El filonazi que resultó ser demasiado cruel incluso para los propios nazis

La Historia pendiente
Bronislav Kaminski resultó ser demasiado cruel incluso para los propios nazis (Wikimedia commons)

Existe una famosa expresión que dice ‘Ser más papista que el papa’ y que se utiliza para referirse a aquella persona que tiene un exceso de celo en un asunto, mucho más que la persona a la que incumbe directamente.

Es muy común en regímenes totalitarios que algunos subordinados se tomen a pecho la necesidad de aplicar las leyes y normas, extralimitándose de sus funciones en la mayoría de ocasiones.

Esto es lo que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial con Bronislaw Kaminski, un ruso de nacimiento (aunque de ascendencia polaca por parte de padre y alemana de la madre) que se encontraba en la región de Lokot, la parte de la URSS que había sido invadida por los alemanes.

Tras la entrada de los nazis en octubre de 1941 fue liberado de prisión, donde se encontraba encarcelado por ser sospechoso de subversión y estar en contra del régimen de Stalin. Se puso a las órdenes del Tercer Reich y les ofreció los servicios del Ejército de Liberación Nacional Rusa (Russkaya Osvoboditelnaya Narodnaya Armiya - RONA), una milicia que dirigía y que se creó con el fin de acabar con los partisanos soviéticos.

Ese ofrecimiento de lealtad al régimen de Hitler le sirvió para que fuese autorizado a dirigir Lokot como república autónoma, algo que hizo que Kaminski se convirtiera en todo un despiadado dictador persiguiendo y aniquilando a todo aquel que hubiese apoyado en algún momento a los soviéticos así como a los judíos que residían en la región.

El propio Himmler lo condecoró con la Cruz de Hierro para premiar la entrega y colaboración que Kaminski hacía con la causa nacionalsocialista.

En junio de 1944 la milicia (ya entonces Brigada) quedó absorbida por la Waffen-SS, siendo renombrado como Waffen-Sturm-Brigade RONA y ampliando el radio de acción a otros puntos de más necesidad para los nazis.

Ese fue el motivo por el que la nueva RONA, con el ‘Waffen-Brigadeführer’ Bronislaw Kaminski al frente, fuera utilizada el 1 de agosto para reprimir el Alzamiento de Varsovia, ordenando hacer una auténtica masacre en la que fueron asesinados un gran número de civiles (se calcula que diez mil), entre ellos niños, ancianos y mujeres, muchísimas de estas violadas. Fue un auténtico ensañamiento que llegó a avergonzar a los propios mandos nazis.

Kaminski se había convertido en un personaje incómodo para los jerarcas nazis. El ansia de poder, su comportamiento caudillista y la extralimitación en muchas de sus funciones hizo que ya no fuese del agrado de la cúpula de Reich, por lo que la matanza que realizó en Varsovia sirvió de excusa para quitárselo de encima. Hubo quien indicó que entre los fallecidos y las violadas se encontraban personas de nacionalidad alemana.

Heinrich Himmler, el mismo que había condecorado medio año antes a Kaminski, sintió repulsa por las atrocidades cometidas por éste, decidiendo que era preciso quitárselo de en medio y dando orden para que fuese liquidado.

El final de Bronislaw Kaminski no queda demasiado claro en las crónicas. Sí se sabe que murió asesinado el 28 de agosto de 1944, pero algunas fuentes apuntan a que fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento y otras dicen que fue la propia Gestapo quien se encargó de abatirlo a tiros.

Sea cual fuere su final lo que sí queda claro es lo incomodo que se convirtió para el régimen nazi, donde ejerció una violencia desproporcionada y, posiblemente, a algunos de los lectores les sorprenda que los propios nazis (con todas las barbaridades que hicieron) encontrasen a Kaminski demasiado cruel; pero, como indico al inicio de este posts, hay ocasiones en las que algunas personas son más papistas que el papa, en este caso ‘más nazi que los propios nazis’.

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Historia original: Yahoo España