Cara a cara con los gobernadores del antiguo Egipto en Elefantina

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El equipo de arqueólogos trabajando en el proyecto. Patricia Mora / UJA., Author provided
El equipo de arqueólogos trabajando en el proyecto. Patricia Mora / UJA., Author provided

Hace poco más de cinco mil años, en torno al 3200 a.e.c., el originario reino de Egipto se extendió hasta la primera catarata del Nilo, el primer gran accidente que impedía a cualquiera continuar su viaje en barco por el río más largo de África.

En una de las islas más grandes establecieron un asentamiento, que, poco a poco, se convirtió en la ciudad más meridional de Egipto. Recibió el nombre de Elefantina, probablemente porque uno de los principales objetivos al conquistar esa zona era asegurarse el suministro de marfil de elefante, animal que abundaría en el Nilo Central y en las regiones subtropicales del interior de África.

Productos y funcionarios

Junto con este producto, los egipcios importaban otros objetos y materiales de prestigio, como el ébano, las pieles de leopardo y los aceites exóticos para la cosmética corporal. Aunque los destinatarios finales de todos estos productos exclusivos eran el rey y su corte, Elefantina era la primera ciudad egipcia a la que arribaban esas mercancías. Esto obligó a que hubiera funcionarios de la corona establecidos desde épocas muy tempranas.

Estos representantes se encargaron también de avituallar a las misiones enviadas por el palacio, tanto para traer los productos del sur como para extraer grandes bloques de granito, muy abundantes alrededor de la ciudad. Estas piedras duras se utilizaban principalmente en algunas zonas de los complejos piramidales destinados a los reyes y reinas. Además, a lo largo del tercer milenio a.e.c. se comenzaron a explotar las minas de amatista y se recogía la cornalina presente en los lechos secos de las torrenteras alrededor del Valle del Nilo.

La presencia de altos oficiales reales en Elefantina está atestiguada desde el 2800 a.e.c., si bien no sería extraño que ya se hubiesen instalado en siglos anteriores. Desconocemos si estos funcionarios eran oriundos del lugar o enviados especialmente desde la corte, a donde regresarían a terminar sus días y ser enterrados. Sin embargo, en torno al 2400 a.e.c., los oficiales empiezan a enterrarse en la necrópolis de la isla de Elefantina, en unas tumbas de ladrillo que reciben el nombre de mastabas.

Durante los primeros reinados de la Dinastía VI (2300 a.e.c.), se reforma la administración egipcia, incluyendo también la de Elefantina. Estas modificaciones coinciden con el cambio de lugar de enterramiento de los altos oficiales de la ciudad. A partir de entonces, los oficiales se entierran en una colina cercana, pero situada en la orilla oeste del Nilo. Este sitio se conoce en la actualidad como Qubbet el-Hawa y es una de las necrópolis más conocidas de Egipto.

Proyecto Qubbet el-Hawa

Desde el año 2008, la Universidad de Jaén lidera un proyecto interdisciplinar en Qubbet el-Hawa en el que participan investigadores procedentes de diferentes instituciones académicas de España y del resto de Europa.

El yacimiento fue descubierto a finales del siglo XIX y había sido excavado por diferentes investigadores, pero siempre con metodologías muy rudimentarias. El Proyecto Qubbet el-Hawa aplica las últimas tecnologías en las excavaciones arqueológicas y en el análisis del material.

Por razones de coherencia cronológica, el Proyecto se ha centrado desde su comienzo en las tumbas datadas en la Dinastía XII (1939-1760 a.e.c.). Aunque muchas de estas tumbas habían sido excavadas parcialmente e, incluso, abiertas al público, quedaban los pozos funerarios y otras tumbas que no se habían excavado completamente.

En los últimas catorce campañas arqueológicas, el Proyecto Qubbet el-Hawa ha tenido la fortuna de encontrar diez cámaras y tumbas intactas. Entre ellas, sacó a la luz el enterramiento del gobernador de Elefantina Heqaib III, que ostentó el poder alrededor del 1800 a.e.c. Descubrimientos contemporáneos a éste nos han permitido reconstruir cómo se organizaba el grupo dirigente en una provincia egipcia. Así hemos detectados tres niveles dentro de ese segmento social: el gobernador y su familia nuclear, el núcleo de asistentes y ayudantes más cercanos y, finalmente, familiares o individuos relacionados con la familia dirigente.

Los enterramientos de todos estaban compuestos por ataúdes de madera, generalmente importada del Líbano, decorados con fórmulas funerarias en jeroglíficos. Dependiendo de su cronología, los enterramientos iban acompañados de un ajuar más variado. Así, los de comienzos de la XII Dinastía son más ricos que los de finales. Pese a estas diferencias, basadas probablemente en la evolución de las creencias funerarias, los ajuares de las mujeres son más opulentos y variados, por lo que es más difícil que haya ejemplos intactos de ellos en comparación con los masculinos.

Entre los objetos de prestigio que componían los ajuares se han encontrado dagas de bronce, que eran marcadores sociales, amuletos de diferentes materiales, cerámicas y maquetas de barcos que representaban el transporte de la momia a la necrópolis.

Todos los cuerpos estaban envueltos por vendas o telas de lino, que, en algunas ocasiones, estaban a su vez cubiertas por cartonajes de yeso y tela policromados, lo que le daba al difunto apariencia de estar vivo.

Conclusión

La excavación arqueológica y la investigación interdisciplinar asociada a la misma permiten obtener una visión más amplia y cercana de cómo se vivía y cómo se entendía la muerte en la Antigüedad.

A partir del análisis de los datos que el Proyecto de la Universidad de Jaén está consiguiendo en Qubbet el-Hawa, estamos más cerca de tener una fotografía más real de cómo era la sociedad antigua en una zona fronteriza: a qué edades morían, de qué morían, qué necesitaban para vivir en el más allá, etc.

Todas las respuestas a esas preguntas nos describen una cultura que se aleja de la imagen romántica que tenemos del antiguo Egipto.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Alejandro Jiménez Serrano recibe fondos de Gerda Henkel Stiftung, Fundación Palarq, Junta de Andalucía (Proyecto "Estudio multidisciplinar de ataúdes y ajuares funerarios de Baja Época procedentes de la tumba QH33 de Qubbet el-Hawa") y Asociación Española de Egiptología

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