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Argentina, donde las casas se compran con fajos de billetes de 100 dólares

Una tienda de Buenos Aires, donde los precios suelen estar escritos con tiza para permitir aumentos frecuentes. (Anita Pouchard Serra/The New York Times)
Una tienda de Buenos Aires, donde los precios suelen estar escritos con tiza para permitir aumentos frecuentes. (Anita Pouchard Serra/The New York Times)

Años de dificultades financieras crearon una economía distorsionada que depende del dólar estadounidense. Javier Milei ganó la presidencia con promesas de dinamitarlo todo.

Marcelo Capobianco estaba en su pequeña carnicería de las afueras de Buenos Aires el martes y, mientras inspeccionaba la ternera que acababa de colgar de un gancho, admitió que con esa carne de primera calidad apenas tendría alguna ganancia.

Desde que su candidato preferido, Javier Milei, ganó la presidencia de Argentina dos días antes, el precio de la carne se había disparado un 5 por ciento, mientras que el valor del peso argentino en la calle había caído un 12 por ciento, perjudicando el poder adquisitivo de sus clientes.

Capobianco dijo que en los últimos meses había subido los precios tantas veces que ahora no quería volver a transferirles los costos a los clientes. “Ya me está costando vender a estos precios”, dijo.

En toda su tienda había indicios de la espiral de crisis económica y la inflación del 140 por ciento que ha convulsionado Argentina y que catapultó a Milei, un libertario que se define como “anarcocapitalista” y que quiere sustituir el peso por el dólar estadounidense, al máximo cargo del país.

Allí estaba el muro de precios escritos con tiza para permitir los aumentos frecuentes, también el mostrador desde el que todas las mañanas retransmite en directo los precios del día para que sus clientes los vean en Facebook; y la valla sándwich que utilizó recientemente para anunciar un corte de ternera en dólares, con el lema de campaña de Milei garabateado al lado: “¡Viva la libertad!”.

Era un comentario irónico, dijo Capobianco, en referencia a que “ya vivimos en una economía dolarizada”.

Pero, todavía no.

Milei, de 53 años, economista y excomentarista de televisión, ha convertido la “dolarización” en la pieza central de su plan radical para salvar la economía del país, lo que también incluye el cierre del Banco Central de la República Argentina y una fuerte reducción del tamaño del gobierno.

Sin embargo, tras años de inflación elevada y una caída en picada del 93 por ciento del valor del peso argentino desde el comienzo de la pandemia, la economía argentina, ya de por sí distorsionada, ha evolucionado hasta depender aún más de los dólares estadounidenses para funcionar a diario.

Los argentinos compran casas y automóviles con montones de billetes de 100 dólares. Los sitios de noticias mantienen un seguimiento en tiempo real del “dólar blue”, un tipo de cambio de dólares en el mercado negro que técnicamente es ilegal para los argentinos, pero que, de todos modos, casi todo el mundo utiliza.

Y después de convertir sus pesos en dólares, muchos argentinos los esconden bajo el suelo, en ropa vieja o en cajas de seguridad alquiladas en cámaras subterráneas.

Como el valor de sus salarios se desintegra en cuanto los reciben, los argentinos que pueden ahorrar dinero suelen optar por el efectivo estadounidense.

El resultado es que, según algunos cálculos, cerca del 10 por ciento de toda la divisa estadounidense en circulación se encuentra en Argentina, es decir, unos 200.000 millones de dólares, más que en cualquier otro país fuera de Estados Unidos. Esto representa un promedio de 4400 dólares en efectivo para cada argentino, frente a los 3100 dólares de cada estadounidense.

Desde hace mucho tiempo el dólar ocupa un lugar destacado en Argentina, y su evolución frente al peso ha servido durante décadas como referencia de la salud económica del país. Por mucho tiempo también ha sido la forma preferida de pagar los grandes gastos. Por ejemplo, el traspaso de Diego Maradona, la superestrella del fútbol nacional, a un club argentino en 1981.

Debido a eso, para muchos argentinos, el dólar se ha convertido en un símbolo de seguridad. Así que cuando Milei lo convirtió en símbolo de su campaña, resultó ser una estrategia política eficaz.

En sus mítines, llovían dólares con su cara y sus partidarios le pasaban billetes enormes de 100 dólares que él alzaba como un trofeo.

Ahora, Milei tomará posesión de su cargo el mes que viene, y es posible que pronto descubra que sus promesas serán mucho más difíciles de cumplir.

Los economistas han advertido que dolarizar la economía argentina será todo un reto, porque para hacerlo suele ser necesario que un país disponga de una gran cantidad de dólares para empezar. Y aunque muchos argentinos tienen dólares guardados debajo de los colchones, el gobierno argentino, básicamente, no tiene ninguno.

“Dolarizar no es posible, al menos en lo inmediato”, dijo el economista argentino Santiago Bulat. También señaló que otros países que se han dolarizado, entre ellos Ecuador y El Salvador, todavía tienen dificultades para mejorar sus economías.

“Ecuador dolarizó, sí, en una situación muy crítica”, añadió. “Pero ahora dependen de la política monetaria de Estados Unidos, y entraron en default dos veces en 20 años”.

Los economistas afirman que el uso del dólar como moneda oficial priva a los países de importantes herramientas monetarias, como las tasas de interés, para intentar controlar la inflación o suavizar las recesiones económicas. Algunos economistas afirman que el cambio al dólar también suele obligar a los países a recortar el valor de su moneda, lo que implica un recorte salarial efectivo para los trabajadores del país.

En la campaña electoral, Milei dijo que si un inversor externo —no sugirió ningún nombre concreto— estuviera dispuesto a prestarle al país decenas de miles de millones de dólares, podría dolarizar rápidamente. En caso contrario, dijo que sería una cuestión de “ingeniería financiera” y solo tardaría más tiempo.

¿Qué les dice a los economistas que dudan que la dolarización sea posible o incluso necesaria? “Son unos brutos”, declaró a The Economist en septiembre. “Es como querer discutir el principio del máximo de Pontryagin con gente que ni siquiera sabe sumar con un ábaco”. (El principio de máximo de Pontryagin es una complicada teoría matemática).

En lo que todos los argentinos están de acuerdo es que la situación económica actual es insostenible.

La crisis tiene sus raíces en años de mala gestión económica del gobierno, que incluye gastos excesivos, grandes déficits, políticas comerciales proteccionistas, complicados controles de divisas, 44.000 millones de dólares de deuda internacional y una excesiva dependencia de la impresión de más pesos para pagar las facturas gubernamentales.

La inflación anual es de tres dígitos desde hace meses, más de dos quintas partes de los argentinos son pobres y el hambre y la falta de vivienda van en aumento.

El gobierno calcula que, en promedio, muchos trabajadores han recibido un aumento del 92 por ciento en el último año, una cifra que parece asombrosa antes de tener en cuenta que los precios han subido aún más deprisa.

Pero la mitad de la población económicamente activa de Argentina pertenece a la llamada economía informal —una lista que incluye a conductores de Uber, vendedores ambulantes, niñeras y trabajadores autónomos— y sus salarios han subido muy poco.

Jonathan Araya, de 30 años y trabajador de un supermercado en Buenos Aires, dijo que recientemente consiguió un segundo trabajo como camarero porque sus gastos han subido muy rápido. Sin embargo, cada mes trata de ahorrar dinero para comprar 200 dólares estadounidenses, pero la caída del peso lo ha hecho más difícil.

En abril de 2020, al comienzo de la pandemia, con 1 dólar se compraban 80 pesos al tipo de cambio del “dólar blue”. Hace un año, con 1 dólar se compraban 300 pesos.

El martes, cuando los mercados en Argentina abrieron por primera vez desde la victoria de Milei, el valor del peso cayó a un mínimo histórico. Ese día, con 1 dólar se compraban 1075 pesos.

“Y es constantemente juntar plata rápido como para poder comprar dólares”, dijo Araya, “porque al otro día se devalúa de nuevo”.

El martes, Capobianco estaba en su carnicería y saludaba a los clientes que veía por primera vez desde las elecciones.

“¿Votamos bien?”, le preguntó Capobianco, de 53 años, a Isabel Michelitsch, de 75 años y quien es una de sus clientas habituales.

“Votamos bien”, respondió ella, sacando la corneta con los colores azul y blanco de la bandera argentina que utilizó para celebrar la victoria de Milei.

Michelitsch dijo que el marasmo económico de Argentina la había convertido en la “ministra de Economía” de su hogar, por lo que siempre estaba a la búsqueda de una oferta. Llevaba tres grandes mazorcas de maíz que había comprado por 1000 pesos, o menos de 1 dólar, en una tienda a la vuelta de la esquina.

Capobianco dijo que las dificultades de su negocio se debían a la debilidad del peso. Una sequía en gran parte de Argentina había destruido los pastos que normalmente alimentan al ganado que abastece su tienda, por lo que los productores estaban utilizando alimentos para animales, que se cotizan en dólares.

“Automáticamente eso encarece el producto”, dijo, “y eso es lo que transmite después a la gente”.

El camión que le trae muchos de sus productos también se averió, y el precio de las piezas de repuesto era en dólares, un costo que su proveedor le cobrará.

“Ha sido una situación bastante traumática”, dijo Capobianco, añadiendo que este año estuvo a punto de cerrar su tienda. Pero ahora que Milei está a punto de asumir el poder, confía en que se encuentre una solución, aunque el proceso de conseguirla pueda resultar doloroso.

“Hay un aire nuevo”, dijo. “Pero sabemos que tenemos meses duros por delante”.

Jack Nicas es el jefe de la corresponsalía en Brasil, que abarca Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay. Anteriormente reportó de tecnología desde San Francisco y, antes de integrarse al Times en 2018, trabajó siete años en The Wall Street Journal. Más de Jack Nicas

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