Coronavirus: "Recordamos que nadie se salva solo", clamó el Papa en un evento interreligioso por la paz

Elisabetta Piqué
·6  min de lectura

ROMA.- "¡Necesitamos la paz, más paz! Recordamos que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos", clamó hoy el Papa que, finalmente con barbijo, protagonizó un evento internacional por la paz titulado "Nadie se salva solo-Paz y Fraternidad" que organizó la Comunidad de San Egidio, a 34 años del encuentro interreligioso de Asís concebido por Juan Pablo II en 1986.

Marcada por el distanciamiento social y demás normas anticoronavirus, la ceremonia, que duró casi cuatro horas, tuvo lugar en un escenario sobrecogedor, el Capitolio, en el corazón de Roma y constó de dos partes: la primera en la adyacente Basílica de Santa María in Ara Coeli, junto a líderes de confesiones cristianas -mientras líderes de otras religiones rezaban en otro sitio-; y la segunda en la espectacular plaza del Capitolio, diseñada por Miguel Ángel, junto a representantes de las grandes religiones mundiales, el presidente de Italia, Sergio Mattarella y demás autoridades del gobierno italiano.

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En el primer momento, junto al patriarca ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé, el obispo Herinrich Bedford-Strohn, presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica alemana y otros líderes cristianos, en el antiguo templo que se levanta junto a los foros romanos, se oró por la paz y por el fin de la pandemia, que impidió la asistencia del arzobispo de Canterbury, Justin Welby, jefe de los anglicanos, tal como recordó Francisco.

Durante su homilía, que giró en torno al Evangelio que recuerda que antes de morir en la cruz muchos le gritaron a Jesús que se salvara a sí mismo, el Papa recordó que ese «Sálvate a ti mismo», "es una tentación crucial, que nos amenaza a todos, también a nosotros, cristianos". "Es la tentación de pensar solo en protegerse a sí mismo o al propio grupo, de tener en mente solamente los propios problemas e intereses, mientras todo lo demás no importa. Es un instinto muy humano, pero malo, y es la última provocación al Dios crucificado", dijo. "Pensar solo en sí mismo es el padre de todos los males", aseguró el exarzobispo de Buenos Aires, al recordar que "solo el amor deja lugar al otro".

En un repaso de la geografía de un mundo herido, acto seguido, a medida que se iban prendiendo diversas velas junto al altar, en la ceremonia se recordaron, uno por uno, en orden alfabético, los conflictos del planeta, desde Afganistán y Bielorrusia hasta Siria, Tierra Santa y Somalia. De América Latina se rezó por "la reconciliación y el fin de las violencias en Venezuela", "por los acuerdos de paz en Colombia", "por México y el fin de la violencia causada por el narcotráfico" y por "el fin de la violencia difundida en América Central". Además se pidió "por todos los gobernantes, para que guíen al mundo sobre vías de paz y de diálogo" y "por todos los países marcados por el odio y los conflictos".

Terminada esa primera parte de oración ecuménica Francisco, siempre junto a Bartolomé, bajó a pie la famosa y empinada escalinata de mármol de la Basílica de Santa María in Ara Coeli, una de las más antiguas de Roma y se desplazó hasta la plaza del Capitolio.

Allí, se sumaron al evento el presidente de Italia, Mattarella, el rabino jefe de Francia, Rav Haim Korsia; el juez Mohamed Abdelsalam Abdellatif, secretario general del Comité Superior de la Fraternidad Humana, que leyó un discurso del Gran Imán de Al-Azhar, Ahmed Al-Tayyeb -que tampoco pudo viajar por la pandemia-, el líder budista Shoten Minegishi y la hindu Karmaljit Singh Dillon, ataviados en sus típicos hábitos, entre otros representantes de diversas religiones. Asistieron también personalidades y miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, entre los cuales la embajadora argentina ante el Vaticano, María Fernanda Silva.

Los oradores hablaron del dramático momento que vive el mundo por la pandemia, que se suma a guerras y conflictos ya existentes y elogiaron la última encíclica del papa Francisco, Fratelli Tutti, donde llama a la unidad y a la fraternidad y reitera que nadie se salva solo. "El mensaje que las religiones manifiestan, reuniéndose aquí, es que nadie se salva solo, a espaldas de los demás, en contra de los demás", dijo el organizador del evento, Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, nacida en Roma en 1968 y presente en más de 70 países, incluida la Argentina.

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En su discurso, el Papa destacó "la semilla profética" del encuentro de Asís querido por san Juan Pablo II en 1986 y recordó la histórica firma del Documento sobre la Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común, que firmó con el Gran Imán de al-Azhar en febrero de 2019 en Abu Dhabi. "Partiendo de la fe religiosa, uno puede convertirse en artesano de la paz y no en espectador inerte del mal de la guerra y del odio", dijo. "Las religiones están al servicio de la paz y la fraternidad. Por eso, el presente encuentro también impulsa a los líderes religiosos y a todos los creyentes a rezar con insistencia por la paz, a no resignarse nunca a la guerra, a actuar con la fuerza apacible de la fe para poner fin a los conflictos", dijo. "¡Necesitamos la paz! ¡Más paz! No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una ardiente sed de paz", clamó.

"¿Cómo salir de conflictos estancados y gangrenosos? ¿Cómo desatar los nudos enredados de tantas luchas armadas? ¿Cómo prevenir conflictos? ¿Cómo pacificar a los señores de la guerra o a los que confían en la fuerza de las armas?", se peguntó luego. "Ningún pueblo, ningún grupo social puede por sí solo lograr la paz, el bien, la seguridad y la felicidad. Ninguno. La lección de la reciente pandemia, si deseamos ser honestos, es la consciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos", afirmó. "Recordamos que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos", sentenció, citando palabras de Fratelli Tutti y la oración por el fin de la pandemia que hizo en solitario el 27 de marzo pasado.

Hubo luego un escalofriante minuto de silencio en memoria de las víctimas de la pandemia, de las guerras y del terrorismo en todas las partes del mundo. Cuando ya había bajado la noche, se leyó el "Llamado de Paz Roma 2020", declaración por el fin de todas las guerras que luego un grupo de niños entregó a las autoridades. Finalmente, los líderes religiosos prendieron, uno por uno, un candelabro de paz, al ritmo del canon de Pachelbel y de aplausos de los presentes. Y se despidieron con gestos de paz, por supuesto sin abrazarse, sino manteniendo la distancia, estrechando las manos y tocándose el corazón.