Las calles vuelven a calentarse con protestas por la crisis económica y desafían el relato del presidente

Maestros, otros trabajadores públicos y jubilados marchan por mayores salarios y pensiones, y el pago de sus beneficios completos en Caracas, Venezuela, el lunes 16 de enero de 2023. El letrero dice en español "Sin maestros, esta sería su firma", refiriéndose a una huella dactilar. Los manifestantes denuncian que enfrentan altos precios de alimentos fijados en dólares estadounidenses en medio de bajos salarios. El salario mínimo mensual es de unos $7 dólares. (Foto AP/Ariana Cubillos)
Maestros, otros trabajadores públicos y jubilados marchan por mayores salarios y pensiones, y el pago de sus beneficios completos en Caracas, Venezuela, el lunes 16 de enero de 2023. El letrero dice en español "Sin maestros, esta sería su firma", refiriéndose a una huella dactilar. Los manifestantes denuncian que enfrentan altos precios de alimentos fijados en dólares estadounidenses en medio de bajos salarios. El salario mínimo mensual es de unos $7 dólares. (Foto AP/Ariana Cubillos) - Créditos: @Ariana Cubillos

BOGOTÁ.– “Nicolás Maduro, eres lo último que pudo parir Venezuela, eres la negación de todo lo bueno que ha tenido este país. Si no puedes administrar adecuadamente, ¡renuncia!”. Las calles de Venezuela, domesticadas a fuerza de golpes, vuelven a gritar de nuevo gracias al empuje de maestros y otros gremios, como el personal de salud y las industrias pesadas, que sobreviven a duras penas en el espejismo económico impuesto por la revolución.

Y al frente una mujer, maestra jubilada, dotada del desparpajo criollo y sin ningún miedo a la dictadura, como demuestra cada vez que abre la boca con arengas tan contundentes como la que abre esta crónica. Se llama Elsa Castillo, dirigente del movimiento sindical, quien protegida por sus compañeras ha desafiado al “presidente pueblo” en su lucha por un salario digno, pese a las amenazas de los paramilitares chavistas.

No lo han conseguido, todo lo contrario. Las profesoras recibieron el respaldo nacional para convocar una gran marcha para mañana, fecha histórica en Venezuela en la que se recuerda la caída de la dictadura de Pérez Jiménez. Sabedora de que una guerra civil consume a la oposición, pidió a sus partidos que respeten la convocatoria y que no aparezcan con sus banderas.

Desde que en 2019 las manifestaciones masivas que sucedieron al desafío del expresidente encargado Juan Guaidó fueron acalladas a base de represión y decepción, las protestas se transformaron: se hicieron pequeñas, espontáneas y enfocadas en derechos sociales y laborales.

Según el Observatorio de la Conflictividad Social, en 2022 se registraron 4339 por derechos sociales y 2649 fueron protestas laborales, frente a las casi 17.000 de 2019. En la última convocatoria de esta semana, hubo más de 100 concentraciones por todo el país, incluyendo una gigantesca en Yaracuy que recordó otros momentos en la historia de la lucha contra la dictadura.

Las razones les sobran a los docentes que quedan en el país, después de que una cuarta parte haya huido durante la gran diáspora. A pesar de que en Venezuela los precios están disparados, el salario medio de un maestro no llega a los 20 dólares al mes.

“En Venezuela hay una caída brutal del salario de los trabajadores, los más bajos del mundo. El salario mínimo es hoy de 6 dólares, más un bono de otros 6, para 12 en total. El salario medio en el sector privado en noviembre pasado alcanzó en comercio 135 dólares y 145 en el manufacturero, una brecha salarial muy significativa. El profesor universitario, con título de doctor, lo más que gana en una universidad pública son 70 dólares mensuales. Estamos ante una situación de muchísima precariedad, que obedece básicamente a la hiperinflación sufrida entre 2017 y 2021″, precisó a la nacion el economista José Guerra, exfuncionario del Banco Central y uno de los “cerebros” económicos de la oposición. Venezuela ocupa hoy el primer lugar en inflación y el último en salarios de todo el planeta.

Un manifestante lleva una caja de billetes de bolívar que dice "hambre" durante una manifestación por mejores salarios y beneficios en Caracas, Venezuela, el miércoles 11 de enero de 2023. (AP Foto/Ariana Cubillos)
Un manifestante lleva una caja de billetes de bolívar que dice "hambre" durante una manifestación por mejores salarios y beneficios en Caracas, Venezuela, el miércoles 11 de enero de 2023. (AP Foto/Ariana Cubillos)

El relato que Maduro vende dentro y fuera del país es que “Venezuela se arregló”, basado en la burbuja millonaria revolucionaria en zonas ricas de Caracas. Con ese mensaje pretende viajar a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) en Buenos Aires. La realidad lo contradice en un país en el que sus habitantes necesitan casi 64 salarios mínimos para costear la canasta básica de una familia de cinco miembros.

“La gran paradoja reside en que las imágenes de consumo suntuario –Ferraris, bingos, restaurantes de lujo– que con tanta alegría difunden los medios del Estado son empleadas ahora por los gremios y sindicatos para acusar al régimen de haber construido un espejismo económico, un país con ciudadanos de primera vinculados al poder y una inmensa mayoría que sostienen sobre sus espaldas a esa casta”, dice a LA NACIÓN el sociólogo Gianni Finco. En la Venezuela de la dolarización de facto, los trabajadores exigen cobrar en dólares y no en pequeñas cantidades de los bolívares que fueron nuevamente devaluados en diciembre.

Hambre

Según varias agencias de Naciones Unidas, más de 6,5 millones de personas (22,9%) pasan hambre en Venezuela pese a que en torno a 7,5 millones han huido de esa misma hambre y de la dictadura.

El medidor de pobreza tampoco se puede manipular con las toneladas de propaganda chavista: desde la toma del poder de la revolución hasta la actualidad, Venezuela pasó de un 9,8% de pobreza hasta el 68% de la actualidad, a la cabeza de los ránkings y con el doble que la penúltima, Honduras.

“El colapso del Estado es estructural, no solo no puede pagar salarios de calidad, sino que tampoco puede ofrecer bienes públicos. Y no va a resolverse hasta que se construyan acuerdos políticos e institucionales duraderos. Mientras seguiremos en el sálvese quien pueda”, sentenció el economista Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica.