Berlín y el polémico cambio de nombre de la céntrica Mohrenstrasse

Agencia EFE

Berlín, 15 jul (EFE).- La controversia por el nombre de una céntrica calle berlinesa, a la que sus detractores achacan resonancias discriminatorias, se ha reavivado en el contexto del movimiento global contra el racismo, pero no hay consenso en cuanto al cambio de denominación.

La Mohrenstrasse, en el corazón de la capital alemana, toma su nombre de los "Mohren", palabra con el mismo origen que el castellano "moro", que cayó en desuso hace más de un siglo y que se usaba en la Edad Moderna para referirse sobre todo a personas de piel negra y procedentes de África.

Hoy en día es un término anticuado que no se usa en el lenguaje diario y varias organizaciones antirracistas comenzaron hace años una campaña para modificar un nombre que desde su punto de vista es ofensivo y discriminatorio, pues remite a estereotipos racistas y colonialistas.

Con el impulso del movimiento global contra el racismo desatado por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, la polémica ha vuelto a la palestra en la capital alemana, donde una iniciativa de la compañía municipal de transportes (BVG) se ha situado en el centro de las desavenencias.

La BVG anunció a principios de mes que la parada de metro "Mohrenstrasse" pasaría a llamarse "Glinkastrasse", en referencia a una calle próxima, sin reparar en que Mijaíl Ivánovich Glinka, el compositor ruso que da nombre a la vía, puso música a una ópera en la que aparecen motivos antisemitas.

Mientras que la BVG se veía obligada a pisar el freno, poco después, a instancias del senado de la ciudad-estado de Berlín, el listado de nombres problemáticos no deja de multiplicarse, pues a la calle de Glinka se han sumado también la calle y la parada de metro Cabaña del Tío Tom.

Además, más allá de varias vías nombradas en recuerdo a oficiales alemanes de las colonias en África, existe en el distrito de Wedding el llamado "barrio africano",en él todas las calles se refieren a territorios o grupos étnicos vinculados a las posesiones alemanas en el continente.

Tanto los partidarios de modificar los nombres como quienes prefieren mantenerlos están de acuerdo en que se trata de una cuestión eminentemente simbólica, pero difieren en la valoración de su impacto y de las medidas que se deben emprender para adoptar una postura crítica frente al pasado.

PROVOCAR EL DEBATE

"Claro que con el cambio de nombre no solucionamos el problema del racismo, pero con el debate sobre los nombres de las calles demostramos lo profundamente anclado que está el racismo en la sociedad", argumenta Tahir Della, portavoz de la Iniciativa Personas Negras (ISD).

La organización, una de las principales promotoras de las protestas contra el nombre "Mohrenstrasse", propone que la calle y la parada de metro se rebauticen en honor a Anton Wilhelm Amo, un filósofo y profesor de origen guineano que hizo carrera en la Alemania del siglo XVIII.

La controversia es una forma de obligar a la opinión pública a ocuparse del tema y a encarar cuestiones que normalmente se evitan, como la historia colonial alemana o el racismo "en instituciones y estructuras", explica Della a Efe en su despacho, decorado con fotos de nombres de calles que su grupo consiguió cambiar.

La ISD y la plataforma de la que forma parte, Decolonize Berlín, ha logrado que se aprobara la modificación de tres nombres en el "barrio africano", aunque el proceso de selección fue objeto de críticas por su falta de transparencia y por dejar fuera a los residentes de las calles en cuestión.

Della señala que si no hay consenso al respecto es porque la sociedad sigue siendo racista. "Tenemos que ver qué referentes tomamos como sociedad", afirma, argumentando que no es posible conservar un nombre solo porque "no todo el mundo esté de acuerdo".

APRENDER DE LA HISTORIA

La periodista especializada en historia Maritta Tkalec es una de las voces más destacadas a favor de la conservación de los nombres "históricos", puesto que a su juicio "reflejan conflictos que han acompañado a la ciudad y el país desde hace décadas y siglos".

Desde las páginas del diario local "Berliner Zeitung", fue ella quien llamó la atención sobre las tendencias antisemitas de Glinka y quien unos años atrás descubrió que la reina angoleña del siglo XVII en cuyo honor Decolonize Berlin quería renombrar una calle había sido ella misma traficante de esclavos.

Tkalec destaca que la denominación "Mohrenstrasse" no tenía connotaciones despectivas cuando la calle fue construida, entorno al año 1700. Aunque mañana llevara otro nombre, "ninguno de los muchos problemas que tenemos con el racismo y con el colonialismo desaparecería", añade.

"Si eliminamos, ignoramos o negamos el pasado, perdemos la posibilidad de aprender de él, lo que es indispensable. Quien no sabe de dónde viene, en lo bueno y en lo malo, ¿qué pretende hacer con su futuro? Cae en las mismas trampas que sus abuelos y bisabuelos", afirma.

La periodista favorece la propuesta, defendida en el Senado por los conservadores de la Unión Democristiana (CDU), de conservar el nombre actual pero con paneles informativos que aporten contexto, mientras que los socialdemócratas (SPD) y los Verdes se posicionan a favor de bautizar la calle en honor de Amo.

Sobre la figura del filósofo del siglo XVIII no pesa, por el momento, ninguna sospecha.

(c) Agencia EFE

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