Los últimos días de Epstein: hablaba de su relación con los famosos, se quejaba de la fuga del inodoro y engañó a todos hasta el final

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Fotografía del ingreso a prisión de Jeffrey Epstein de julio de 2019, cuando fue detenido en un aeropuerto de Nueva Jersey tras volar desde París en un avión privado. (Departamento de Justicia de Estados Unidos vía The New York Times)
Fotografía del ingreso a prisión de Jeffrey Epstein de julio de 2019, cuando fue detenido en un aeropuerto de Nueva Jersey tras volar desde París en un avión privado. (Departamento de Justicia de Estados Unidos vía The New York Times)

NUEVA YORK — El financiero caído en desgracia, encarcelado en Manhattan por cargos federales de tráfico sexual de niñas adolescentes, fue encontrado inconsciente en el suelo de su celda una mañana de julio de 2019, con una franja de sábana atada alrededor del cuello amoratado.

En las horas y días que siguieron a ese intento de suicidio, Jeffrey Epstein aseguraría estar viviendo una "vida maravillosa", negando cualquier pensamiento de acabar con ella, incluso mientras se encontraba en vigilancia antisuicidio y enfrentaba a desalentadores problemas judiciales.

“No tengo ningún interés en suicidarme”, dijo Epstein a un psicólogo de la cárcel, según documentos de la Oficina de Prisiones que no se habían hecho públicos anteriormente. Era un “cobarde” y no le gustaba el dolor, explicó. “No me haría eso a mí mismo”.

Pero dos semanas después, lo hizo: murió en su celda el 10 de agosto en el Centro Correccional Metropolitano, luego de ahorcarse con una sábana, dictaminó el médico forense.

Hasta el final

Tras una vida de manipulación, Epstein fabricó ilusiones hasta el final, pues engañó a los funcionarios de prisiones, a los consejeros y a los reclusos especialmente entrenados que se le asignaron para vigilarlo las 24 horas, según los documentos, entre los que figuran más de 2000 páginas de registros de la Oficina Federal de Prisiones obtenidos por The New York Times tras presentar una demanda en virtud de la Ley de Libertad de Información.

Las detalladas notas e informes compilados por aquellos que interactuaron con Epstein durante sus 36 días de detención muestran que en repetidas ocasiones aseguró que tenía muchos motivos para vivir, aunque al mismo tiempo insinuaba sentirse abatido. Los indicios hicieron que los funcionarios de la cárcel y de la oficina no hicieran mucho y cometieron un error tras otro que al final condujeron a la muerte de Epstein, según revelan los registros.

Además de las cuestiones judiciales y administrativas, el conjunto de registros proporciona la visión más íntima y detallada hasta ahora de los últimos días de Epstein y ofrece algo que a menudo falta en los relatos públicos: su voz.

Los registros recién publicados muestran que Jeffrey Epstein, el financiero caído en desgracia, vivía una existencia mundana en la cárcel antes de su suicidio, mientras engañaba a todos hasta el final. (Mel Haasch/The New York Times)
Los registros recién publicados muestran que Jeffrey Epstein, el financiero caído en desgracia, vivía una existencia mundana en la cárcel antes de su suicidio, mientras engañaba a todos hasta el final. (Mel Haasch/The New York Times)

Pasó muchos días encerrado en una sala de conferencias con sus abogados, para evitar los confines de su celda húmeda y sucia. En conversaciones con psicólogos y otros reclusos, habló de su interés por la física y las matemáticas y ofreció consejos sobre inversiones. Recordaba cómo se relacionaba con los famosos, aunque se quejaba de que el inodoro de su celda tenía una fuga, de la vestimenta naranja de la prisión, de su dificultad para dormir, de su deshidratación y del entumecimiento de su brazo derecho.

Y aunque Epstein antes se codeaba con políticos, científicos y titanes de Wall Street, ahora se limitaba a conversar sobre la comida en el centro de detención de 12 pisos.

“Epstein quiere saber quién es el mejor cocinero del ala 11 Norte”, escribió un preso.

Incompetencia y dejadez

Los registros recién obtenidos no sustentan el auge de las teorías conspirativas de que la muerte de Epstein no fue un suicidio. Tampoco arrojan luz sobre las cuestiones planteadas por su hermano y uno de sus abogados de que podría haber recibido ayuda para suicidarse. Sin embargo, sí que muestran una imagen de incompetencia y dejadez por parte de algunos miembros de la Oficina de Prisiones, la cual gestiona el centro de detención federal.

Un formulario de admisión describía por error a Epstein como un hombre negro (era blanco) e indicaba que no tenía condenas previas por delitos sexuales, a pesar de que tenía antecedentes como delincuente sexual con dos condenas en 2008 en Florida, por solicitud de prostitución y captación de menores para que ejercieran la prostitución. Los registros muestran que algunas de las llamadas telefónicas sociales que realizó no fueron grabadas, registradas ni controladas, lo que constituye una aparente violación de la política carcelaria.

Su última noche

La noche en que se suicidó, Epstein mintió a los funcionarios de la cárcel y dijo que quería llamar a su madre, que hacía tiempo que había muerto. En cambio, llamó a su novia. El personal de la cárcel lo dejó solo en su celda esa noche, a pesar de una directiva explícita de que se le asignara un compañero de celda.

Dos días después del suicidio, William Barr, entonces fiscal general de Estados Unidos, dijo que había “graves irregularidades” en el centro penitenciario, pero no dio más detalles. Más tarde, achacó lo sucedido a “una tormenta perfecta de metidas de pata”.

Una reconstrucción psicológica de 15 páginas sobre la muerte de Epstein, recopilada por funcionarios de la misma oficina cinco semanas después y que nunca se había hecho pública, concluía que su identidad “parecía estar basada en su riqueza, poder y asociación con otros individuos de alto perfil”.

FILE — Audrey Strauss, acting U.S. attorney for the Southern District of New York, points to a photo of Jeffrey Epstein and Ghislaine Maxwell during a news conference in New York, July 2, 2020. Maxwell spent the first half of her life with her father, a rags-to-riches billionaire who looted his companies' pension funds before dying a mysterious death. She spent the second with another tycoon, Jeffrey Epstein, who died while charged with sexually abusing teenage girls. Now, after a life of both scandal and luxury, Maxwell's next act will be decided by a U.S. trial. (AP Photo/John Minchillo, File)
. (AP Photo/John Minchillo, File)

“La falta de conexiones interpersonales significativas, la pérdida total de su estatus tanto en la comunidad como entre los asociados, y la posibilidad de pasar su vida en prisión”, continuaba el análisis póstumo, “fueron probablemente factores que contribuyeron al suicidio de Epstein”.

La Oficina de Prisiones, en un comunicado, declinó hacer comentarios sobre la detención de Epstein, pero dijo que “el alojamiento seguro y humano de los reclusos es la máxima prioridad de la Oficina de Prisiones”.

La oficina dijo que había formado un grupo de trabajo para abordar las implicaciones para la salud mental de alojar a los reclusos solos y que se había comprometido a mejorar su programa de prevención del suicidio, incluyendo “seguir formando al personal de la Oficina de Prisiones en la prevención del suicidio, la evaluación de riesgos y las respuestas de emergencia”.

Este otoño, el Departamento de Justicia, citando las malas condiciones de la cárcel, la cerró de manera temporal y trasladó a sus presos a otras instalaciones.

‘Hablando de celebridades’

La estancia de Epstein en el centro de detención comenzó el sábado 6 de julio de 2019, después de su arresto en el Aeropuerto de Teterboro Airport en Nueva Jersey, a donde había aterrizado proveniente de París en un jet privado. Un auto de consignación acusaba a Epstein, de 66 años, de haber reclutado a decenas de adolescentes durante años para que participaran en actos sexuales en su mansión en Manhattan y su finca en Palm Beach, Florida, y les pagaba cientos de dólares en efectivo.

De ser sentenciado, se enfrentaba a 45 años en prisión.

En un principio, se le colocó en la población general de reclusos, la zona menos restrictiva del centro penitenciario. En un correo electrónico interno, Hugh Hurwitz, entonces director en funciones de la Oficina de Prisiones, atribuyó posteriormente este hecho a un descuido del Servicio de Alguaciles de Estados Unidos (USMS, por su sigla en inglés). “Al parecer, el USMS no indicó que se trataba de un recluso de alto perfil y el personal no sabía que iba a venir, por lo que no se había establecido ningún plan”, escribió.

Esa noche, según la reconstrucción post mortem, una asistente de las instalaciones encontró a Epstein en su celda con un aspecto “angustiado, triste y un poco confuso”, dijo en un correo electrónico a tres funcionarios de la cárcel.

Cuando la asistente le preguntó si estaba bien, él dijo que sí. Pero ella no estaba convencida, escribió. “Parece aturdido y retraído”.

Añadió: “Solo para estar seguros y prevenir cualquier pensamiento suicida, ¿puede venir alguien de Psicología a hablar con él?”.

Al principio nadie lo hizo, según los registros.

El domingo 7 de julio, el director del centro, Lamine N'Diaye, enmendó el error y reconoció que Epstein era “de alto perfil” y lo trasladó a la Unidad de Alojamiento Especial, o SHU, en la novena planta, por “preocupación por su seguridad personal en población general”, según el correo electrónico de Hurwitz.

Pero no fue sino hasta las 9:30 de la mañana de ese lunes que Epstein fue llevado a una evaluación psicológica inicial, como se había sugerido cuando llegó.

From left, American real estate developer Donald Trump and his girlfriend (and future wife), former model Melania Knauss, financier (and future convicted sex offender) Jeffrey Epstein, and British socialite Ghislaine Maxwell pose together at the Mar-a-Lago club, Palm Beach, Florida, February 12, 2000. (Photo by Davidoff Studios/Getty Images)
En conversaciones con psicólogos y otros reclusos, Epstein habló de su interés por la física y las matemáticas y ofreció consejos sobre inversiones. Recordaba también cómo se relacionaba con los famosos. En esta imagen en Mar-a-Lago en 2000 aparece Epstein con Donald Trump, su esposa Melania y su amiga y exnovia Ghislaine Maxwell, que fue acusada el año pasado de tráfico sexual y otros delitos y enfrenta un juicio este mes en Manhattan. (Photo by Davidoff Studios/Getty Images)

Esa tarde, Epstein tenía que hacer su primera comparecencia ante el tribunal. Anticipando que se le denegaría la fianza, el psicólogo principal de la cárcel recomendó que se evaluara el riesgo de suicidio a su regreso, dada la atención mediática y la naturaleza de los cargos.

“Es probable que el recluso Epstein reciba malas noticias en el tribunal hoy y tiene múltiples factores de riesgo de suicidio según las estadísticas de la Oficina de Prisiones”, escribió el psicólogo. “Seamos proactivos”.

Ya era tarde cuando regresó de la audiencia, así que Epstein fue trasladado a “observación psicológica” (un estatus menos restrictivo que la vigilancia antisuicidio) en el que los llamados compañeros de prisión se turnaban para vigilarlo en su celda y reportaban sus actividades cada 15 minutos.

Epstein se pasaba las noches dando vueltas en su celda, apenas dormía y hablaba con otros reclusos, según las notas manuscritas tomadas por quienes lo observaban.

‘Estar vivo es divertido’

La mañana del martes 9 de julio, Epstein fue sometido a la evaluación de riesgo de suicidio formal, una entrevista en persona. A la psicóloga, cuyo nombre fue censurado en los documentos, le pareció que Epstein era educado, cooperativo, organizado, coherente e incluso mostraba sentido del humor.

“Epstein negó rotundamente cualquier ideación, intención o plan suicida”, escribió en sus notas. Pidió una llamada telefónica, una reunión con su abogado, una ducha y lavarse los dientes.

Epstein se describió a sí mismo como un banquero con un “gran negocio” y dijo que “estar vivo es divertido”. Negó haber abusado sexualmente de nadie y dijo que tendría una nueva audiencia de fianza la semana siguiente, donde creía que sería liberado.

“Estaba viendo al futuro”, escribió la psicóloga.

Llegó a la conclusión de que la vigilancia antisuicidio no estaba justificada, pero que “por precaución” Epstein debía permanecer en observación psicológica.

El 18 de julio, fue evidente que era poco probable que Epstein regresara a su vida y volviera a estar con sus amigos en el futuro próximo, o alguna vez, cuando el juez Richard Berman le negó una solicitud de fianza renovada. Cinco días después, en la madrugada del 23 de julio, Epstein intentó suicidarse.

La negativa de la fianza fue considerada “una gran decepción para Epstein y tal vez puso en tela de juicio su capacidad y voluntad de adaptarse al encarcelamiento”, según la reconstrucción psicológica post mortem.

“Dada la posible repercusión de la decisión del juez, un psicólogo debería haber evaluado el estado mental de Epstein a su regreso a la institución”, se leía en el informe.

Según los documentos, se le retiró la vigilancia antisuicidio después de unas 31 horas y se le puso de nuevo en observación psicológica.

En conversaciones con personas de los servicios psicológicos durante la semana siguiente, Epstein negó tener pensamientos suicidas en varias ocasiones. Sonreía y hacía bromas. Les dijo que era judío y que el suicidio iba en contra de su religión.

También reiteró sus quejas sobre la fuga del inodoro de su celda, que lo hacía sentirse agitado durante horas. “Dijo que se sentaba en un rincón y se tapaba los oídos”, escribió un psicólogo. Epstein especuló con la posibilidad de que tuviera autismo, señalando que el personaje autista de Dustin Hoffman en “Cuando los hermanos se encuentran” tenía aversión al ruido.

Algunos miembros del sistema judicial expresaron su preocupación por su estado mental. Los alguaciles federales que lo escoltaron a una vista judicial el 31 de julio volvieron con un “Aviso de alerta de custodia de presos”, que decía que Epstein podría tener “tendencias suicidas”.

Esto provocó otra evaluación del riesgo de suicidio por parte de un psicólogo. Epstein volvió a negar tener pensamientos suicidas. Según los documentos, el psicólogo se convenció de que no estaba justificada la vigilancia para evitar el suicidio.

“Declaró que vive y planea terminar este caso y volver a su vida normal”, escribió el psicólogo.

Entre los documentos obtenidos por el Times había un cartel sin fecha, en papel naranja, que decía: “DEBEN HACERSE RONDAS OBLIGATORIAS CADA 30 MINUTOS A EPSTEIN #76318-054 ¡¡¡POR DIOS!!!!".

FILE — This photo provided by the New York State Sex Offender Registry, shows Jeffrey Epstein, March 28, 2017. When Jeffrey Epstein’s longtime companion Ghislaine Maxwell goes on trial next week, the accuser who captivated the public most, with claims she was trafficked to Britain’s Prince Andrew and other prominent men, won’t be part of the case. (New York State Sex Offender Registry via AP, File)
La estancia de Epstein en el centro de detención comenzó el sábado 6 de julio de 2019, después de su arresto en el Aeropuerto de Teterboro Airport en Nueva Jersey, a donde había aterrizado proveniente de París en un jet privado.(New York State Sex Offender Registry via AP, File)

La palabra “obligatorias” estaba mal escrita y subrayada con bolígrafo y tras ella se había escrito un signo de interrogación. Los registros no ofrecían ninguna explicación sobre el letrero y los funcionarios de la oficina se negaron a responder a preguntas sobre el mismo.

El último día

Cuando regresó al SHU el 30 de julio, a Epstein se le asignó un compañero de celda, Efraín Reyes, un preso que estaba ayudando al gobierno en un caso de asociación delictuosa para la distribución de drogas. Epstein se quejaba de que las conversaciones de este hombre no lo dejaban dormir por la noche.

Todo cambió el 9 de agosto, cuando Reyes fue trasladado fuera de la cárcel y se alertó al personal de que Epstein necesitaría un nuevo compañero de celda.

Afectado por nuevas revelaciones 

Ese mismo día (la víspera de la muerte de Epstein), mientras estaba reunido con sus abogados en una sala de conferencias, un tribunal federal de apelaciones dio a conocer alrededor de 2000 páginas de documentos hasta entonces confidenciales de una demanda por difamación contra Ghislaine Maxwell, su antigua socia y exnovia. Maxwell, que fue acusada el año pasado de tráfico sexual y otros delitos, enfrenta un juicio este mes en Manhattan.

Los materiales revelaron detalles muy perturbadores de la supuesta red de tráfico sexual de Epstein, incluidas declaraciones gráficas, informes policiales y un recibo de Amazon de libros como “Training with Miss Abernathy: A Workbook for Erotic Slaves and Their Owners”.

Más tarde, los funcionarios dedujeron en la reconstrucción psicológica que la divulgación de los documentos empeoró su estado mental, lo cual ”erosionó aún más el estatus elevado del que gozaba anteriormente e implicó a algunos de sus socios”.

Esa noche, según la reconstrucción, un encargado de la unidad del centro de detención ayudó a Epstein a hacer una llamada telefónica “social”. El encargado llamó a Epstein y le dejó hablar durante 15 minutos. La llamada no fue registrada como es debido y no parece haber sido grabada. No está claro en los documentos si la llamada se realizó a través de una línea vigilada.

“Le pregunté al preso Epstein a quién llamaba”, escribió el director de la unidad. “Dijo que a su madre”.

La madre de Epstein murió en 2004. La llamada era a su novia de 30 años, Karyna Shuliak, a la que ayudó con contribuciones económicas para cursar la carrera de Odontología, dijeron tres personas con conocimiento de la conversación telefónica. Epstein, dijeron, no dio ninguna indicación durante la llamada de que planeaba suicidarse.

Sin embargo, la llamada de esa noche no figura en los registros telefónicos facilitados al Times por la Oficina de Prisiones. Los registros solo muestran una llamada social durante su estancia; más de una semana antes, el 30 de julio, a Shuliak.

Ella es una de las mayores beneficiarias de varios fideicomisos que Epstein creó a lo largo de los años, según tres personas informadas del asunto. Shuliak declinó hacer comentarios a través de su abogado, Maurice Sercarz.

Tras finalizar la llamada, Epstein volvió a su celda, donde estaba solo porque aún no se le había asignado un nuevo compañero de celda. También se quedó sin la vigilancia de dos agentes de guardia, a los que los fiscales acusaron más tarde de pasar el tiempo navegando por internet y al parecer dormidos (en mayo, los dos agentes llegaron a un acuerdo de aplazamiento del juicio por la acusación de haber falsificado los registros de la cárcel sobre el control de Epstein).

A las 6:30 de la mañana siguiente, lo encontraron con una sábana atada al cuello como un lazo. Fue declarado muerto una hora después.

Unos dos meses después de la muerte de Epstein, un recluso que parece haber trabajado en la cocina envió un correo electrónico al Departamento de Psicología sobre una conversación que tuvo con un hombre cuya celda había estado junto a la de Epstein.

Dijo que el otro recluso le había dicho: “En definitiva, Jeffrey Epstein se suicidó. Cualquier teoría de conspiración que diga lo contrario es ridícula”. El hombre había oído a Epstein “hacer jirones su sábana antes de suicidarse”, escribió el trabajador de la cocina.

“Quería suicidarse y aprovechó la oportunidad cuando estuvo disponible”, añadió. “Así es la vida… o la muerte, en este caso”.

Si tienes pensamientos suicidas y estás en Estados Unidos, llama a la Línea Nacional de Prevención del Suicidio al 1-800-273-8255 (TALK).

Puedes encontrar una lista de líneas de ayuda para prevenir el suicidio fuera de Estados Unidos en findahelpline.com.

Se pueden encontrar recursos adicionales en SpeakingOfSuicide.com/resources.

© 2021 The New York Times Company

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