Coronavirus: Coincidencias distópicas y teorías de la conspiración que crecen junto al virus

Turistas usan máscaras para pasear por el Coliseo Romano el 24 de febrero de 2020, en Roma, Italia, donde han muerto seis personas por el coronavirus COVID-19 (Antonio Masiello/Getty Images)

La similitud entre una novela publicada hace 40 años y el coronavirus ha desatado furor en las redes sociales y sembrado dudas sobre el verdadero origen de virus llamado COVID-19, que hasta el lunes 24 de febrero de 2020 había matado a 2.592 personas e infectado a unas 77.000.

El secretismo inicial y la tardía respuesta de las autoridades chinas han llevado a muchos a desconfiar de la versión oficial de que se trata de un patógeno de origen desconocido, que pudo ser transmitido por un animal como un murciélago o un roedor a un humano mediante el consumo de la carne poco cocida, en el mercado municipal de la ciudad china de Wuhan.

Por eso, los amantes de las teorías de la conspiración recibieron con agrado las cadenas de las mensajerías de texto con las capturas de pantalla de la novela Los ojos de la oscuridad, del escritor estadounidense Dean R Koontz, en la que relata el surgimiento de un mortal virus alrededor del 2020, diseñado para exterminar a los habitantes de ciudades completas.

El libro relata la historia de una madre, Tina Evans, que descubre que su hijo Danny se encuentra aislado en un hospital militar, luego de contraer un microorganismo de creación humana, al que Koontz llamó "Wuhan-400", la ciudad donde en realidad se originó la actual epidemia.

El relato de ficción explica el origen del virus en el capítulo 39: "Para entenderlo tienes que retroceder 20 meses".

"Más o menos en el momento en que un científico chino llamado Li Chen desertó a Estados Unidos, llevando consigo un archivo en diskette con la más importante y peligrosa arma biológica de China en una década", dijo el libro.

La novela de Koontz cuenta que llamaron al virus "Wuhan-400" porque fue desarrollado en laboratorios genéticos a las afueras de la ciudad de Wuhan. Se trataba de la cepa número 400 de microorganismos humanos creados en ese centro de investigación.

Los que desean creer que existe una conexión con el libro de ficción y la realidad dijeron que el texto podría referirse al Instituto de Virología de Wuhan, donde se encuentra el único laboratorio de China con un nivel 4 de seguridad contra accidentes biológicos.

En ese centro se han estudiado los virus más mortales del planeta y está ubicado a unos 32 kilómetros del lugar en que apareció el primer caso de COVID-19.

En la novela, "el Wuhan-400 es el arma perfecta" porque aflige directamente a los humanos y ninguna otra criatura terrestre podría portarla.

"Al igual que la sífilis, Wuhan-400 no puede sobrevivir fuera de un cuerpo vivo durante más de un minuto, lo que significa que no puede contaminar permanentemente objetos y lugares completos de la misma forma en que lo hace el ántrax y otros organismos virulentos".

Según la trama de la novela, "cuando un huésped desaparece, el Wuhan-400 que está dentro perece poco tiempo después, tan pronto como el cadáver caiga por debajo de los 30ºC.

El fin de semana, el congresista indio Manish Tewari publicó imágenes de la novela de Koontz y preguntó si el coronavirus era un arma biológica desarrollada por chinos llamado Wuhan-400, comentario que había recibido 300 RT y 765 me gusta.

 Las diferencias entre el Wuhan-400 y COVID-19 

Y al acercar un poco la lupa al texto de Koontz vemos que hay algunos aciertos y varias diferencias profundas.

Mientras el Wuhan-400 fue presuntamente desarrollada como un arma biológica con un 100% de mortalidad, el COVID-19 tiene una tasa de muertes de entre 2 y 4% en China y 0,7 % en el resto del mundo.

 

El Wuhan-400 tiene un período de incubación extremadamente corto de unas 4 horas, mientras que el COVID-19 necesita incubarse entre 2 y 14 días.

En la novela de ficción, el mortal virus sólo afecta a los humanos. Pero se cree que los primeros casos del coronavirus fueron contagiados por la interacción de los animales con los humanos.

El revuelo causado por la antigua novela de Koontz le ha dado un nuevo impulso a la carrera del autor de 74 años que se ha labrado su popularidad a pulso desde que publicó su primera obra Star Quest, en 1968. Escribió otras 54 novelas y 4 libros de no ficción antes de convertirse en un autor de bestsellers con el libro de suspenso Strangers a mediados de la década de 1980.

 Sobre Los ojos de la oscuridad, Koontz dijo que se trataba de una novela “modesta”. Uno de sus primeros intentos de escribir un género que tuviera una mezcla de acción, suspenso, romance y toque paranormal. La primera edición fue publicada bajo el seudónimo de Leigh Nichols.

Antes de que sus seguidores relacionaran el Wuhan-400 con el COVID-19, las obras de Koontz habían sido traducidas a 38 idiomas y había vendido unos 500 millones de ejemplares.

El peligro de las teorías de la conspiración

Las coincidencias del libro de Koontz con el coronavirus han alimentado rebuscadas teorías de la conspiración, que también encontraron un terreno fértil en las complicadas relaciones de China con los países occidentales, el hermetismo del sistema comunista y la lejanía geográfica y cultural.

En una investigación Teorías de la Conspiración: de la paranoia al genocidio, Alejandro Gallo explicó que las conspiraciones han existido desde el inicio de la civilización pero que el surgimiento de las redes sociales ha convertido a este tipo de pensamiento patológico en un discurso lógico, en una manera de interpretar la realidad, que en ocasiones se refleja en el discurso político.

Gallo explica que los que creen en una teoría de la conspiración piensan que existe “un plan urdido por un grupo que mantiene ocultas sus intenciones y acciones, con el fin de conseguir ventajas de orden político, económico o social”.

De esta manera, hay quienes se pasan la vida hablando de los planes de los extraterrestres para invadir el mundo, los archivos clasificados que ocultan los verdaderos motivos de los atentados contra el World Trade Center de Nueva York del 11 del septiembre, o las teorías de que el hombre nunca llegó a la Luna.

El investigador dice que hay 3 tipos de conspiraciones. Unas son inocuas, como el plan mundial para ocultar que la tierra es plana. Y aunque la idea parece descabellada e inocua, el intento por demostrar que el planeta no era redondo llevó a la muerte al aventurero estadounidense Mike Hughes, quien se estrelló en un cohete de fabricación casera.

En segundo bloque de teorías se encuentra, las que dan beneficios políticos, como la idea difundida por el presidente estadounidense Donald Trump sobre la ascendencia keniana del Barack Obama y sus afinidades con el islamismo radical.

Gallo incluye un tercer grupo de teorías de la conspiración que son dañinas “que han conducido a masacres, suicidios rituales o genocidios”. Uno de los ejemplos de conspiración universal fue la utilizada por el fascismo de Benito Mussolini, que señalaba que los ingleses, los judíos y los capitalistas estaban complotando contra el pobre pueblo italiano.

Para Gallo. “muchas de las conspiraciones que circulan por el ciberespacio no pasarían de ser cuestiones divertidas o propias de lunáticos; sin embargo, cualquier teoría de la conspiración puede convertirse en peligrosa si traspasa el umbral que separa la periferia lunática y se sitúa en el centro de la atmósfera cultural, donde puede encontrar una comunidad de fe o colectivo que lo defienda.

De allí a que ninguna teoría de la conspiración es inocente por inocua que parezca.

Y comprender las menciones de Koontz sobre el virus Wuhan-400 como una premonición y no como una coincidencia de un relato de ficción con la realidad es dar un paso en ese sentido.