Cuando Harland Sanders (creador del KFC) quiso acabar con su competencia haciendo trampas

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Harland Sanders ha pasado a la historia por ser el creador de la famosísima cadena de pollo frito ‘KFC’ (acrónimo de Kentucky Fried Chicken), siendo conocido mundialmente por su sobrenombre de ‘Coronel Sanders’, aunque dicho título militar jamás lo alcanzó, ya que lo recibió como regalo, en 1935, de manos de su amigo Ruby Laffoon, gobernador de Kentucky (algo muy similar a lo ocurrido con el ‘Coronel Parker’, el polémico manager de Elvis Presley, de quien hablé en otro artículo).

Tarjeta de visita que utilizaba Harland Sanders ‘Coronel Sanders’ creador del imperio de restaurantes de pollo frito KFC (imagen vía bluemaumau - Flickr)
Tarjeta de visita que utilizaba Harland Sanders ‘Coronel Sanders’ creador del imperio de restaurantes de pollo frito KFC (imagen vía bluemaumau - Flickr)

A pesar del éxito obtenido por su franquicia, a partir de mediados de la da década de 1950, Harland Sanders tuvo que trabajar muy duro desde temprana edad con el fin de ayudar a la maltrecha economía familiar, al quedar huérfano de padre a los cinco años y tener que realizar tareas de adulto tras tener que abandonar los estudios poco después y realizar tares de granjero, además de domésticas, aprendiendo a cocinar a muy pronta edad (algo que sería clave para triunfar en los negocios como emprendedor en sus años de adulto).

Con muchísimo esfuerzo, en 1929 (cuando contaba con 39 años de edad) y coincidiendo con el inicio de la crisis económica (conocida como ‘Gran Depresión’) Sanders abrió una pequeña estación de servicio a las afueras de la población de North Corbin (Estado de Kentucky), aunque el negocio no se encontraba en una carretera demasiado transitada y los automóviles que pasaban por allí y que se convertían en potenciales clientes tanto para repostar gasolina como para comer en la cafetería que habilitó (a la que llamó ‘Sanders Cafe’) y en el que comenzó a servir un plato de pollo frito cuya receta la había inventado él mismo.

El hecho de que la estación de servicio no estuviese colocada en una ruta obligatoria de paso hacía que el negocio no terminara de arrancar, aunque lo clientes que sí habían parado allí podían dar fe del delicioso menú de pollo frito que Sanders servía.

Por tal motivo, Harland Sanders había contratado una valla publicitaria en una de las vías principales de acceso y que indicaba dónde se encontraba su gasolinera y cafetería, pero, lamentablemente, aquel cartel se convirtió en uno de los puntos de mayor distracción de la zona, ya que servía de entretenimiento para mayores y niños a la hora de probar sus armas y disparar(en una región y época en el que el uso de revólveres y rifles era de uso común a todas las edades).

Harto de que su valla fuese agujereada continuamente, Harland Sanders pensó otro método para publicitarse y atraer hacia su negocio a los viajeros que por allí transitaban y necesitaban repostar combustible, descansar (en un momento en el que los viajes por carretera, por cortos que fuesen, duraban muchísimas horas) y degustar su cada vez más exitoso pollo frito. Para ello decidió colocar los carteles señalando hacia su estación de servicio junto a los graneros que habían repartidos por las diferentes carreteras que circunvalaban la población de North Corbin.

Sanders sabía que a nadie se le ocurriría disparar contra un cartel que se encontraba en un granero, debido a que dentro, muy posiblemente, podría haber ganado y, por tanto, no se arriesgarían a herir o matar ningún animal (con las consecuencias que ello tendría).

Aquella nueva ubicación de sus carteles dieron rápido resultado, siendo frecuente el desvío de numerosos conductores hacia la carretera en la que se encontraba la estación de servicio y cafetería de Harland Sanders.

Y es que este avispado empresario había hecho una trampa. Los carteles no citaban claramente su negocio, sino que indicaban con una flecha un desvío hacía la carretera que iba desde North Corbin hasta Lexington (la segunda ciudad más importante Kentucky y destino de la mayoría de viajeros que iban a hacer negocios). Pero aquella carretera en la que se encontraba la estación de servicio de Sanders no era el camino más corto ni el principal, lo que provocaba más kilómetros recorridos y gasto de combustible de los automóviles y, por tanto, tener que parar obligatoriamente a repostar en su gasolinera.

Pero había una persona a la que aquella estrategia publicitaria en los graneros no le parecía del todo bien y trató de sabotear los nuevos anuncios. Se trataba de Matt Stewart, un empresario local que también era propietario de una gasolinera (la Standard Oil) en las inmediaciones de North Corbin y al que los carteles de Sanders perjudicaban, ya que los conductores se desviaban del trayecto y no pasaban por la carretera donde se encontraba su estación de servicio.

A principios de 1931, Harland Sanders se enteró de que alguien se dedicaba a sabotear y pintar sus carteles publicitarios, llegando a sus oídos que se trataba de su más directo competidor, Matt Stewart, teniendo algún que otro rifirrafe con él que no había ido más allá de unos insultos, cuatro gritos y alguna amenaza (por ambas partes), aunque sin llegar a las manos.

Fue a primera hora del 7 de mayo, de aquel mismo año, cuando, estando en su estación de servicio junto a dos supervisores de la compañía Shell (Robert Gibson y Carlyle Shelbourne), de la que servía el combustible, se presentó un muchacho que indicó a Harland Sanders que había visto a Matt Stewart borrando con pintura uno de los carteles que desviaban hacia aquella gasolinera.

Sanders, Gibson y Shelbourne subieron a un auto y se dirigieron hacia aquel lugar, pillando a Matt Stewart en pleno trabajo de borrado del cartel. Tras bajar del coche y un acalorado intercambio de reproches, amenazas e insultos, también lo hubo de tiros, habiendo sacado sus revólveres los presentes y disparando.

Matt Stewart quedó herido, aunque no de gravedad, pero un tiro efectuado por este impactó en Robert Gibson, causándole la muerte poco después (mientras era trasladado a un hospital).

Testigos de lo sucedido indicaron que quien disparó primero su arma de todos ellos fue Matt Stewart y, por tanto, la fiscalía no dudó en acusarlo y llevar a juicio como responsable del asesinato de Robert Gibson, siendo declarado culpable y sentenciado a una pena de 18 años de cárcel, mientras que Harland Sanders y Carlyle Shelbourne quedaron libres y sin cargos.

En 1933, mientras se encontraba a la espera de entrar en prisión, el ayudante del Sheriff de North Corbin asesinó de un disparo a Matt Stewart sin que haya trascendido el motivo y causa. Muchas fuentes apuntan que el agente policial tenía vínculos personales con miembros de la familia de Robert Gibson y que, muy posiblemente, estos le encargasen el crimen, aunque también hay quien señala que aquel asesinato sería un encargo directo de Harland Sanders, quien de esta manera se quitaba de encima a su competencia directa, algo que ha sido descartado por la inmensa mayoría de historiadores, que afirman que Sanders intervino en el tiroteo del 7 de mayo, pero nada tuvo que ver con el posterior asesinato de Stewart dos años después.

Lo que sí es verdad es que, sin la competencia en activo, la estación de servicio de Sanders despegó definitivamente, al mismo tiempo que su negocio de restauración (Sanders Café), convirtiéndose dos décadas después en el ‘Kentucky Fried Chicken’ (KFC)uno de los restaurantes de pollo frito más famosos de los Estados Unidos (el primero de aquel tipo en ser franquiciado) y posteriormente de todo el planeta.

Fuentes de consulta e imagen: todayifoundout / medium / Colonel Sanders and the American Dream / gizmodo/ Time/ bluemaumau (Flickr)

Vídeo | La receta sencilla para poder hacer un pollo como el del KFC en casa

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