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La batalla sobre la minería en aguas profundas se vuelve más apremiante mientras el periodo de prueba va llegando a su fin

Producción de baterías en la planta de BMW en Spartanburg, Carolina del Sur, el 19 de octubre de 2022. (Juan Diego Reyes/The New York Times)
Producción de baterías en la planta de BMW en Spartanburg, Carolina del Sur, el 19 de octubre de 2022. (Juan Diego Reyes/The New York Times)

Desde hace mucho tiempo, las empresas mineras y los ambientalistas han estado en desacuerdo sobre los proyectos propuestos en el océano Pacífico que brindarían nuevas fuentes de metal para vehículos eléctricos, pero que amenazan a los impolutos ecosistemas submarinos.

Ahora que está finalizando una misión de prueba con duración de dos meses llevada a cabo por una empresa canadiense y que los reguladores internacionales están debatiendo si permitir la explotación minera a gran escala ya en 2024, este conflicto comienza a ser más apremiante.

El apretado cronograma ha generado protestas, incluso antes de que este año zarpara el barco de pruebas de Róterdam, en los Países Bajos. En fechas más recientes, autoridades de todo el mundo —como Chile, Costa Rica, los Estados Federados de Micronesia, Francia, Alemania, Nueva Zelanda y España— han solicitado una suspensión o una moratoria.

“No debería haber explotación minera al menos hasta que garanticemos la protección eficaz del ecosistema marino”, señaló Georgina Guillén Grillo, quien es la delegada en Costa Rica de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, una agencia afiliada a Naciones Unidas que tiene jurisdicción sobre la minería en aguas profundas y que ahora se reúne en Jamaica para determinar los requisitos ambientales propuestos y decidir cuáles serán las etapas siguientes.

Esta prueba es realizada por Metals Co., una empresa con sede en Vancouver, Columbia Británica, en el remoto lecho marino entre Hawái y México. Desde fines de septiembre, un equipo de 130 personas ha estado trabajando las 24 horas del día en un barco de explotación petrolera adaptado, extrayendo lo que serán en total 3600 toneladas de rocas cargadas de manganeso, níquel y cobalto desde una profundidad de 4,3 kilómetros de la superficie del océano.

La expedición de 250 millones de dólares, que también incluye un barco de compañía con docenas de científicos marinos equipados con artefactos submarinos de audio, video y de monitoreo de la calidad del agua, tiene como propósito evaluar el impacto ambiental de la minería en aguas tan poco exploradas, que la ciencia aún no clasifica muchas de las plantas y animales.

También se trata de la primera prueba a gran escala del equipo de minería de esta empresa en el océano Pacífico. La maquinaria succiona unas rocas conocidas como nódulos polimetálicos como si fuera una aspiradora y las lleva a la superficie a través de una serie de tubos ascendentes.

Nódulos polimetálicos recogidos de la zona Clarion-Clipperton en el océano Pacífico por Metals Co., exhibidos en un barco, en San Diego, California, el 8 de junio de 2021. (Tamir Kalifa /The New York Times)
Nódulos polimetálicos recogidos de la zona Clarion-Clipperton en el océano Pacífico por Metals Co., exhibidos en un barco, en San Diego, California, el 8 de junio de 2021. (Tamir Kalifa /The New York Times)

Anthony O’Sullivan, director de desarrollo de la empresa, comentó que, aunque el trabajo de los científicos aún no ha terminado, el lodo y el sedimento revueltos por la extracción no se ha dispersado como algunas personas temían que pudiera dañar la vida marina.

“La pluma del lecho marino está abrazando el lecho marino”, señaló.

No obstante, los asesores de la empresa reconocieron que era demasiado pronto como para sacar conclusiones.

“En verdad hay mucha información que analizar antes de poder hacer una evaluación del impacto ambiental”, mencionó en una entrevista vía telefónica desde el sitio de la expedición Thomas L. Johnson de DHI Group, contratado por Metals Co. para estudiar la pluma de sedimento.

Según los documentos analizados por The New York Times, la misión de prueba ha tenido algunos contratiempos, entre ellos, fallas en el cableado eléctrico por las presiones en aguas profundas y la descarga de fragmentos de roca y aguas residuales llenas de sedimentos del barco. Un portavoz de Metals Co. explicó que la descarga fue resultado de un incremento del agua que fluía a través de un aparato para depurar el sedimento y “no se consideraba que representara un peligro o riesgo importante para el medioambiente”. La prueba está programada para terminar a mediados de este mes.

Matthew Gianni, cofundador de la Coalición para la Conservación de las Aguas Profundas, señaló que las pequeñas cantidades de sedimento dispersado y la simple extracción de las rocas —que son el hábitat de muchos organismos del lecho marino— pueden ser suficiente para trastornar la vida.

“Si ni siquiera conocemos las especies que están ahí ni tampoco cómo les afecta este sedimento, no podemos hacer ninguna aseveración sobre cuál será el impacto biológico de las plumas”, comentó. “Pongamos las pruebas sobre la mesa, presentémoslas a científicos independientes para que las analicen y veamos si sus argumentos se sostienen. Hasta entonces, ni siquiera podemos hablar de seguir adelante con la minería a gran escala”.

Según un funcionario de Metals Co, la agencia, con un equipo de 50 personas, no envió a ningún empleado de tiempo completo a la expedición, sino que mandó a un becario. Un portavoz de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos mencionó que la agencia había seguido muy de cerca el proyecto, había enviado personal a inspeccionar los barcos antes de que salieran y harían una visita de seguimiento cuando regresaran “para verificar que todas las operaciones en altamar se hayan realizado con total cumplimiento de los requisitos regulatorios pertinentes”.

La prueba está teniendo lugar a unos 1770 kilómetros al suroeste de Manzanillo, México, con vehículos operados a distancia, ya que las aguas son tan profundas y la presión tan intensa, que casi siempre resulta demasiado complicado enviar trabajadores. Los historiadores marinos afirman que este es quizás el conjunto más grande de nódulos polimetálicos en la historia procedentes del área rica en minerales conocida como la zona Clarion-Clipperton.

Al principio, Metals Co. pretende recoger al año 1,3 millones de toneladas húmedas de los nódulos del tamaño de una papa y, a la larga, aumentarla a cerca de 11,3 millones de toneladas. De acuerdo con las proyecciones de la empresa, los trabajos de excavación durarían más o menos dos décadas y generarían ganancias hasta por 31.000 millones de dólares.

La empresa afirmó que los metales de las zonas del fondo marino que esta controla son suficientes como para suministra energía a 280 millones de vehículos eléctricos, el equivalente a toda la flota de automóviles en Estados Unidos.

La empresa controla tres de los 22 contratistas de exploración que tienen la autorización de la agencia para buscar metales y reunir información relacionada con el medioambiente, y las licencias abarcan aproximadamente 1,502,200 kilómetros cuadrados del lecho marino. La empresa ha anunciado que planea presentar una solicitud el próximo año para comenzar con la minería a gran escala, lo cual requiere una aprobación independiente.

Entre los socios de Metals Co. se encuentran Allseas Group, un contratista de la industria petrolera en altamar con sede en Suiza; Maersk, una empresa naviera danesa, y Glencore, una empresa minera suiza, la cual tiene un acuerdo para comprar el cobre y el níquel extraído de los nódulos.

© 2022 The New York Times Company