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Otro cumpleaños sin poder abrazar a Alaa Abdelfatah

El Cairo, 18 nov (EFE).- Laila Soueif ya no recuerda la última vez que la familia al completo se juntó para celebrar el cumpleaños de su hijo Alaa Abdelfatah, el reconocido activista egipcio-británico que lleva una década encerrado en varias cárceles egipcias por defender la democracia y cuyo caso ha dado la vuelta al mundo.

Hoy Alaa cumple 41 años, pero una vez más pasará este día señalado apartado de sus seres queridos, en una celda de la cárcel de Wadi al Natrun en la que compartirá con sus compañeros presos un pastel que le llevó su familia ayer, cuando pudieron verle en persona por primera vez en casi un mes.

Sin embargo, puede que no sea capaz ni de ingerir la tarta, según su familia, ya que hace unos días puso fin a una huelga de hambre y también a una de agua iniciada coincidiendo con la celebración de la cumbre del clima COP27 para protestar contra su encarcelamiento.

Su cuerpo necesita tiempo para recuperarse poco a poco.

"Creo recordar que solo celebró uno de sus cumpleaños con nosotros, es posible que ninguno, incluso. Estoy tratando de acordarme, pero creo que solo fue uno en los últimos diez años", dijo a EFE la madre del activista y también defensora de los derechos humanos en su casa en El Cairo.

Pero Laila, que a sus 66 años es el eje principal de una estirpe de activistas que han incomodado a los diferentes gobiernos egipcios desde hace más de medio siglo, sí recuerda y echa de menos las grandes fiestas de cumpleaños de Alaa, en las que se juntaban "más de cincuenta personas" en su humilde apartamento, escenario de risas y abrazos.

Este viernes, día festivo en la mayoría de países musulmanes, tampoco podrá acercarse a la prisión para verle, ni siquiera desde el otro lado del cristal de la sala de visitas, puesto que el centro permanece cerrado.

UNA MADRE CONTRA EL MUNDO

Alaa fue una de las principales figuras de la revolución egipcia que en 2011 tumbó al régimen de Hosni Mubarak y, desde entonces, su vida y su sueños quedaron recluidos en una celda. El activista cumplió una condena de cinco años por organizar una protesta y fue brevemente puesto en libertad condicional hasta ser arrestado de nuevo en 2019.

Desde entonces, permaneció en prisión preventiva hasta que fue condenado en 2021 a otro lustro por "difundir noticias falsas" tras compartir en Facebook una publicación sobre las violaciones de los derechos humanos en las cárceles de Egipto.

Su madre, junto a sus hermanas Sanaa y Mona, han liderado una campaña durante todos estos años para que Alaa sea puesto en libertad, algo que les ha costado también ser encarceladas y agredidas por las fuerzas de seguridad, cuenta Laila, que incluso ha llegado a acampar delante de la prisión para pedir "pruebas de vida" de Alaa.

Aunque sus hijas residen en el Reino Unido, desde donde presionan al Gobierno británico, Laila ha decidido quedarse en Egipto para luchar por Alaa, pese a los riesgos que eso supone.

"No tengo miedo, porque soy una madre y porque Alaa está en prisión, eso es lo peor que puede pasar. Ser arrestada no sería una carga adicional", asegura la madre del activista en su salón, decorado con fotografías de la familia y de la campaña para liberar al activista.

"Lo que ha hecho este régimen es mucho peor. Está reteniendo a mi hijo, torturando a mi hijo y han encarcelado y golpeado a mi hija. Ya no hay nada de lo que tener miedo, porque mi seguridad personal es mucho menos importante que la de mis hijos", asevera.

UNA LUCHA INTERMINABLE

A pesar de todo lo vivido, Laila nunca pierde la sonrisa ni el sentido del humor.

Asegura que está "bien", porque siempre lo está "cuando hay una batalla por delante", y más ahora que sabe que Alaa está vivo tras no saber nada de él desde que había empezado su huelga de sed el pasado 6 de noviembre.

Su familia ha recabado el apoyo de la comunidad internacional y el caso de Alaa ha dado la vuelta al mundo, pero el Gobierno del presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, no deja de atormentarles debido a "su obsesión" por "parar a cada persona que se opone y que no para de oponerse a él".

En los últimos años, el día a día de Laila se resume en sus constantes visitas a prisión y a la Universidad de El Cairo, donde da clases de Matemáticas, su otra gran pasión que, asegura, le "ayuda a seguir tirando" en estos tiempos.

"Quiero volver a mi vida normal, trabajar dando clases con mis estudiantes. Ser una activista a tiempo parcial y una profesora a tiempo completo, porque eso es lo que yo era desde el principio y es lo que quiero volver a ser", sentencia.

Por Carles Grau Sivera

(c) Agencia EFE