AMLO y el tigre que alimentó durante los últimos 12 años

Andrés Manuel López Obrador,, candidato presidencial en México, en un evento el 7 de marzo en la capital del país. | REUTERS/Carlos Jasso

La semana pasada fueron convocados a la Convención de la Asociación de Banqueros de México para que expusieran su proyecto de gobierno los seis aspirantes a la presidencia de la república. Andrés Manuel López Obrador (AMLO), para no variar, generó polémica por sus dichos al final de su intervención, al responder a la pregunta de si reconocería los resultados electorales:

“Si las elecciones son limpias y libres, me voy a Palenque; también si se atreven a hacer un fraude electoral, yo me voy a Palenque, y a ver quién va a amarrar al tigre, el que suelte el tigre que lo amarre, yo ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral.”

En 1977, cuando en Estado inició el proceso de la Reforma Política desde la Secretaría de  Gobernación, Jesús Reyes Heroles justificó esta necesidad para el país y planteó, en términos coloquiales, el riesgo y la advertencia de no llevarla a cabo con la frase “Debemos tener cuidado de no despertar al México Bronco”.

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El dicho de Andrés Manuel López Obrador ha sido interpretado por sus adversarios y por sus críticos como una advertencia y amenaza que remite a su reacción ante los resultados electorales de 2006, cuando perdió las elecciones ante Felipe Calderón por un margen estrecho y plantó una protesta en las principales avenidas del centro de la Ciudad de México, expresó su desprecio a las instituciones al decir “Que vayan al Diablo con sus instituciones”, se autonombró como Presidente legítimo, organizó un gobierno paralelo, juró en el Zócalo de la CDMX el cargo ante una multitud y se dedicó a denostar al presidente Felipe Calderon durante seis años llamándolo espurio.

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La frase de López Obrador ante los banqueros de “a ver quién va a amarrar el Tigre” es interpretada como una amenaza de violencia en el caso de que él pierda las elecciones y considere que hubo fraude, significa que habría violencia y que no va a estar para contenerla como, según explicó y justificó su plantón de 2006, lo hizo en aquella ocasión pues había gente dispuesta a la violencia por el fraude que se cometió en su contra.

Las palabras del candidato de Morena de inmediato fueron tomadas como material para la contra propaganda por el candidato del PRI, José Antonio Meade, quien de inmediato dijo “Aquí nadie suelta al tigre. Aquí la gente se convence y va a votar”.

Personajes de la cúpula empresarial como Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), consideró preocupante que López Obrador cuestione de antemano los resultados de las elecciones presidenciales. “Creemos preocupante que haya candidatos y equipos de campaña que de manera anticipada ya ponen en tela de juicio la validez de la elección, dependiendo de quién resulte ganador”.

Señaló el dirigente empresarial que es “prioritario que los candidatos renueven y expresen públicamente su compromiso con la estabilidad y la gobernabilidad democrática durante y después de las elecciones de julio”.

En la disputa por el poder en proceso, se está haciendo acopio de todos los elementos de la propaganda, señaladamente la que se apunta contra López Obrador que se mantiene en campaña de manera ininterrumpida desde hace 12 años. En este lapso promovió la pulverización de la izquierda, fundó su propio partido, y generó la percepción de que es el primero en las preferencias
electorales de los ciudadanos, desde hace más de dos años, de manera que su índice de credibilidad, por medio de la estadística de las encuestas es alta y eso es así porque “la ciencia no miente”.

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Ello implica que va a ser difícil que se acredite por medio de las encuestas que los adversarios de López Obrador ganan aceptación y acortan la distancia con el primer lugar. Las condiciones para que se crea al candidato de Morena que fue víctima de fraude, una vez más, son altas y entonces es elevada la posibilidad de que se “desamarre el tigre”.

La presidencia de la república es deseada por seis aspirantes y se la disputan por medio de la persuasión de sus ideas, pero también por la disuasión de sus comentarios que generan el miedo entre los ciudadanos.

Las expresiones de López Obrador corresponden al lenguaje popular pero son interpretadas según conviene a sus adversarios, para tratar de descarrilarlo, como sucedió en 2006 cuando a Vicente Fox le dijo “cállate, chachalaca”. Siempre el lenguaje ha sido un arma de dos filos. Cuidado con las cortadas.

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