Sigue la búsqueda de las dos hermanitas que desaparecieron en las inundaciones de Bahía Blanca
Con embarcaciones motorizadas y a remo en superficie. Buzos en las profundidades y bomberos voluntarios, también, sobre suelo firme. Se acaba de sumar moderna tecnología de rastreo por aire, mar y tierra y hasta la colaboración de un geofísico que llegó desde España, con experiencia en búsqueda de víctimas durante la monumental y trágica inundación de octubre pasado en Valencia.
El esfuerzo es sostenido, se multiplican recursos, se amplía la búsqueda pero los resultados por ahora son nulos en términos de dar con Pilar y Delfina Hecker, las hermanas de 5 y 1 años que son las únicas dos desaparecidas tras el temporal que mantuvo bajo agua a más del 70% de Bahía Blanca y alrededores, donde murieron 16 personas y se registraron pérdidas materiales aún incalculables.
Casi tres semanas transcurrieron desde que un potente y voluminoso torrente de agua de lluvia que llegaba desde el casco urbano bahiense las arrastró a ambas. En esos momentos estaban con sus padres, en viaje por la Ruta 3 y por el anegamiento se habían detenido con su automóvil, a la altura del kilómetro 702.
“No hay plazos de fin de rastrillaje”, confirmó hoy a LA NACION la fiscal Marina Lara, a cargo de la Unidad Funcional N°14 y al frente de la causa que se abrió para determinar la suerte corrida por las niñas tras aquella fatal mañana del pasado viernes 7.
Hace una semana, con Andrés Hecker y Marina Haag, padres de las niñas, Lara participó de la reconstrucción de aquel momento en que ambos perdieron contacto con sus hijas. Allí ellos brindaron a la justicia y demás investigadores distintos detalles. Acompañaron también peritos y expertos para evaluar el posible recorrido y derivación de los cuerpos, empujados siempre por el furioso curso de agua.
La fiscal confirmó a LA NACION la reciente incorporación de un sonar de barrido lateral Starfish 900 aportado por Gendarmería Nacional. Se trata de un equipamiento de alta resolución y calidad de definición en las imágenes que permitiría detectar elementos por debajo de agua y acumulaciones de barro. Se incorporó al despliegue que comenzó al día siguiente del siniestro meteorológico en la zona donde se vio por última vez a las menores. Hoy ese perímetro de búsqueda se extiende hasta el frente marítimo bahiense y cercanías.
En este último extremo se reforzaron los medios, también con el aporte de Armada, Prefectura Naval y en estas últimas horas con un grupo de kayakistas profesionales que se moverán más cerca de tierra firme, entre los recovecos que propone esta particular geografía costera, muy compleja con sus estuario y rías.
El equipo de trabajo al servicio de esta investigación alcanzó más de 300 personas. Tiene una fuerte presencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y aporte otras fuerzas públicas y particulares que, a lo largo de estos 18 días, recurrieron a sus efectivos, cuerpos especializados, perros entrenados, helicópteros y drones de última generación, entre otros medios. Han recorrido casi palmo a palmo una extensión de terreno de casi 20 kilómetros cuadrados, desde la ruta 3 hasta el mar. Al inicio, cuando todavía estaba inundada. Luego en medio de barro y, estos últimos días, sobre tierra seca.
La búsqueda no se ha interrumpido, salvo algún reciente y breve período de lluvias. Hasta el momento solo se detectaron restos de animales, que en gran número también fueron parte de la pérdida y saldo que provocó este temporal inédito y de magnitud histórica para el distrito de Bahía Blanca. “En tierra se recorrió metro a metro, paso a paso, ya no es esperable encontrar resultados positivos”, reconoció a LA NACION la fiscal Lara. Aun así se mantiene una guardia de recorridos con bomberos voluntarios en la zona.
Destacó además que se incorporó a este staff el aporte de un geofísico que vino desde España, con la reciente experiencia de participar en la búsqueda de damnificados por la última inundación que afectó a la depresión aislada en niveles altos (DANA) valenciana, donde murieron 233 personas. Puso a disposición un georradar para multiplicar alcances y realizar una suerte de escaneo profundo y amplio sobre el terreno donde se concentra la búsqueda.
En este operativo colaboran académicos de la Universidad Nacional del Sur, Universidad Tecnológica Nacional y científicos del Conicet. Entre todos han realizado un análisis topográfico y geomorfológico del escenario para sumar datos y más elementos al ordenamiento y desarrollo de este plan de rastrillaje.
El momento dramático
Los papás de Pilar y Delfina vivieron momentos de crisis difíciles en horas posteriores a la desaparición de las niñas. Ambos, incluso, durante ese mismo episodio no sabían que había sido de uno y otro, ya que el agua los llevó por caminos distintos. Luego, sin comunicación posible ya que no había internet ni telefonía, pasaron horas hasta que se reencontraron. A partir de entonces se inició la búsqueda.
Primero en sede policial, luego ya ante funcionarios judiciales, Andrés y Marina contaron paso a paso lo ocurrido aquella mañana, cuando el distrito de Bahía Blanca estaba bajo un literal diluvio y todas sus calles se habían convertido en lagunas, cuando no en ríos, dado que el agua corría con fuerza en sentido a las zonas más bajas de la ciudad y sus costas.
Los cuatro viajaban esa mañana en su VW Gol color gris hacia Mayor Buratovich, a unos 90 kilómetros al sur de Bahía Blanca, ya bajo una lluvia torrencial y decididos a llegar a casa de familiares. Habían hecho los primeros kilómetros por ruta 3 cuando debieron detenerse porque el agua acumulada impedía avanzar. Una situación que también afectaba a otros vehículos y conductores, entre ellos camioneros que habían elegido detenerse sobre la banquina.
Como el agua cruzaba la ruta, avanzaba y ganaba altura dentro del vehículo, se decidieron a salir. Allí se encontraron con el ofrecimiento del chofer de una van de la firma Andreani, que transporta correo. Era Rubén Salazar, que dio marcha atrás, se ubicó a la par y les propuso que se pasen a su vehículo, de mayor porte y más alto, para mayor seguridad.
En medio de la emergencia aceptaron y avanzaron. Pusieron freno de mano a su VW Gol y pasaron a Pilar, la mayor, a manos de Salazar. Hecker había bajado y se agachó a buscar una cartera que se le había caído cuando, coincidieron ambos padres, fueron sorprendidos por una literal ola que cruzaba perpendicular a la ruta 3 y los movió a ellos y a los vehículos.
A la combi de Andreani se la llevó esa correntada, flotando. Hecker pudo quedar sobre la ruta y Haag logró retener a Delfina en brazos. Salazar se subió al techo del vehículo con Pilar. Desde ahí quiso recibir a la más pequeña, pero la mamá no alcanzó porque otra correntada la sacó del capot de la van, donde había intentado afirmarse para ganar altura sobre el agua.
Haag y Delfina viajaron entonces al ritmo de ese torrente. La mujer asegura que dos veces esa turbulencia la llevó por debajo de la superficie, y con esfuerzo volvió a quedar a flote. Pero describe una nueva ola que le arrancó a su hija de las manos. Ya no volvió a verla.
Como pudo, porque no sabe nadar, Haag intentó flotar y dejarse llevar. Contaría luego que trataba de estar tranquila y no desesperarse porque quería seguir en superficie y alerta, en busca de su hija menor. Así, agarrándose de ramas cada tanto, derivó a jurisdicción de la localidad de General Cerri. Hizo pie sobre un terraplén, a metros de un puente que un rato después también cedería ante la potencia de tanta agua. Pudo ser asistida por vecinos de la zona, justo cuando asomaba el pico de inundación por allí.
Del otro lado, sobre la ruta 3, había quedado Hecker, que vio lo que ocurría con su esposa, sus hijas y Salazar. Todos estaban cada vez más lejos de su posición debido a la acción de una suerte de río en que se había convertido ese corredor suburbano. Entonces se decidió, como pudo y con agua casi a la cintura, a pedir ayuda.
Corrió por la ruta 3 en sentido contrario al que había viajado y la encontró en principio del conductor de una van Traffic, que atendió sus pedidos de auxilio, lo subió y lo transportó hacia General Cerri. Hacía allí apuntaba la deriva que tenían las aguas que se había llevado a su familia. También en General Cerri, un rato después, la pareja se reencontró y con desesperación reclamó una pronta búsqueda de sus hijas. Hasta ahora vigente. Hasta ahora sin resultados positivos.