¿Pueden los animales hacer duelo?

Nicolás de la Barrera
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Los relatos se acumulan. Un grupo de chimpancés rodea a un integrante de su grupo que yace muerto, lo tocan y vocalizan sonidos alrededor de este. Elefantes se topan con los restos de una matriarca, detienen su marcha y, de diferentes maneras, exploran los restos de su congénere. Una madre delfín arrastra, durante varias horas, a su cría muerta, a pesar de que el cuerpo, inerte, empieza a degradarse por el paso del tiempo.

La sumatoria de anécdotas -entendidas estas como observaciones aisladas- en torno a las reacciones de los animales frente a la muerte hoy renuevan las discusiones en torno a preguntas sobre la vida misma en el mundo animal: ¿Acaso otras especies, más allá de la humana, son capaces sentir la pérdida de un par y, por tanto, atravesar un duelo? ¿Tienen otros animales una noción de lo que la muerte significa?

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Desentrañar si hay otras especies, aparte de la nuestra, que reconozcan y entiendan el concepto de muerte apunta a un problema complejo. Por eso no extraña que muchas de las observaciones provengan de primates no humanos, como monos, chimpancés o gorilas.

En la literatura científica, desde el siglo XIX existen observaciones de hembras (y en algunos casos también de machos) que cargan o arrastran a sus crías muertas, incluso durante varios días, y hasta siguen haciéndoles el acicalamiento. Y como todo en este tema, la significación de este comportamiento tiene varias explicaciones candidatas. "Las interpretaciones son variadas. Puede ser que no se den cuenta que (la cría) esté muerta o que tienen un vínculo tan afectivo que no la pueden dejar ir, así que es un tema muy discutido", explica el biólogo Martín Kowalewski, investigador del Conicet y presidente de la Asociación de Primatología Argentina.

Otros comportamientos también han llamado la atención de científicos, veterinarios y cuidadores: hay reportes de protección de cuerpos sin vida e, incluso, de "vigilias": en 2012, Fionna Stewart, de la Universidad de Cambridge, describió, en la revista American Journal of Primatology, cómo 18 chimpancés permanecieron tres horas cerca o junto al cuerpo de una hembra, Malaika, en el parque nacional Gombe, en Tanzania. Durante ese tiempo, varios machos exploraron el cadáver de Malaika -tocándolo, arrastrándolo por momentos- pero los científicos presentes también pudieron ver cómo, en un momento, ocho de ellos formaron un círculo, en silencio, en torno al cuerpo del animal. En otros casos, se han reportado huérfanos que pasan días y noches enteras junto a los restos de sus madres. Se producen, además, visitas recurrentes de otros animales al lugar en donde murió un congénere.

"En algunas especies también se han visto vocalizaciones. Los primates de distintas especies tienen diferentes formas de comunicación, y algunas se reconocen como llantos de estrés. Cuando algún animal del grupo se pierde hacen una especie de sonido para que el perdido vuelva al grupo, y a veces estos tipos de vocalizaciones aparecen cuando algún animal muere", dice Kowalewski. "El problema de estos datos es que a nivel científico son muy pocos, entonces se transforman en datos anecdóticos. Cada vez van surgiendo más, y todavía son muy incipientes. Pero sí creo que hay datos para decir que algo pasa".

El problema del duelo animal

Si bien en los últimos años el número de publicaciones sobre el comportamiento de animales ante la muerte crecieron notablemente, el tema no es sencillo y encierra dificultades varias. "El problema que tenemos al usar la palabra 'duelo' es que inmediatamente te acordás de tus duelos, de tus muertos queridos. Pero el duelo humano solo lo vas a encontrar en humanos", advierte Héctor Ricardo Ferrari, doctor en ciencias naturales y profesor de etología en la Universidad Nacional de La Plata. A su vez, personas, según cada sociedad, suelen llevar a cabo rituales -como lavar un cuerpo, decorarlo, etc.-, algo que no está visto que ocurra en animales.

"Lo que se debería hacer es deconstruir la noción de duelo humano, y ver qué es o qué interesa. Porque el duelo tiene algo muy importante: si los animales entienden una cosa que se llama muerte tal vez entiendan que ellos van a morir. No es una pregunta ociosa", agrega Ferrari.

Si se entiende a la muerte como un conjunto de conceptos que incluyen a la inevitabilidad del deceso, irreversibilidad de este, la no funcionalidad (o sea, que un individuo muerto ya no puede moverse, pensar, sentir, etc.) y a la causalidad (esto es que la muerte llega tras una falla en el cuerpo), queda claro estos que no serían elementos sencillos de encontrar en animales.

Igualmente difícil resulta la búsqueda de conocer si los animales son capaces de experimentar eso que los humanos identificamos con tristeza por la pérdida de un ser querido y de entender aquello que llamamos muerte. Hoy, esta pregunta enfrenta un desafío central: la comunicación humano-animal. Actualmente sabemos que alguien atraviesa un estado emocional de duelo porque lo expresa, a otras personas, a través del comportamiento y el lenguaje. Y, hasta el momento, solo hubo algunos pocos intentos de establecer una comunicación directa con animales. En este sentido, son célebres los casos de la gorila Koko, que vivió entre 1971 y 2018, y la chimpancé Washoe, que murió, a los 47 años, en 2007.

Ambos animales, en distintos centros de Estados Unidos, recibieron la enseñanza de lengua de señas. Koko fue capaz de aprender aproximadamente mil palabras y a los siete años fue consultada acerca de cuestiones relativas a la muerte, por ejemplo, sobre cuándo mueren los gorilas: "Problema" y "viejo" fueron los términos comunicados por el animal para referirse al tema. También le preguntaron adónde van sus congéneres cuando esto pasa y respondió: "confortable agujero adiós". Pero Koko también experimentó la muerte de manera cercana, cuando un gato que tenía como mascota murió atropellado, y al ser consultada sobre el animal la gorila comunicó la palabra "dormir".

"Con esto dicen que hay un reconocimiento de que duermen para siempre y que lo pueden asociar no solo a su especie sino a otras también", dice Kowalewski.

Washoe también conoció la ausencia provocada por la muerte, cuando le comunicaron que una cría suya había muerto debido a una enfermedad. Entonces, Roger Fouts, su cuidador, contó que la chimpancé "dejó caer sus brazos sobre su regazo, se trasladó a un rincón y miró hacia otro lado, con los ojos vacíos". Pero estas no han sido experiencias que hayan convencido a la comunidad científica de que por lo menos los primates son capaces de conceptualizar acerca de la muerte.

No obstante, según un reciente estudio, publicado en Biological Reviews, que revisó las interacciones de chimpancés, macacos, gorilas, entre otros animales, con individuos muertos, los primates no humanos sí tendrían una conciencia de la muerte cuando un congénere muere, y podrían entender los conceptos de irreversibilidad y causalidad. Pero la idea de la muerte en general, como concepto, destacaron André Gonçalves y Susana Carvalho, los autores de la revisión, aún no es posible afirmar que la tengan.

Comportamientos tanatológicos

Más allá de los primates, las observaciones del comportamiento entre muchos otros animales también iluminan la cuestión (o aportan más confusión, según cómo se aborde el tema).

Por el vínculo que tenemos con ellos, los perros también suelen ser señalados como animales con la capacidad de hacer un duelo, de sentir aflicción, en especial ante la muerte de su dueño. Sin embargo, "de lo que hay evidencia", dice la doctora en psicología Mariana Bentosela, es de "sufrimiento por la pérdida". "Lo que el perro percibe es que el dueño no está más. No hay nada que te indique que el perro entienda o siquiera perciba que el dueño se murió", afirma la investigadora independiente del Conicet, en el Instituto de Investigaciones Médicas "Alfredo Lanari", en donde estudian las capacidades cognitivas y de comunicación de estos animales.

"Esto no resta de que el bicho sufre mucho cuando pierde al dueño, pero por suerte, y como nos pasa también a las personas, hay un proceso de recuperación que nos permite formar otros vínculos. Sería terrible que el perro perdiera a su dueño y no pudiera recuperarse por el resto de su vida", dice Bentosela.

Los cuervos, por su parte, han sido vistos en "reuniones", que incluyen el llamado a más individuos, en torno a otro sin vida. Sin embargo, no hay pruebas que permitan hacer una asociación entre estos comportamientos y un posible duelo.

Los elefantes también han sido observados en situaciones que han acaparado la atención de quienes se dedican al comportamiento animal. En una revisión de 32 casos publicada en la revista Primates, investigadores del Instituto Smithsoniano (EE.UU) identificaron patrones comunes entre estos animales: por un lado, un gran interés en la exploración de los cuerpos de otros como ellos, y además, la visita a los lugares en donde se haya dado una muerte.

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Cuando Victoria, una matriarca de 55 años, murió en 2013, en la reserva nacional Samburu, en Kenia, su cuerpo fue visitado por decenas de elefantes, de cinco familias distintas, que no habían tenido un contacto estrecho con esta. Durante varios días, los investigadores observaron no solo las visitas a los restos de la matriarca, sino que también registraron secreciones en la glándula temporal de algunos elefantes que, según los autores de la revisión, podrían ser indicios de "estados emocionales elevados" entre algunos de los animales.

"De los animales que sabemos que tienen procesos mentales superiores -y depende cómo uno los interprete- creo que tienen una noción de muerte, el problema es cómo esta está dada esta noción", dice a LA NACION el etólogo uruguayo Gabriel Francescoli, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Uruguay). "Si entendemos que tienen una noción de su propia mortalidad, eso no lo sabemos y no sé si podremos saberlo, por lo menos por mucho tiempo. Lo que sí sabemos es que cuando se enfrentan a la muerte de otro congénere o de alguna cría, tienen reacciones determinadas", asegura Francescoli.

"Algo hacen, eso está claro. Se han encontrado cosas en delfines, en monos, en elefantes: hay una reacción ante la muerte, y esta puede tener una explicación evolutiva", coincide Ferrari. Así, para el etólogo de la Universidad de la Plata, no es casualidad que hoy este tema concentre más atención. "Lo que ocurre ahora es que al comenzar a asumir nuestra animalidad, empezamos a aceptar que hay cosas nuestras que pueden estar en los otros".