato.

Del Toro lo apodó el Niño Sapo, al reconocer en Giménez Cacho una alteridad afín. “Decíamos que éramos un par de bichos raros”, recordó el cineasta a través de una videollamada. Poco después, del Toro fabricó una réplica del brazo del actor para una escena de “Solo con tu pareja”, la película de Cuarón.

Según Del Toro, al principio de la carrera del actor, tanto él como otros cineastas como Estrada, Cuarón y Carlos Marcovich “coincidíamos en que era el mejor actor de nuestra generación… y sigo pensando lo mismo”.

Con base en su relación y en el trabajo del actor con el grupo de teatro de vanguardia El Milagro, Del Toro le ofreció el ahora emblemático papel de Tito, un director funerario malhablado pero entregado a su trabajo en su ópera prima, “Cronos” (1994).

“Estoy muy agradecido de que me invitara a interpretar este personaje en ‘Cronos’, porque, aunque fuera un papel pequeño, fue brillante y memorable”, dijo Giménez Cacho.

Alejandro G. Iñárritu: “Sabía que iba a facilitar mi trabajo”.

Giménez Cacho e Iñárritu coincidieron por primera vez en una fiesta en Los Ángeles tras el estreno de “Grandes esperanzas”, de Cuarón, en 1998, pero pasó un buen tiempo antes de que pudieran trabajar juntos en una película.

Iñárritu describió su primera reunión para trabajar en “Bardo” como una “conexión cósmica”, pues la afinidad compartida por la meditación y una comprensión mutua de la similitud de sus viajes interiores se convirtieron en la base poco convencional de su trabajo juntos.

Aunque Iñárritu no había escrito el papel de Silverio Gama pensando en un actor en particular, sabía que Giménez Cacho daría en el clavo incluso antes de haber leído una sola página del guion.

“Me di cuenta de que estaba en el mismo lugar que yo a nivel personal, filosófico, espiritual e intelectual”, dijo Iñárritu durante una videollamada. “Más allá de sus dotes artísticas, que son muchas, sabía que facilitaría mi trabajo porque compartía la sensibilidad de lo que yo buscaba”.

Aunque Iñárritu abordó detalles íntimos de sus propios recuerdos en Silverio, un documentalista que navega tanto por su mortalidad como por su identidad mexicana en viñetas fantasiosas, veía al personaje como una entidad ficticia, no como un reflejo exacto de sí mismo.

Esa búsqueda de identidad hizo eco en Giménez Cacho, quien a principios de la década del 2000 intentó hacer carrera en España, pero descubrió que no podía verse a sí mismo más que como mexicano. Para encarnar a Silverio, no imitó a Iñárritu, sino que canalizó sus propias inquietudes y preguntas.

“Lo que hago con todos los personajes es aportar lo que soy, mis vivencias y mis recuerdos, pero lo hice aún más aquí”, señaló Giménez Cacho. “Como el personaje no estaba diseñado, tuve que tratar de encontrarlo en mi interior”.

Iñárritu compara a Giménez Cacho con el actor británico Peter Sellers por la flexibilidad de su registro y lo describe como un haiku encarnado porque con una modulación mínima puede lograr la máxima emoción.

“En ‘Bardo’ hace lo que pocos actores son capaces de hacer, que es borrar el artificio de la actuación para alcanzar la esencia y la presencia de algo honesto y veraz”, concluyó Iñárritu. “Para eso se necesita mucha confianza interior. Esa es la cima más alta de la actuación”.

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