Brian Cox adelanta la tercera temporada de Succession: “Nunca se sabe lo que hará Logan Roy”

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Logan Roy está de regreso. El domingo comienza la tercera temporada de Succession
Graeme Hunter

La persona en la pantalla sonríe. No demasiado, apenas lo suficiente para comunicar que no hay amenaza ni peligro de un estallido de enojo o indignación inminente. Aun así, cuesta separar a Brian Cox, el afable señor que viste una moderna campera de estampado camuflado y saluda del otro lado de la pantalla, del temible Logan Roy que el actor escocés interpreta en Succession, la brillante serie de HBO que este domingo estrena su esperada tercera temporada que también estará disponible de a un episodio por semana en HBO Max.

Una pequeña demora en el comienzo de la entrevista vía zoom permite observar las diferencias entre Cox y su personaje. La mirada cálida del actor contrasta con las heladas maneras en las que el ambicioso Roy se conecta con el mundo en general y con sus hijos en particular. No hay en el intérprete, formado en el teatro clásico, nada de ese desprecio poco velado que el poderoso empresario de la ficción exhibe hacia cualquiera que no siga sus instrucciones o cumpla con sus expectativas. Y sin embargo al hablar de su personaje, después de tres temporadas, se descubre que Cox siente empatía con él. ¿Será que este simpático señor de 75 años solo está esperando el momento propicio para desplegar su furia?

“Como dice el poeta: “Así es como acaba el mundo. No con un estallido sino con un quejido”, dice Cox, citando a T. S. Eliot cuando se le pregunta sobre el posible final de Logan Roy, quien en la nueva temporada debe lidiar con la traición de su hijo Kendall (Jeremy Strong), su aparente sucesor. “Con Logan nunca se sabe. Puede que se canse de todo el asunto, o que luche hasta el final y lo tengan que sacar del edificio esposado. Lo cierto es que él lo único que quiere es encontrar a un heredero digno del imperio que construyó. Y si, a veces se enoja y grita pero esa es solo su manera de despertar a sus hijos, de mantenerlos alerta”, explica el actor, brindando una versión inesperadamente benévola sobre las intenciones de su personaje. “Logan es muy leal. Es cierto que echa a sus colaboradores todo el tiempo, pero también los vuelve a contratar”, dice el actor que enseguida pasa lista a lo que él -Logan en realidad- piensa de cada uno de sus hijos, candidatos a sucederlo en el trono de la corporación Roystar. Una información que a Kendall, Shiv (Sarah Snook)y Roman (Kieran Culkin) les vendría bien escuchar. De hecho, harían lo que sea por escuchar, según relatan los fantásticos guiones escritos por Jesse Armstrong, showrunner de la serie.

Cox junto a Sarah Snook, en el primer episodio de la tercera temporada
Macall Polay


Cox junto a Sarah Snook, en el primer episodio de la tercera temporada (Macall Polay/)

“Ahora Shiv tiene el trabajo en sus manos, pero no se puede callar la puta boca. Su ambición pudo más y Logan lo sabe. En el caso de Roman creo que tiene el mayor potencial de todos, pero su comportamiento adolescente lo perjudica siempre”, detalla Cox y por un momento, más allá del tono cortés, se adivinan los colmillos de Logan clavándose en los puntos más débiles de sus hijos. De Kendall no dirá nada pero basta con saber que cada vez que su personaje lo menciona en los nuevos episodios lo llamará “esa rata”.

Para ubicarse en tiempo y espacio, a pesar de que el programa estuvo fuera de pantalla más tiempo del esperado debido a la pandemia, en la ficción todo comenzará apenas unos minutos después de los hechos retratados al final de la temporada anterior. Aparentemente dispuesto a ser el chivo expiatorio de su padre, para sorpresa de todos Kendall utiliza la conferencia de prensa armada con ese propósito para denunciar las malas prácticas de la empresa a la que pertenece y pretende liderar. Una traición inesperada a la vista de todos, que pone en marcha el relato de lo que vendrá.

El estado de la relación entre Logan y Kendall ocupará buena parte de la narración en los nueve episodios de la nueva temporada. Una lucha de poder y un relato edípico que alcanzó su punto más conflictivo en aquel el capítulo final de la temporada anterior, cuando el heredero prometió ser el agente de cambio que la empresa tanto necesita. Aun si eso significa ofrecer a su padre como sacrificio.

Kendall Roy (Jeremy Strong), en el primer episodio de la temporada
Kendall Roy (Jeremy Strong), en el primer episodio de la temporada


Kendall Roy (Jeremy Strong), en el primer episodio de la temporada

“No sabía nada de cómo empezaría la tercera temporada. Lo que sí sentí es que algo cambió y se inauguró una nueva fase. Fue como si después de la conferencia de prensa me hubiera sentado bajo el árbol de Bodhi y hubiese alcanzado un momento de claridad y lo que para Kendall se siente como iluminación y liberación. El siente que finalmente se libró de las cadenas que lo ataban. Pero claro, no todo es tan sencillo. Jesse me lo describió así: es como si Napoleón estuviera saqueando Moscú pero todo el mundo ya hubiese abandonado la ciudad, lo que resulta en una victoria pírrica. Eso es lo que, me parece, exploraremos en la tercera temporada. Me animé a dar el paso pero si no tengo el apoyo que necesito, ¿importa lo que hice en realidad?”, se pregunta Strong, que a diferencia de su impulsivo personaje gusta de pensar y repensar cada cosa que sale de su boca. Y aun así, cuando habla de sí mismo suele pasar de la primera a la tercera persona casi sin darse cuenta. Como si tratara pero no siempre lograra tener objetividad y cierta perspectiva sobre su criatura.

Para los espectadores que no pueden dejar de querer al muchas veces aborrecible y casi siempre patético Kendall, la buena noticia es que en la nueva temporada tendrán mucho más para amar y detestar de él. Hasta un nuevo intento como cantante, después del inolvidable rap que interpretó de la temporada anterior. Uno de los momentos que permitió que Succession alcanzara el Olimpo de las series, una posición que luego se confirmó con nueve premios Emmy, incluidos los de mejor drama, actor para Strong y el mejor guion para Armstrong. Desde allí arriba, la encrucijada para el programa era cómo mantener el ritmo sin marearse con toda la aceptación y la popularidad. Una tarea que, según contó el showrunner durante un encuentro con la prensa especializada del que participó LA NACION, solo pudo completarse por la convicción de que en realidad no sabe qué es lo que le gusta tanto a los espectadores sobre la ficción.

Una imagen de Brian Cox como Logan Roy en el primer episodio de Succession
David M. Russell


Una imagen de Brian Cox como Logan Roy en el primer episodio de Succession (David M. Russell/)

“Las reacciones de la gente sobre la serie te pueden volver un poco loco, pero la verdad es que no tenemos idea de lo que les interesa. Así que nuestra solución fue seguir haciendo lo que estábamos haciendo hasta ahora. Eso puede llevarte a cuestionarte por el hecho de hacer siempre lo mismo. Todas esas dudas, por suerte, se esfumaron el primer día que empecé a trabajar con el equipo de guionistas. No es una respuesta muy entretenida pero es la verdad: básicamente seguimos haciendo lo mismo que veníamos haciendo. Y después de la bomba narrativa con la que cerramos la segunda temporada, lo que se verá ahora es una continuación. Nos interesaba mucho relatar las consecuencias del estallido provocado por Kendall”, explicó el creador de Succession, que le otorga gran parte del mérito del suceso de la serie a su talentoso elenco, cuyos integrantes entendieron desde el principio la característica que une a todas las criaturas del universo de los Roy, desde el desorientado primo Greg (Nicholas Braun) hasta la calculadora Gerry (J.Smith Cameron) pasando por el inclasificable Tom (Matthew McFayden). Cada uno de ellos cree ser el protagonista de la historia.

“Es un relato coral en el que todos piensan que son el centro. Logan ciertamente está convencido de que es así. Por supuesto que en el cuento están presentes las influencias de relatos clásicos de Shakeaspeare como su Rey Lear y el Largo viaje hacia la noche de Eugene O’Neill. Contamos la historia de una familia, un tema que está en el centro del drama hace siglos, así que de alguna manera tenemos una raíz clásica. Para mí, que estoy entrenado en el teatro, eso lo hace todo más sencillo. Las líneas del relato son claras pero lo que vuelve fascinante a todo el asunto son los secretos que guardan los personajes. ¿Quiénes son estos tipos y en qué se convierten?”, se pregunta Cox con toda la autoridad que le da su experiencia en la Shakeaspere Royal Company con la que interpretó, entre otros grandes papeles, al mismísimo rey Lear al que hace referencia.

El rey de la selva en busca de su heredero
Macall Polay


El rey de la selva en busca de su heredero (Macall Polay/)

Un actor experto en encarar criaturas imponentes y terribles, personajes complejos y llenos de matices tanto en el teatro como en la pantalla, Cox siente un especial cariño por Logan Roy. “Lo que me encanta de interpretar a este personaje es que siempre me sorprende porque nunca se sabe qué hará. Parece ir en un sentido pero casi nunca se mantiene en esa dirección. Porque va en varias direcciones al mismo tiempo. Es un reflejo de la experiencia humana, de cómo vivimos. De alguna manera todo es un gran baile. Es un material único que le debemos al brillante equipo de guionistas. Nunca trabajé en algo así y me siento un privilegiado por ser parte de este programa que para mí es un drama excepcional del estilo que siempre quise hacer. Es un gran regalo”, dice el actor con una bonhomía que lo coloca en las antípodas de ese personaje que ama. Queda claro que la identificación entre uno y otro corre por cuenta de los espectadores, un truco de magia potenciado por el talento del actor y los guionistas. Y sin embargo, cuando se le pregunta si suele elucubrar las historias por venir, momentáneamente la diferencia entre uno y otro desaparece. “No me anticipo porque hacer eso una estupidez y un gasto de energía. Solo lo tomo como viene. Y, usualmente, lo que viene es malditamente bueno”, concluye Cox con una contundencia que tomó prestada de Roy. Y no importa cuál con qué tono lo diga, tiene razón.

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