"Washington jamás trataría de empujar a Argentina al eje bolivariano"

Novedades de Babel
Periodístico | Ediciones B | 304 páginas | 165 pesos

WikiLeaks cambió, sin dudas, la forma en que circula la información. Atravesada por el escándalo, el atractivo de la información ultrasecreta y la figura del enigmático Julian Assange, la organización mediática que se encarga de filtrar documentos le causó todo tipo de dolores de cabeza a más de un gobierno. Pero no sólo los estados la padecieron: los medios de comunicación también quedaron al descubierto. Wiki Media Leaks fue el libro que, hace unos años, contó cómo las relaciones internacionales entre los diarios y cadenas más importantes del mundo se vieron envueltos en el poder político, ocultándole a la gente las verdaderas causas de sus cursos de acción.

El libro, que hasta fue recomendado por el presidente ecuatoriano Rafael Correa, repasa cómo esos más de 250 mil cables que se conocieron fueron más que un ida y vuelta entre el Departamento de Estado norteamericano y las distintas embajadas alrededor del mundo. Fueron un modo de hacer política exterior y, sobre todo, un blindado intento por ocultar la verdad. Allí es donde el especialista en medios Martín Becerra y Sebastián Lacunza, director del Buenos Aires Herald e investigador periodístico, metieron la cuña: seleccionando aquellos cables más jugosos y relevantes, le demostraron al mundo político que el poder puede quedar totalmente descubierto.

"Los roles se alternan y se confunden: los medios de comunicación y los políticos o diplomáticos pueden ser fuentes y recolectores de información indistintamente, retroalimentando las versiones que se originan en esos círculos herméticos", explican los autores.

Bajo una nueva reimpresión que confirma la importancia de este libro para entender la política internacional y las relaciones latinoamericanas, Lacunza cuenta aquí cómo está conformado el mapa geopolítico actual.

- ¿Cómo creés que cambió la comunicación en estos años, con la masificación de las filtraciones de la mano de Internet?

- Por un lado, las filtraciones de WikiLeaks, Snowden y otras por el estilo ponen en evidencia canales y volúmenes de información no controlados del todo por los medios tradicionales. También quedó expuesta la vulnerabilidad de la información confidencial en manos de organizaciones poderosas, estatales o privadas. Ocurre que se espía más, se almacenan cantidades inusitadas de información, y por ese mismo factor, esa información se vuelve incontrolable, entre otras razones, por la cantidad de personal que se requiere para su lectura. Siempre aparece algún traidor, o arrepentido, o descuidado. Ahora, con Martín Becerra  decimos en el prólogo que, en 2010, WikiLeaks necesitó pactar con medios tradicionales, con grandes marcas de Occidente, y las hizo portadoras de la información. Es decir, WikiLeaks ganó legibilidad porque llegó vía The New York Times o Le Monde, en una primera instancia.  Tres años después, las filtraciones de Snowden (NSA) volvieron a emerger en The Guardian, un medio que fue víctima de la cacería de brujas que se desató y que terminó pactando sin ofrecer mucha resistencia. Esto nos habla bastante acerca de quiénes siguen teniendo el mayor reconocimiento no sólo por parte de los lectores sino también de los filtradores de información secreta.

- La idea de O'Donnell en el prólogo es que si uno no lee este tipo de libros, los juicios que uno se forma están atados a los "pulpos".

- Claro, fue interesante comprobar cómo los "pulpos" se ocuparon de ocultar los cables confidenciales que no los dejaban bien parados, pero ese cono del silencio sobre sus pecados terminó siendo menos eficaz que en décadas anteriores.

- En el mapa del poder ¿Cómo queda configurado el entramado entre periodistas, dueños de medios y países? ¿Cómo oscila el poder?

- Oscila según se trate de democracias más o menos complejas, más o menos pobres. En el caso de Honduras, hablar de poder político, mediático y económico es hablar de los mismos apellidos. En Bolivia, en algún punto, también lo era hasta la llegada del MAS al poder. Hay que atender muchas particularidades. En los países citados, Estados Unidos tenía hacía décadas una burocracia paralela: cogobernaba. Una tutela efectiva sobre áreas ministeriales, con cientos de funcionarios estadounidenses, que debían lidiar con una elite a la que conocían crudamente, al punto de que los documentos del Departamento de Estado la describen sin piedad, con mucho desprecio. Elites entusiasmadas con esa tutela. Ello por hablar de los países más pobres de América Latina. Ahora, también nos brinda una respuesta a esta pregunta la reacción ante las filtraciones de Snowden, que incluyó la irrupción de hombres de negro en la redacción de The Guardian, enviados por Cameron, para romper a martillazos el hardware del diario que almacenaba los datos de Inteligencia, o la amenaza de bajar el avión en que viajaba Evo Morales, entre otras ilegalidades. Ello también nos dice algo de dónde reside el poder real, y de sus diversas capacidades para tratar de controlar los flujos de información por vías más o menos sofisticadas.  

- Hacen un repaso en el libro por cómo los distintos países latinoamericanos se relacionaron con WikiLeaks. Además de la debilidad de Assange por Brasil, ¿qué otro país estableció vínculos fluidos con ?

- Brasil en general es el país latinoamericano que más despierta interés en los medios y la dirigencia política del norte de Europa. El interés de Assange por Brasil creo que debe entenderse en el marco de que los focos, incluso de la elite intelectual a la que pertenece, están puestos en ese país. Por lo demás, analizando cómo fue el aterrizaje de WikiLeaks en América Latina, vía medios conservadores en Ecuador, subsidiarios del mainstream en Chile, mixtos en Perú y Argentina, de izquierda en México, creo que se trató más de un tejido de "conocidos de conocidos" que de una llegada planificada en forma estratégica. Fue azarosa. Luego las cosas cambiaron y hoy, sin dudas, el vínculo más fluido es con Ecuador, por razones obvias.

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- Uno de los capítulos iniciales está dedicado al país, y en particular, a la ley de medios. Ya que cuentan lo que la gente no supo de la disputa, ¿fue la 125 la razón de la discordia entre el Grupo clarín y el Gobierno, o hubo algo más?

- Hay cables de 2007 y del verano de 2008 en los que directivos de Clarín ya hablan en un registro atenuado pero en la misma línea expuesta luego del conflicto de la 125. Quizás la 125 aceleró los tiempos y potenció la pelea, pero creo que es evidente que había otros factores que llevaban al gobierno y a Clarín por rumbos separados. Se habla mucho del pacto Clarín-gobierno. Creo que si lo hubo fue un pacto para vivir y dejar vivir, de control de daños, más que de alianza.

- ¿Qué revelaron en el libro de Venezuela en su momento y qué podrías agregarme ahora, con Nicolás Maduro en la presidencia?

- No hay cables divulgados con Maduro ya en el poder, aunque sí quedó claro en un caso de espionaje en Cuba revelado este año, que la agencia de cooperación USAID es un vehículo de la CIA, al menos a veces. Observando Venezuela queda claro que la diplomacia de Estados Unidos gana sofisticación en países con los que mantiene relaciones e intereses complejos (Argentina, Brasil, México), y pierde los estribos si se le planta un enemigo en un país chico y pobre, o mediano y estratégico, como Venezuela. A partir de entonces, para el Departamento de Estado valen muchas herramientas. No todas, a veces ponen límites porque las elites superan lo que Washington está dispuesto a hacer. Se pueden criticar las políticas de medios de Correa, Evo Morales y el chavismo, pero a la luz de los cables, queda claro que muchas ONG que se presentan como apóstoles de la libertad de expresión, la transparencia o los más diversos objetivos, son vistas por Estados Unidos como herramientas para erosionar gobiernos y les aportan fondos. No lo digo yo, lo dicen los cables escritos por diplomáticos norteamericanos. Entonces, en un tramo de la denuncia, Evo, Correa, Maduro y Castro tienen un punto de razón. Su respuesta ante ello es otra cosa, que discuto.

- Como director del Herald tenés un conocimiento amplio sobre cómo se posa la mirada sajona sobre Argentina. ¿Cómo están hoy las relaciones entre Washington y nuestro país?


- Una mirada a través de los títulos de los diarios diría que la relación del kirchnerismo con EE.UU. tiende a ser conflictiva. Recordemos Mar del Plata, Antonini Wilson, el avión con material de espionaje o la frialdad de Obama. Sin embargo, analizada más en profundidad, no sólo por los cables, se perciben canales de diálogo y cooperación que a ninguno de los dos gobiernos les interesa divulgar demasiado. Está claro que no se trata de aliados sino de administraciones que tienen puntos de fricción, pero no es del interés de EE.UU. tener una relación inamistosa con Argentina. Es la segunda economía sudamericana, hay muchas empresas que han ganado mucho dinero, instaladas hace años, hay nuevos nichos, recursos naturales, de manera que Washington jamás trataría de empujar a Argentina al "eje bolivariano". Eso se lo dejan a la cadena al Instituto Cato o la cadena Fox. Los diplomáticos resaltan todo el tiempo que es una sociedad compleja, dinámica, bastante corrupta; que la prensa también es dinámica pero con prácticas mediocres. No les agrada el kirchnerismo, preferirían un gobierno que impulse un TLC, pero entienden que la economía argentina no es la peruana y ven con claridad los límites de la oposición. Diría que el análisis político sobre Argentina que se hace en la Embajada ha sido con frecuencia de más nivel, menos binario, que el análisis político que se lee en la mayoría de los diarios. A veces, cuando la Embajada no analiza sino que arma el mapa reproduciendo pensamientos de algunos comentaristas que se acercan a contar secretos, su nivel se empobrece.

- ¿Qué beneficios consigue Wikileaks a cambio de filtrar cables e información?

- Creo que hay en los integrantes de WikiLeaks bastante de militancia, en diversos sentidos paralelos. Militancia antisistema, podríamos decir de izquierda, por otro lado menos ideológica, más aventurera y apasionada por nuevas formas de comunicación. Con ese bagaje, construyen alianzas, que suelen ser efímeras. No diría que son idealistas ni mucho menos inocentes.

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- ¿Cuál es tu postura respecto a la delgada línea entre la seguridad nacional y el derecho a la información?

- La línea es fina pero los gobiernos, centrales y periféricos, la demarcan con una topadora. Me aproximo mucho más a la opinión de Assange que a la del gobierno de Estados Unidos. Detrás de los secretos de la seguridad nacional hay muchos negocios, métodos nada democráticos y a veces atroces, otras veces mediocres; una gran burocracia que mantener. WikiLeaks sin duda aporta al objetivo de ampliar el derecho a la información. Los riesgos y excesos deben ser abordados, pero los gendarmes de la seguridad nacional no estarían siendo los más confiables del mundo. La ilegalidad absoluta como respuesta, como quedó demostrado en el caso Snowden o incluso en el de Assange, es muy preocupante.  

@juanbrodersen




















































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