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Antibióticos: la pandemia silenciosa que pone en riesgo a la niñez


Los antibióticos utilizados para tratar las enfermedades infantiles comunes son cada vez menos eficaces, revela un estudio publicado recientemente. Muchos de los antibióticos que a menudo se usan para tratar infecciones como la neumonía, la sepsis (infecciones del torrente sanguíneo) y la meningitis, que los niños suelen contraer, tienen ahora una eficacia inferior al 50 por ciento, revela la investigación, publicada en la revista científica The Lancet Regional Health—Southeast Asia.

Las regiones más afectadas por esta situación son el sudeste asiático y el Pacífico, incluidas Indonesia y Filipinas. Los antibióticos en países como Estados Unidos también se están volviendo menos efectivos.

“Ya nos está afectando. Se considera una pandemia silenciosa“, dice a Newsweek André O. Hudson, profesor de bioquímica en el Instituto de Tecnología de Rochester, estado de Nueva York.

EL PROBLEMA DE LOS ANTIBIÓTICOS PARA LOS NIÑOS

La resistencia a los antimicrobianos, también conocida como RAM, es una de las diez principales amenazas a la salud pública, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Enfermedades como la sepsis matan a más de 500,000 recién nacidos en todo el mundo cada año, y muchas de ellas se atribuyen a la resistencia a los antibióticos.

“La OMS, el G7 y el Foro Económico Mundial reconocen formalmente la resistencia a los antimicrobianos como una amenaza global para la salud humana. Dependemos de los antibióticos para gran parte de la medicina moderna, incluidos todo tipo de cirugías invasivas (como reemplazos de cadera y rodilla, extirpación de tumores), y para proteger a quienes están inmunocomprometidos, como pacientes con cáncer o bebés prematuros; la lista es larga”, menciona Lori L. Burrows, profesora de bioquímica y ciencias biomédicas en el Instituto MDG para la Investigación de Enfermedades Infecciosas de la Universidad McMaster.

“Los antimicrobianos son medicamentos únicos porque están destinados a matar otros seres vivos como virus, bacterias y hongos”, añade Burrows. “Estos organismos, como todos los seres vivos, están en constante evolución mediante mutaciones aleatorias, y cuando se exponen a los antimicrobianos, los que son sensibles mueren, mientras que los que quedan son resistentes. Posteriormente, los microbios pueden intercambiar ADN, por lo que incluso aquellos que nunca estuvieron expuestos pueden volverse resistentes gracias a esos intercambios”.

LOS ORGANISMOS DESARROLLAN RESISTENCIA

Cuanto más usamos antibióticos, más presión ejercemos sobre los organismos para que desarrollen resistencia. El uso generalizado de antimicrobianos en la agricultura, para proteger cultivos y animales, así como el acceso sin restricciones a los antibióticos en algunas partes del mundo donde no se necesitan recetas médicas, ha provocado una resistencia generalizada.

“Ciertas bacterias pueden eludir los medicamentos diseñados para matarlas mediante el proceso natural de evolución, a través de dos medios principales: la mutación genética y la transferencia horizontal de genes. Una mutación genética ocurre cuando el ADN de la bacteria cambia con el tiempo, y si estos cambios están relacionados con un gen que está involucrado en la resistencia microbiana, entonces la bacteria puede evadir el fármaco”, explica Hudson.

“Los cambios luego se transmiten a la siguiente generación de bacterias para perpetuar la resistencia. En transferencia horizontal de genes, una bacteria adquiere genes de resistencia de otra fuente, ya sea a través de su entorno (transformación), directamente de otra bacteria (conjugación), o mediante un virus bacteriano (transducción)”.

antibióticos niños
Muchos antibióticos utilizados para tratar las enfermedades que suele contraer la niñez tienen ahora una eficacia inferior al 50 por ciento. (Getty)

LO QUE MUESTRAN LAS NUEVAS INVESTIGACIONES EN ANTIBIÓTICOS PARA NIÑOS

El estudio, que analizó 11 países del sudeste asiático y el Pacífico, revela que el antibiótico ceftriaxona ahora solo es eficaz para tratar la sepsis y la meningitis en recién nacidos en uno de cada tres casos. Otro antibiótico, la gentamicina, solo es eficaz en uno de cada dos casos de sepsis neonatal.

Si bien este es un problema importante en el sudeste asiático y el Pacífico debido a la falta de infraestructura para tratamientos alternativos, también es un problema creciente en Estados Unidos y otros países.

“Aproximadamente 2.8 millones de personas están infectadas con bacterias consideradas clínicamente relevantes resistentes a antibióticos, de las cuales 35,000 y 700,000 personas [mueren] en Estados Unidos y en el resto del mundo, respectivamente”, expresa Hudson.

“En el informe de 2019, la Organización Mundial de la Salud afirma que, si no se toman medidas, las enfermedades resistentes a los medicamentos podrían causar 10 millones de muertes cada año en 2050 y que en 2030 la resistencia a los antimicrobianos podría llevar a hasta 24 millones de personas a vivir en la pobreza extrema”, agrega el profesor de bioquímica.

“Si los antibióticos clínicamente relevantes no son eficaces, esto puede provocar insuficiencia orgánica, muerte, etcétera. A veces los médicos utilizan antibióticos como último recurso. Estos medicamentos se utilizan en casos muy restringidos porque tienen efectos secundarios graves; por ejemplo, los antibióticos de último recurso, los aminoglucósidos, pueden provocar pérdida de audición y daño renal”, dice Hudson.

La resistencia a los antimicrobianos es especialmente peligrosa para los niños, ya que es menos probable que se prueben nuevos antibióticos y que estén disponibles para ellos, explican los autores en el artículo.

SOLUCIONES QUE SUPERAN LOS OBSTÁCULOS

Una de las mejores formas de abordar la resistencia a los antibióticos en las infecciones infantiles es el desarrollo de nuevos tratamientos con antibióticos para niños y recién nacidos.

“La práctica clínica de antibióticos se centra en los adultos y, con demasiada frecuencia, los niños y los recién nacidos quedan excluidos. Eso significa que tenemos opciones y datos muy limitados para nuevos tratamientos”, dijo en un comunicado Phoebe Williams, especialista en enfermedades infecciosas de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Sídney y coautora del artículo.

Esto requiere poner a disposición fondos para el desarrollo de nuevos medicamentos. “Dado que las empresas pueden cobrar más por los antibióticos en Estados Unidos que en cualquier otro lugar del mundo, hay más opciones, pero los medicamentos más nuevos son muy caros”, comenta Burrows.

“La mayoría de las grandes compañías farmacéuticas ya no están interesadas en buscar nuevos antibióticos porque ganan más dinero con medicamentos que la gente tiene que tomar durante meses o años para enfermedades crónicas que días o semanas para una infección. Este es un gran problema cuando se combina con el aumento de la resistencia que estamos viendo; ya que nos vemos obligados a usar medicamentos de última instancia y no queda casi ningún recurso más allá de eso”. N

(Publicado en cooperación con Newsweek. Published in cooperation with Newsweek)

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