‘Arde en el infierno’: Las familias de Parkland dirigen últimas palabras al agresor antes de la cadena perpetua

Amy Beth Bennett/South Florida Sun Sentinel

Arrogante. Asesino. Monstruo. Desperdicio de oxígeno. Malvado.

Los familiares de las víctimas y sobrevivientes del tiroteo en la escuela de Parkland en 2018 tuvieron mucho que decir al asesino convicto Nikolas Cruz el martes por la mañana antes de su sentencia formal a cadena perpetua, un veredicto que dolió visiblemente a los seres queridos de los muertos y heridos.

“Si matar a 17 personas inocentes y herir a otras 17 no justifica la pena de muerte, ¿qué la justifica?”, preguntó Theresa Robinovitz, abuela de Alyssa Alhadeff.

Con lágrimas en los ojos, Robinovitz miró directamente a Cruz al pronunciar sus palabras.

“Espero que ardas en el infierno”.

En emotivas y en ocasiones encendidas declaraciones, los sobrevivientes y familiares de las víctimas emitieron sus ideas agresor. Se espera que el juez condene formalmente a Cruz a cadena perpetua el miércoles.

‘No es una víctima’

Algunos hablaron de esta última comparecencia ante el tribunal como un cierre, si no emocional. sí físico, como la conclusión a un largo y doloroso juicio.

“Para mí, dejarás de existir. Irás a la cárcel y te convertirás en un número”, dijo Debbi Hixon, que perdió a su esposo Christopher Hixon en la masacre. “Espero que tu nombre y tu historia sean borrados de la existencia”.

Muchos de los oradores dedicaron su tiempo a criticar el veredicto del jurado de cadena perpetua, en lugar de la pena de muerte, que se basó sobre el argumento de la defensa de que Cruz tuvo dificultades a lo largo de su vida, incluido que su madre biológica era alcohólica.

“Como tu córtex prefrontal no está completamente desarrollado, lo haré sencillo para ti y para tu coeficiente intelectual de 83”, dijo Natalie Hixon, hermana de Christopher Hixon. “No eres víctima de nada”.

Meghan Petty, cuya hermana, Alaina, de 14 años, fue ultimada ese día, dijo que cree que las repercusiones de la decisión del jurado, en la que una minoría de votos a favor de la vida fue suficiente para neutralizar a la mayoría, que votó por la muerte, podrían ser mortales.

“Cada pequeño y retorcido inadaptado sentado en su habitación buscando en Google ‘videos de asesinatos en masa’ y ‘tiempos de respuesta de la policía’ mirará ahora este caso y dirá que todo lo que tiene que hacer es alegar una enfermedad mental y podrá salirse con la suya”, dijo. “Lo que nos han dicho aquí es que 17 vidas no significan nada si se puede inventar una excusa lo suficientemente buena”.

Furia contra la defensa

Parte de esa furia se desbordó hacia los abogados sentados junto a Cruz. Patricia Oliver, quien perdió a su hijo Joaquín, señaló a cada abogado por turnos mientras hablaba.

“Karma”, advirtió. “A esto se enfrentarán todos el resto de su miserable vida porque son un equipo”.

Max Schachter, quien perdió a su hijo Alex de 14 años, arremetió personalmente contra el equipo de la defensa durante la mayor parte de su discurso. Acusó a los abogados de mentir al decir que Cruz “se deslizó por las grietas de la sociedad”, señalando los cientos de horas de terapia que recibió. Dijo que estaba disgustado por las muestras físicas de apoyo que Cruz recibió de sus abogados a lo largo del juicio.

“¿Qué les pasa?”, preguntó. “Si realmente amaran a sus hijos nunca tendrían sentimientos positivos hacia una criatura así. Si asesinara y torturara a sus hijos no creo que lo abrazaran y se rieran con él”.

Luego se dirigió a Cruz, señalando que el 1 de noviembre es el aniversario de la muerte de Linda Cruz, la madre de Nikolas.

“Es irónico que el aniversario de la muerte de tu madre sea mi cumpleaños. Cada 1 de noviembre celebraré mi cumpleaños mientras tú estés en prisión. Cada 1 de noviembre soplaré mis velas de cumpleaños, ¿y sabes cuál será mi deseo? Que sufras una muerte dolorosa y violenta”, espetó Schachter.

Los comentarios de Schachter provocaron una objeción del equipo de la defensa, visiblemente molesto, que rogó al juez que hiciera que las víctimas dejaran de insultarlos.

“Yo hice mi trabajo y cada miembro de este equipo también hizo el suyo, y no deberíamos ser atacados personalmente por esto y tampoco nuestros hijos”, dijo Melisa McNeill, la defensora pública de Cruz. “Jueza, usted sabe que esto es inadmisible”.

La jueza del circuito de Broward Elizabeth Scherer respondió bruscamente a McNeill, diciéndole que dejara de insinuar que estaba permitiendo a sabiendas una actividad ilegal.

“Se toma nota de su objeción”, dijo.

Pero más allá de las culpas y los señalamientos, todos los oradores tocaron el mismo tema: el dolor. Hablaron de esa mañana con todo lujo de detalles: la hora en el reloj, las diligencias para recoger las tarjetas de San Valentín esa mañana antes de la escuela, la sensación de ver una pistola apuntándote, de una bala desgarrando la carne, la redacción precisa de un correo electrónico con la noticia de que su ser querido no sobrevivió.

“Estoy hecha trizas y nunca volveré a mirar el mundo de la misma manera”, dijo Stacey Lippel, maestra de la Marjorie Stoneman Douglas a la que Cruz le disparó. “Te veo en mis pesadillas. Por tu culpa,nunca volveré a sentirme segura”.