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Los críticos del papa se dan cuentan de que ya se le acabó la paciencia

El obispo Joseph Strickland, a la izquierda, se dirige a sus simpatizantes afuera de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos en el hotel Marriot Waterfront, en Baltimore, el miércoles 15 de noviembre de 2023. (Wesley Lapointe/The New York Times).
El obispo Joseph Strickland, a la izquierda, se dirige a sus simpatizantes afuera de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos en el hotel Marriot Waterfront, en Baltimore, el miércoles 15 de noviembre de 2023. (Wesley Lapointe/The New York Times).

El miércoles, mientras el papa Francisco sonreía con amabilidad a los cirqueros que hacían piruetas frente a él en su audiencia general semanal en el Vaticano, tenía toda la apariencia de un abuelo amoroso que, en la última década, ha buscado hacer de la Iglesia un lugar más amable, cálido e inclusivo.

Excepto para quienes sienten su ira.

Hay una sensación entre los analistas y conservadores del Vaticano de que Francisco, quien padece de una inflamación pulmonar que lo obligó a ausentarse de sus lecturas en el evento y a cancelar un viaje importante a Dubái este fin de semana, centra sus pocas energías cada vez más en ajustar cuentas y limpiar la casa.

El mes pasado, se ha concentrado en dos de sus críticos conservadores más asiduos y comprometidos en Estados Unidos, y en el año transcurrido desde el fallecimiento de su predecesor ortodoxo, Benedicto XVI, exilió a un antagonista que antes había estado protegido y tomó medidas en contra de otros que lo han acusado de destruir la Iglesia.

Aunque algunas personas se preguntan si su estado de salud delicado podría ser la razón de sus actos, Francisco, quien desde el inicio aseguró que no esperaba vivir mucho en el puesto, a menudo ha actuado con rapidez. Los analistas señalan que, cuando se trata de medidas personales, siempre ha sido así.

“Siempre ha actuado de esta manera”, aseveró Sandro Magister, observador veterano del Vaticano en la revista L’Espresso, quien citó casos de obispos que Francisco expulsó por divulgar públicamente conversaciones privadas o por hacerlo quedar mal o provocar un escándalo, independientemente de que tuvieran la culpa o no.

No obstante, Magister afirmó que la muerte de Benedicto XVI en diciembre pasado fue un verdadero catalizador para un periodo aún más intenso de “activismo frenético” contra sus oponentes, pues ya no se tenía la presencia del antiguo papa en los jardines del Vaticano.

Aunque los conservadores se han quejado durante mucho tiempo de que el pontífice, que se muestra tierno en público, en realidad ha actuado como un autócrata despiadado e impetuoso, los partidarios de Francisco, quien cumplirá 87 años el mes que viene y se mueve cada vez más lento por el uso de un bastón y una silla de ruedas, dicen que ha mostrado una paciencia muy superior a la de sus predecesores conservadores.

Pero sus allegados dicen que esa paciencia tiene su límite y después de años de permitir las críticas en aras de admitir debates de buena fe, Francisco ha llegado a la conclusión de que algunas de las diatribas tienen un origen político e ideológico.

Este mes, una investigación del Vaticano sobre el obispo de Tyler, Texas, Joseph Strickland, quien utiliza su amplia plataforma conservadora en radio e internet para criticar duramente al papa, produjo su destitución. La semana pasada, después de que el papa Francisco empezó a sentirse indispuesto, dijo en una reunión de jefes de oficinas eclesiásticas que tomaría medidas contra otro antagonista estadounidense, el cardenal Raymond Burke, al revocar su derecho a un departamento subvencionado en el Vaticano y a su salario porque, según uno de los asistentes, el estadounidense estaba “sembrando la desunión” en la Iglesia. El medio conservador italiano que informó por primera vez del posible desalojo de Burke, La Nuova Bussola Quotidiana, también afirmó que Francisco había llamado a Burke “mi enemigo”.

El miércoles por la tarde, el biógrafo del papa, Austen Ivereigh, declaró que Francisco negó haber llamado a Burke su enemigo. “Nunca utilicé la palabra ‘enemigo’, ni el pronombre ‘mi’”, escribió Francisco en una nota a Ivereigh.

Francisco también le dijo a Ivereigh que había decidido despojar a Burke de su departamento en el Vaticano y de su salario porque el prelado estadounidense había estado actuando en contra de la unidad de la Iglesia.

Un portavoz de Burke comentó el miércoles que el prelado no había recibido ningún aviso de desalojo.

“Su Eminencia no ha recibido ninguna notificación al respecto”, declaró el canónigo Erwan Wagner, secretario de Burke.

No obstante, aunque Burke pierda su contrato de arrendamiento, no acabará exactamente en la calle. Puesto que es una celebridad católica conservadora, sus apariciones en iglesias y conferencias suelen ir acompañadas de la promoción de sus numerosos libros. Es cercano a grupos conservadores bien financiados en Estados Unidos que apoyan sus campañas, además de que conserva el verdadero instrumento de su poder en la Iglesia: un voto en el próximo cónclave para elegir a un papa.

“Quitarle un departamento no es una sanción, es un gesto de despecho”, aseveró Alberto Melloni, historiador eclesiástico y director de la Fundación para las Ciencias Religiosas Juan XXIII en Bolonia. La destitución de Strickland fue más grave porque, mientras el castigo de Burke “fue administrativo, el otro fue sacramental”.

Melloni argumentó que Francisco ha sido durante mucho tiempo cauteloso a la hora de darles a sus oponentes motivos para quejarse y en el pasado ha tenido cuidado de no convertir en mártires a sus antagonistas; sin embargo, ahora, los conservadores se darán un festín con sus últimas medidas enérgicas y más adelante entrarán al próximo cónclave, la reunión de cardenales que selecciona al sucesor del papa, con la consigna de “nunca más”.

No obstante, si a los conservadores les preocupan las duras medidas adoptadas por Francisco en fechas recientes, los liberales han lamentado su inacción. Una y otra vez, el pontífice ha eludido las áreas de mayor interés dentro de la política de la Iglesia, como permitir sacerdotes casados, bendiciones para las uniones del mismo sexo o la comunión para los divorciados y los que se han vuelto a casar.

Una importante asamblea de obispos y laicos celebrada hace poco en el Vaticano provocó la condena de Burke, quien la describió como una toma de control hostil e ilegítima de la Iglesia católica por parte de grupos de interés progresistas; sin embargo, la reunión no sirvió para nada y decepcionó a los sectores que pedían un cambio significativo en el papel de las personas LGBTQ+ y de las mujeres que siguen a la Iglesia. Francisco se ha resistido firmemente a los esfuerzos de la Iglesia progresista alemana por moverse con independencia del Vaticano en cuestiones que van desde el celibato sacerdotal hasta las bendiciones a parejas del mismo sexo.

Pero después de que sus predecesores más conservadores reprimieron, e incluso despidieron, a los teólogos liberales, Francisco y su programa de reformas han sido claramente más favorables para los progresistas de la Iglesia, y desfavorables para los tradicionalistas acostumbrados a conseguir lo que querían.

c.2023 The New York Times Company