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La Constitución Española cumple 45 años empañada por la fractura política

La Constitución Española cumple 45 años. Casi medio siglo en el que España ha vivido uno de los periodos de mayor estabilidad y de libertades de su historia. Pero la ley fundamental se enfrenta hoy a uno de sus momentos más complicados y se ha convertido en un arma arrojadiza en la creciente polarización de la vida política española.

Los actos celebrados en las Cámaras este miércoles volvieron a servir para el cruce de acusaciones entre el Gobierno de coalición del socialista Pedro Sánchez y la oposición ecabezada por el conservador Alberto Núñez Feijoó.

La derecha, por un lado, asegura que la ley de amnistía para los encausados por el procés y las concesiones a los partidos independentistas ponen en riesgo la unidad de España y la igualdad entre los ciudadanos que consagra la Constitución.

Cuando en un país los ciudadanos no somos iguales y se ataca la separación de poderes, en ese país no hay constitución

"No se puede venir a celebrar la Constitución y dentro de seis días en el mismo lugar presentar una enmienda a la totalidad de la Constitución del 78. Cuando en un país los ciudadanos no somos iguales y se ataca la separación de poderes, en ese país no hay constitución", aseguró el líder de los conservadores durante los actos conmemorativos en el Congreso.

La izquierda, por su parte, acusa a los conservadores de atentar contra la Carta Magna al mantener paralizada la renovación del órgano de gobierno de los jueces desde hace ya más de cinco años.

"Frente a quienes están todos los días dando lecciones de constitucionalismo o se están dando golpes de pecho sobre lo constitucionalistas que son en detrimento de otros, hay que recordar que la mejor manera de defender nuestra Constitución es cumpliéndola todos los días", respondió a Feijoó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Un texto casi inalterado en cuatro décadas

Según una encuesta reciente, dos de cada tres españoles es partidario de introducir pequeños cambios en la Constitución, que ha permanecido casi inalterada durante casi medio siglo.

Entre las reformas que suscitan más apoyo se encuentra cambiar la preferencia del varón en la línea sucesoria de la Corona o convertir al Senado en una verdadera Cámara territorial.

Ser constitucionalista no consiste en levantar la Carta Magna como si de un tótem se tratara

"Ser constitucionalista no consiste en levantar la Carta Magna como si de un tótem se tratara", aseguró este miércoles Francina Armengol, Presidenta del Congreso de los Diputados.

Pero la reforma de la ley fundamental se antoja complicada. Necesita el apoyo de los dos grandes partidos que atraviesan sus peores relaciones en décadas al día de hoy. Lejos quedan los amplios consensos entre izquierda y derecha y los nacionalistas que permitieron alumbrar la Carta Magna en 1978.

En medio de una creciente polarización política, cambiar la Constitución supondría reabrir debates de alto voltaje, como el modelo territorial de España, el carácter plurinacional de la nación española o la misma vigencia de la monarquía parlamentaria, y que podrían acrecentar la fractura entre las diferentes formaciones políticas.

A la ceremonia del Congreso asistió el nuevo Gobierno de coalición formado por el Partido Socialista y la plataforma de izquierdas Sumar, así como altas autoridades del Estado, el líder de la oposición, el conservador Alberto Núñez Feijóo y varios presidentes autonómicos.

Entre las ausencias destacaron la formación de ultraderecha Vox, así como los grupos nacionalistas e independentistas catalanes, vascos y gallegos, convertidos en esta legislatura (que arrancó el pasado día 29 de noviembre) en socios parlamentarios imprescindibles para el Ejecutivo de coalición.