Científicos aún debaten sobre el impacto de la falta de sueño

Una investigación reciente sugiere que quienes duermen poco tienen mayor riesgo de presentar enfermedades crónicas. Desde hace mucho se sabe que el sueño guarda una estrecha relación con la salud. De hecho, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos insisten en que el descanso adecuado mejora el rendimiento mental, en tanto que la falta de sueño aumenta el riesgo de desarrollar diversos trastornos y padecimientos, incluidos enfermedad cardiaca, accidentes cerebrovasculares, obesidad y demencia.

Pese a ello, el nexo entre duración del sueño y multimorbilidad (presencia simultánea de varias enfermedades) no se ha esclarecido de todo. A fin de ahondar en este tema, un grupo de científicos analizó décadas de datos de un estudio conocido como “Cohorte Whitehall II”, importante y extensa investigación que evaluó la salud de más de 10,000 servidores públicos del gobierno británico durante el periodo de 1985 a 1988.

En décadas posteriores, los científicos hicieron un seguimiento de los participantes y, en seis ocasiones —entre 1985 y 2016—, pidieron información relacionada con la duración del sueño.

A partir de todos esos datos, los investigadores identificaron 7,864 individuos de la cohorte original que iniciaron el estudio sin multimorbilidades y proporcionaron información sobre la duración del sueño. La finalidad de dicho análisis fue comparar la información sobre el sueño y la incidencia de multimorbilidades a lo largo de 25 años.

RIESGO DE MULTIMORBILIDAD

Los hallazgos demostraron una “firme correlación” entre quienes dormían cinco o menos horas cada noche y un mayor riesgo de multimorbilidad. De hecho, los científicos encontraron que, a partir de los 50 años, la falta de sueño aumentaba en 20 por ciento el riesgo de desarrollar la primera enfermedad crónica, y observaron un “incremento similar en el riesgo posterior para multimorbilidad”.

Ahora bien, esos hallazgos no mostraron asociación alguna con la mortalidad. Más aun, los datos sugieren que el riesgo de multimorbilidad también aumenta en individuos que duermen más tiempo. Pese a ello, los investigadores aseguran que ese resultado podría reflejar la necesidad de más tiempo de sueño en individuos que ya tenían enfermedades.

El Dr. Russell Foster, profesor de neurociencia circadiana y jefe del Departamento de Oftalmología de la Universidad de Oxford, Reino Unido, dice a Newsweek que, en su opinión, el nuevo informe peca de “cauteloso” y añade: “Sus datos se correlacionan perfectamente con las recomendaciones existentes, las cuales sugieren que si duermes menos de seis horas, es probable que no te encuentres sano”.

Al explicar a qué se debe que la falta de sueño sea nociva, Foster apuntó el “ejemplo clásico” de quienes trabajan en el turno nocturno. “Esas personas intentan dormir durante el día y, muchas veces, duermen cinco horas o menos. ¿Qué sucede en esos casos? Pues bien, es muy probable que la falta de sueño sea un factor crítico para activar el eje del estrés”, explica Foster.

SUEÑO DE CORTA DURACIÓN

“El estrés a corto plazo equivale a ‘meter primera’ en la caja de velocidades del auto: te da una aceleración excelente para la respuesta de huir o luchar. No obstante, si dejas el coche en primera, terminas por arruinar el motor. Y, a mi parecer, eso es lo que pasa con el sueño de corta duración. Una vez que activas el eje del estrés, elevas la presión arterial, tu frecuencia cardiaca aumenta y liberas glucosa en la sangre”, prosigue el científico.

“Por otra parte, sabemos que los niveles elevados de cortisol pueden suprimir la inmunidad y esto, a su vez, conduce a una mayor incidencia de infecciones y cáncer. Por eso me parece que muchos de los problemas que observamos en la actualidad podrían estar relacionados con la activación del eje del estrés”, concluye Foster.

El Dr. Jim Horne, profesor emérito en investigación del sueño en la Universidad de Loughborough, Reino Unido, y exeditor de Journal of Sleep Research, dice a Newsweek: “Desde hace mucho sabemos que la falta de sueño tiene relación con los problemas de salud, aunque no es, necesariamente, la causa. Si bien este artículo parece sugerir que basta con dormir unas cinco horas, considero que el sueño debe durar por lo menos seis”.

¿PREOCUPARSE POR LA FALTA DE SUEÑO?

Horne agregó que, aunque algunas personas se preocupan excesivamente por la falta de sueño, esta obsesión podría tener el efecto contrario al deseado. Asimismo, enfatiza que la necesidad de sueño varía mucho y depende de cada individuo.

“En términos generales, hay una variación natural en el sueño que necesitamos, de modo que afirmar que todos debemos dormir entre siete y ocho horas, y resaltar las consecuencias de salud que conlleva la falta de sueño, solo agrava las inquietudes de individuos que, por ejemplo, padecen de insomnio y solo piensan en que ‘no duermen suficiente’. Además, es simplista juzgar el sueño en términos de cantidad, ya que ese criterio pasa por alto la importancia de la calidad, la cual es fundamental”, agrega el investigador.

“La mejor manera de evaluar si dormimos suficiente es la capacidad para permanecer alertas durante todo el día y hasta que llegue la hora de acostarnos por la noche. Es natural que ocurra un ‘bajón vespertino’ y, cuando sucede, es conveniente que tomemos una siesta refrescante, pero breve: de no más de 20 minutos, para que no afecte el sueño nocturno”, concluye Horne.

El estudio aquí citado se publicó el pasado 18 de octubre en la revista PLOS Medicine. N

(Publicado en cooperación con Newsweek. Published in cooperation with Newsweek).

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