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Alberto Fernández habló de futuro en la Antártida y tiene en vilo a propios y ajenos por las candidaturas

La visita del presidente Alberto Fernández a la Base Marambio, en la Antártida
La visita del presidente Alberto Fernández a la Base Marambio, en la Antártida

Las definiciones electorales comienzan a precipitarse en el oficialismo. Después de la reunión de cúpula del Frente de Todos, cuya nota distintiva fue la presión del kirchnerismo para que Alberto Fernández desista de ir por la reelección, el Presidente volvió a mostrarse en pose de candidato a la re. Decidido a ser el principal defensor de su propia gestión, inició la semana utilizando todos los recursos que le da su investidura para intentar posicionarse.

Fernández viajó hoy con nueve ministros (casi medio gabinete) a la Antártida, un periplo que un presidente no hacía desde hace más de 20 años. Y utilizó la cadena nacional para darle relevancia a su mensaje. “Desde el final del mundo, vengo a hablarles de nuevos inicios, de principios. Comienza un mañana de paz y prosperidad”, dijo hacía el final del discurso, en un párrafo con cierto tono proselitista, en medio de un paisaje imponente. “Estamos construyendo el futuro de nuestra patria. No esperemos el futuro. Hagámoslo hoy”, agregó.

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Esta semana se espera que el jefe de Estado viaje a la otra punta del país, a Salta. En su entorno aseguran que está “convencido” de que tiene que recorrer la Argentina, “potenciar la gestión” y, de ese modo, intentar “mejorar su aptitud electoral”. “Y si no le da, no será candidato”, dijo en las últimas horas un alto funcionario e íntimo colaborador suyo. En la Casa Rosada ya se comienza a tantear a colaboradores que puedan estar más volcados a la campaña, en paralelo a la gestión.

Mientras Fernández no oculta su ambición de ir por la reelección, en paralelo, otro “presidenciable” moderado, Daniel Scioli, hizo los primeros movimientos para mostrarse con aspiraciones. “Con más fe y esperanza que nunca, cuentan conmigo”, dijo en una carta difundida en sus redes sociales en la que apeló a su vieja muletilla de campaña. El embajador en Brasil comenzó a asomar al principio del verano como opción para representar al ala moderada del peronismo en caso de que el Presidente no jugara. A esta altura, no está tan claro si el exgobernador esperará a la decisión del jefe de Estado para jugar.

La visita del presidente Alberto Fernández a la Base Marambio, en la Antártida
La visita del presidente Alberto Fernández a la Base Marambio, en la Antártida - Créditos: @"MARIA EUGENIA CERUTTI"

Se suba a la carrera o no, Fernández no quiere apurar esa definición hasta verse obligado por el calendario, en mayo. “Algunos creen que en realidad lo que busca es subir la vara de su gestión y no quedar desautorizado los últimos meses de mandato, pero que finalmente se va a bajar”, aventuró el colaborador que sigue de cerca la puja electoral del peronismo. La otra hipótesis es que el jefe de Estado insiste con su candidatura como una reacción defensiva contra el kirchnerismo, que lo quiere ver fuera de juego.

Es que, la insistencia de Fernández con una eventual candidatura irrita sobremanera al ala que responde a la vicepresidenta. Uno de los referentes kirchneristas que estuvo sentado en la reunión en la sede de Matheu le replicó a Fernández que la teoría del “pato rengo” es relativa y que en 2015 Cristina Kirchner -que no tenía posibilidad de reelegir- se “corrió” varios meses antes, al designar a Scioli y no candidatearse a nada.

Máximo Kirchner, por su parte, apuntó que es extraño que un presidente en ejercicio compita en una interna con otros candidatos, en muchos casos son funcionarios de su administración. La escudería de ministros que armó el Presidente para defenderse -integrada entre otros por Agustín Rossi (jefe de Gabinete), Victoria Tolosa Paz (ministra de Desarrollo Social) y Aníbal Fernández (ministro de Seguridad)- ya salieron a responder que Fernández no tiene inconveniente de jugar una PASO.

Impacto en los propios

Pero la decisión presidencial también impacta sobre sus aliados dentro de la interna. Quienes conocen a Scioli, por caso, lo vieron en los últimos días muy entusiasmado con la idea de volver a candidatearse por la presidencia, a ocho años de haber sido derrotado en un ballotage apretado. “Tiene vocación y creyó que este era el momento indicado para hacer público su posicionamiento”, señalaron en su entorno.

El embajador en Brasil sorprendió con una carta pública luego de que saltaran las esquirlas en el Frente de Todos por la cumbre en Matheu, que además de no resolver una estrategia electoral conjunta, no definió la suerte de Fernández. “A veces se confunde moderación con tibieza. ¡Todo lo contrario! Ser moderado es mucho más difícil que ser extremo”, dijo el embajador en su carta pública. “Hoy me siento con fuerza y energía para trabajar aún más por mi país, por el sueño de una Gran Argentina”, agregó, casi explícito.

Según pudo saber LA NACION, Fernández habilitó a Scioli a que camine para posicionarse, a la espera de que decanten las candidaturas. El interrogante que queda, con el entusiasmo que muestran uno y otro, es si pueden los dos, o si Fernández se correrá para entronizar a su embajador.

Scioli está en Buenos Aires. Volverá el viernes a última hora a Brasilia para continuar su agenda de “integración regional” con la administración de Luiz Inácio Lula da Silva. Pero no estará afuera del país por mucho tiempo: volverá los primeros días de marzo para participar de la Fiesta de la Vendimia, una vidriera obligada en año electoral.