Un arresto en Honduras saca a la luz la influencia venezolana en la campaña colombiana

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La política colombiana Piedad Córdoba, en la tumba del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro
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BOGOTÁ.– El escándalo que protagonizan en Honduras Piedad Córdoba y sus 68.000 dólares llegan en mal momento para su jefe político, Gustavo Petro, en vísperas de la jornada electoral del domingo en Colombia. La senadora electa por el Pacto Histórico estuvo retenida en Tegucigalpa por la Policía de Delitos Financieros, tras ser interrogada por un fiscal especial contra el crimen organizado. Luego fue liberada.

Pese a las pocas horas transcurridas, Córdoba ofreció tres explicaciones distintas de cuál es la procedencia de los fajos de billetes verdes que llevaba consigo, y que no declaró, antes de emprender el vuelo a Panamá y Colombia. Que no se había dado cuenta, que si el pago de una asesoría o que si pertenecían a un empresario colombiano afincado en el país centroamericano, al cual había viajado para entrevistarse con su aliada política, la presidenta Xiomara Castro. La Fiscalía determinará en primera instancia si se trata de una trama de lavado de activos.

La senadora colombiana Piedad Córdoba reveló ayer pruebas de supervivencia de Oscar Tulio Lizcano
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La senadora colombiana Piedad Córdoba

Más allá de su último escándalo con la Justicia internacional, Córdoba representa el eslabón más grueso de la cadena que une al chavismo y a la izquierda radical colombiana. En enero pasado, la dirigente tampoco dudó en viajar al estado de Barinas para apoyar al candidato revolucionario en la elección regional, sin importarle que Nicolás Maduro hubiera ordenado repetir manu militari los comicios tras la derrota de noviembre y ante la importancia emblemática que tiene para el chavismo la cuna natal de Hugo Chávez.

Sobre Córdoba pesa sobre todo su relación estrecha con el magnate colombiano Alex Saab, presunto testaferro de Maduro y principal operador internacional de la revolución, enriquecido durante años por su cercanía al Palacio de Miraflores. Fue precisamente la excandidata presidencial quien facilitó el nacimiento de tan aprovechada amistad. Saab protagonizó alguno de los grandes escándalos de corrupción en el chavismo, desde los fraudulentos mecanismos de cambio de divisas a la venta de oro a los aliados internacionales, pasando por las cajas de comida subvencionada procedente de México.

“A los venezolanos nos recuerda lo ocurrido a Antonini Wilson y su maletín lleno de dólares, enviado por Hugo Chávez para la campaña de Cristina Kirchner en la Argentina. Pese a la gravedad, a estas alturas, no creo que vaya a tener un impacto notorio en las elecciones. Ahora mismo los simpatizantes de Petro están en esa línea de seguirlo ‘pase lo que pase’. En todo caso podría terminar de alejar a alguno que otro indeciso y, probablemente, termine decantando su apoyo a favor de Rodolfo Hernández [candidato anticorrupción]”, dijo a LA NACION el analista Walter Molina Galdi.

Historial de escándalos

Pese a su activismo en pro de Maduro y su largo historial de escándalos, Petro decidió proteger a Córdoba incluyéndola en su lista cerrada al Parlamento. “Fue una tramitadora de secuestros”, fustigó entonces la dirigente política Ingrid Betancourt, que permaneció en manos de las FARC durante seis años.

“Si llegara un pedido de extradición de Córdoba, senadora que hiciste elegir, ¿firmarías esa extradición?”, interrogó durante un debate esta semana el candidato Federico “Fico” Gutiérrez a Petro. “Sí”, contestó este sin pestañear. Después llegaría una larga retahíla de justificaciones del candidato del Pacto Histórico para intentar limitar sus lazos históricos con el chavismo, que incluye la comparación imposible de Maduro con el presidente colombiano, Iván Duque.

El rechazo en Colombia al jefe revolucionario es de tal dimensión que Petro se ha visto obligado a atacarlo con medias tintas, pese a que se trata de la gran apuesta del Grupo de Puebla y de los defensores de la Patria Grande para recuperar la hegemonía política en la región. Esta estrategia no convence a parte de la opinión pública, pero tampoco ha disgustado a Caracas, sabedora de que con Petro no solo se retomarán las relaciones diplomáticas y comerciales, rotas desde 2019, y se reabrirán las fronteras, sino que también se unirá al bloque de países que ha decidido blanquear a las dictaduras latinoamericanas.

“A Táchira [estado fronterizo venezolano] le conviene que gane Petro”, reconoció sin ambages su gobernador, el dirigente chavista Freddy Bernal.

El abanderado de la izquierda radical colombiana cuenta incluso con el expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, principal defensor de Maduro en Europa. “Petro encarna la figura del cambio en Colombia, un cambio que advierto histórico y que va a contribuir con ese resurgimiento que Latinoamérica está esperando”, destacó el exlíder del PSOE tras ofrecerse, y ser aceptado, como futuro mediador en unos “diálogos de paz” en Colombia.

Es precisamente en los territorios cercanos a la frontera donde el gobierno de Maduro ha dado cobijo y respaldo a las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y al Ejército de Liberación Nacional (ELN), que no solo mantienen su pulso contra el Estado colombiano, sino que también participan en el control de la población y en la vigilancia de las zonas mineras, además de profundizar en el gran negocio del narcotráfico.

La vinculación de Petro y el chavismo es tan evidente que cuando habla de Venezuela no critica la violación sistemática de derechos humanos o la corrupción sin precedentes, sino el modelo rentista petrolero, como si el único problema en Venezuela fuese ese”, concluye Molina.

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