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La Danza de la Muerte y otras imágenes macabras

Danza macabra en la iglesia de San Nicolás en Tallin | Crédito: Wikipedia.Durante la Edad Media la esperanza de vida en Europa era muy baja, incluso entre las clases más pudientes. Una situación dramática que tenía su origen en enfermedades y conflictos armados, pero también en hambrunas y otros desastres.

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Aquel contacto habitual con la Parca había acostumbrado a las gentes de aquel tiempo a tener a la muerte como algo cotidiano. Sin embargo, a partir del siglo XIV la llegada de varias epidemias de peste negra, que dejaron a su paso millones de muertes, aumentó más si cabe esa sensación.

Esa fue la razón de que se popularizan una serie de relatos de contenido macabro que, primero en la literatura y después en el arte, alcanzaron una gran difusión, dejando su huella en manuscritos iluminados, pinturas y piezas escultóricas.

Una de las representaciones de este tipo más extendidas, especialmente popular a partir del gótico final, fue la llamada Danza de la Muerte o 'Danza Macabra'.

La representación más antigua de este tipo data de 1424, fecha de creación de unas pinturas murales que durante años decoraron el pórtico del cementerio de los Santos Inocentes de París, aunque hoy ya no se conservan.

Tal y como indica su nombre, estas escenas representaban un baile en el que participaban vivos y muertos, estos últimos bajo la forma de aterradores esqueletos o cadáveres en descomposición, a menudo cubiertos con mortajas y rodeados de gusanos repugnantes.

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En cuanto a los vivos, estos suelen aparecer representados mediante individuos de distinta clase social y condición, que en ocasiones hacen pareja con un cadáver o esqueleto, como sucede en las xilografías de Guyot Marchant.

Danza de la muerte', de Michael Wolgemut (1493) | Crédito: Wikipedia.A diferencia de otras representaciones escatológicas de la época, como las escenas religiosas del infierno y los condenados que decoraban los tímpanos de numerosas iglesias y catedrales medievales, este tipo de imágenes macabras eran de carácter profano, aunque no faltaba en ellas cierto sentido cristiano.

Así, los vivos y muertos de estas escenas recordaban a quien las contemplaba que los placeres del mundo terrenal son efímeros, así que no hay que aferrarse a ellos, pues la muerte es imprevisible e inevitable y alcanza a todos por igual, lo que nos obliga a prepararnos para su llegada como buenos cristianos.

Esta idea de la necesidad de prepararse para morir siguiendo los preceptos cristianos tuvo su paralelo en otra manifestación cultural, en este caso literaria: los 'Ars Moriendi' ('El arte de morir'), tratados para saber cómo "morir bien".

Del mismo modo, las 'danzas de la muerte' no fueron las únicas manifestaciones artísticas de carácter macabro que se popularizaran en aquella época.

Ya en el siglo XIII se había extendido por buena parte de Europa una leyenda profana conocida como 'El encuentro de los tres vivos y los tres muertos', que también tendría un notable éxito en las artes plásticas a partir de comienzos de la centuria siguiente.

Según una de las numerosas versiones de este relato, tres jóvenes de clase alta salen de cacería al bosque y, mientras disfrutan de su momento de ocio, se encuentran de pronto frente a tres cadáveres en avanzado estado de descomposición con los que, tras el susto inicial, entablan una conversación.

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Los fallecidos les advierten que deben cambiar su modo de vida, dejando atrás los pecados y las malas costumbres, recordándoles que, algún día, la muerte también les alcanzará a ellos.

De nuevo la leyenda hace hincapié en lo frágil de la condición humana y lo imprevisible de nuestra existencia.

Danza macabra en una iglesia de Clusone (Italia) | Crédito: Wikipedia.En un trabajo dedicado a la presencia de lo macabro en el arte gótico español, la historiadora Francesca Español Bertrán, de la Universidad Autónoma de Barcelona, menciona varios ejemplos de representaciones artísticas de este tema.

Una de ellas es un capitel de la basílica de Santa María del Mar de Barcelona. El mismo tema aparece en dos sepulcros de época gótica. Uno de ellos está en San Pedro de Fraga, y del que solo se conserva un pequeño fragmento. El otro es el sepulcro de Pedro de Guevara, que se conserva en Oñate (Guipúzcoa).

La fugacidad de la vida y la angustia derivada de la imprevisible llegada de la muerte ha sido un tema recurrente a lo largo de la historia del arte.

Desde los 'Memento Mori' de la Antigüedad a las 'Vanitas' del barroco, no han faltado artistas que plasmaran esta idea, aunque quizá pocas veces con un resultado tan macabro como en estas "danzas de la muerte".


Fuente: Yahoo! España
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