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COP27: otra cumbre climática que terminará con sonrisas, fotos y decepción

Annual climate change conference COP 27 Sharm El-Sheikh in November 2022. International climate summit banner. Global Warming. Vector illustration
Annual climate change conference COP 27 Sharm El-Sheikh in November 2022. International climate summit banner. Global Warming. Vector illustration

En estos días cientos de jets privados sobrevuelan y aterrizan en Egipto para asistir a una nueva edición de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático evidenciando (una vez más) la gran paradoja de una cita mundial que nunca termina de convencer. Nuevamente los miembros del Frente Popular de Judea se reúnen alrededor de una mesa para hablar, hablar y hablar… sin un mínimo atisbo de acción real. La experiencia adquirida en pasadas cumbres apunta a que esta COP27 de Egipto volverá a decepcionar a todos los que conocen bien el enorme desafío al que nos enfrentamos y la enorme urgencia de llevar a cabo cambios contundentes. Aun así, y hasta el día 18 de noviembre, miles de investigadores, activistas, líderes y políticos de los 196 países que conforman la ONU se reunirán en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheij para poner otra diminuta tirita sobre una hemorragia que ya parece imposible de parar.

Y no será por falta de advertencias. El mismo Secretario General de la ONU, Antonio Gutierres, inauguraba esta nueva cumbre con un “O colaboramos, o perecemos”… un potente mensaje que ya podemos sumar a la pila de discursos de estos últimos años y que, más que probablemente, caerán en el mismo saco roto que los anteriores. Tampoco será por el tono de esas advertencias, el propio Gutierres afirmaba hace unos días que “Estamos en una carrera al infierno climático con el pie en el acelerador. Nuestro planeta se acerca rápidamente a puntos de inflexión que harán que el caos climático sea irreversible. Necesitamos una urgente acción climática”.

Pero la realidad es tozuda y los datos no engañan. Tras un breve descenso, obligado por el confinamiento de 2020, los dos últimos años han vuelto a batir récords de emisiones de gases de efecto invernadero. Según el último informe de la Agencia Internacional de Energía, las emisiones de los gases invernadero, principales causantes del calentamiento global, aumentarán en 2022 en casi 300 millones de toneladas, una nueva marca que aumenta un 1% las emisiones del anterior récord (que evidentemente fue en 2021).

Esa parece ser la dinámica en la que vivimos. Cada año celebramos una cumbre mundial para frenar el cambio climático, o al menos mitigar sus efectos, y cada año batimos un nuevo récord de emisiones de gases de efecto invernadero. Cada año los líderes mundiales se reúnen, se saludan, sonríen para las fotos y se abrazan al final afirmando que vamos por buen camino… y cada año se quedan más cortos en sus objetivos.

Representantes políticos satisfechos y triunfantes tras la COP15
Representantes políticos satisfechos y triunfantes tras la COP15

Las paradojas no terminan aquí porque aún queda espacio para la mayor de ellas: estas cumbres climáticas son nuestra mejor herramienta para luchar contra la emergencia climática… pero no cómo están planteadas actualmente. Sin duda, hay exposiciones, se presentan datos, modelos, también hay negociaciones y, con suerte, incluso se firman tratados y se llegan a compromisos globales. Pero no existe una obligación, real y efectiva, de cumplir nada de lo acordado.

Uno de los puntos importantes de esta nueva cumbre climática de Egipto será tratar cómo los países ricos están afectando con sus emisiones a los países más pobres y cuánto está costando el cambio climático a los diferentes países. Alerta de Spoiler: Los países más pobres son los más afectados. Una conferencia climática en África parece un buen lugar para debatir cómo las naciones más desarrolladas (y por tanto las mayores emisoras) están socavando el futuro de los países menos desarrollados… pero aquí viene el mismo problema de siempre. Incluso si se llega a un acuerdo para resarcir a los más perjudicados sabemos que no se va a cumplir. De hecho, este mismo debate ya tuvo lugar en la COP15 de Copenhague y las naciones ricas hicieron una importante promesa de 100.000 millones de dólares al año para mitigar los efectos del cambio climático en las naciones menos ricas. La promesa era preciosa… pero nunca se llegó a cumplir realmente.

Toneladas anuales de CO2 por habitante | Abel Gil, EOM, CC
Toneladas anuales de CO2 por habitante | Abel Gil, EOM, CC

El escaso éxito de estas cumbres no tiene su origen en el desconocimiento de la situación, ni en los cada vez más claros (e inquietantes) escenarios climáticos, ni siquiera en qué medidas resultarían más eficaces… el grave problema de las COP es que no hay obligación real de alcanzar lo pactado, no hay castigo para el infractor, no hay mecanismos eficaces para llevarlas a cabo.

El Acuerdo de París (el tratado más ambicioso firmado hasta el momento) no establece ningún porcentaje o reducción obligatoria sino que cada país, de forma totalmente voluntaria, decidirá cuál será su contribución particular. El artículo 3 del tratado solo pide a los países que sean “ambiciosos” estableciendo porcentajes “que representen un progreso” y que se esfuercen para conseguir el propósito de este Acuerdo. En la práctica no hay ninguna obligación de establecer una determinada reducción ni siquiera de cumplirla.

En resumen: nuestra mejor opción siguen siendo estas cumbres climáticas, el consenso, la participación, la negociación… y sobre todo una decidida y rápida actuación. Pero sin mecanismos eficaces que aseguren el cumplimiento de los acuerdos todas las COP (presentes y futuras) seguirán siendo una reunión de amigos, discursos, promesas sin cumplir y, finalmente, abrazos, sonrisas y fotógrafos.