Aspersores instalados en el campo de concentración de Auschwitz causan conmoción

Como si ya Europa no tuviera demasiado con los incendios forestales y calores sofocantes que ha provocado este verano, ahora una reminiscencia de la historia se empeña en pasarle factura.

La idea en sí es digna de ser celebrada, pero los resultados son lamentables: en busca de aliviar el efecto del intenso calor en los miles de turistas que visitan el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, las autoridades del memorial decidieron este año colocar a la entrada del recinto un sistema de aspersores de vapor de agua, bajo el cual pudieran refrescar los visitantes. Al acto el efecto se volvió nefasto.

Tomado de la página de Instagram de Nicola Tkacz
Tomado de la página de Instagram de Nicola Tkacz


La similitud de estos aspersores modernos con las célebres cámaras de gas donde murieron más de un millón de ciudadanos judíos de todas partes se convirtió en un tema de conversación, de enojo y hasta en una ofensa a la historia reciente.

Lo que todos conocen como el Holocausto judío sigue siendo uno de los horrores de la raza humana más anclados en la conciencia colectiva, y cualquier cosa que lo recuerde será objeto de polémica.

Casi todos los visitantes se sintieron aludidos, pero sobre todo la enorme masa de ciudadanos de origen judío, quienes al acto levantaron sus voces contra la iniciativa del museo.

Un reporte de The Jerusalem Post habla incluso de “conmoción e indignación” por parte de no pocos turistas israelíes de visita en esa zona de Polonia.

"Como judío que ha perdido a tantos familiares en el Holocausto, considero que estas se parecen mucho a las duchas que los judíos estaban obligados a tomar antes de entrar a las cámaras de gas", declaró al diario israelí Meir Bulka, de 48 años.

Fue este hombre uno de los que se dirigió a la gerencia del memorial y reclamó una explicación convincente. “Todos los israelíes sentían que se trataba de algo muy desagradable”, apuntó.

Las autoridades del lugar justificaron la instalación de estos aspersores a la entrada del centro debido a la intensa ola de calor que recorre el continente, al impacto de los rayos del sol en esa zona descubierta y a la frecuencia de desmayos en algunos de los visitantes, muchos de ellos bastante mayores de edad.

Por su parte, otros ciudadanos judíos consideraron que el tema se había sobredimensionado. Uno de ellos fue el Gran Rabino Michael Schudrich, quien entendió el proyecto de la administración local de “garantizar la seguridad a sus visitantes”, sobre todo cuando afuera se alcanza hasta los 40 grados centígrados. Semejante criterio manifestó Piotr Kadlcik, ex presidente de la Unión de Comunidades Judías Religiosas en Polonia.

"Los alemanes distorsionaron el concepto de ducha como fuente de limpieza y alivio, y lo equipararon con el horror puro. Nosotros no vamos a seguir ese camino", apuntó.

Un comunicado oficial aparecido en la página de Facebook del Memorial de Auschwitz intentaba esclarecer este entuerto, toda vez que no fue a través de duchas que se le dio muerte a más de un millón de judíos, sino mediante “agujeros en el techo o en las paredes” por el cual pasaba el gas Zyklon B, el único causante de tantas muertes.