AI-DA, una robot ultrarrealista que se ostenta como artista abstracta

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¿Quién es AI-DA? Sepamos primero de Ada Lovelace (1815-1852), hija del poeta Lord Byron y la matemática Anne Isabella Milbanke y quien pasó a la historia junto a Charles Babbage como una de las primeras programadoras y autora de algoritmos para máquinas de cómputo. Es más, se ha dicho que fue la primera persona en concebir que las máquinas analíticas (ordenadores o computadores) tendrían aplicaciones que superarían las funciones de cálculo.

Entre sus aspiraciones no cumplidas se destaca la intención de crear un modelo matemático que explicara cómo emergen los pensamientos en el cerebro humano. Medio siglo después de su muerte, se estableció una escuela de psicología alrededor del concepto de gestalt según el cual un ser humano es más que la suma de sus partes.

Nuestro cerebro y su pensamiento estarían regidos por los principios de similitud, continuidad, cierre, proximidad, forma-fondo, simetría y orden. El cine, que en sus orígenes era una serie de fotografías consecutivas proyectadas en una pantalla que generan la sensación de movimiento y que se percibe como algo distinto a un fotograma, sería un ejemplo de la validez de este concepto.

AI-DA, que se presenta a sí misma como la primera artista robot ultrarrealista, bautizada en homenaje a Ada Lovelace, busca convertirse en otra forma de materialización de la gestalt.

Concebida por Aidan Meller y Lucy Seal, AI-DA fue fabricada por Engineered Arts, una empresa especializada en robots de forma humanoide, y programada para dibujar por Salah El Abd y Ziad Abass.

Una de las características más relevantes de AI-DA es que no busca hacer retratos ni reproducciones facsimilares de lo que percibe, por el contrario, desde su concepción se pretende que sea creativa.

UN GRAN ÉXITO COMERCIAL

Como artista robot, AI-DA ha logrado alcanzar metas que pocos creadores de carne y hueso llegan a disfrutar. Ha conocido el éxito comercial al vender sus obras por más de un millón de dólares y este año participa en la famosa Bienal de Venecia.

Al ver a AI-DA en acción recordé el capítulo 62 de la segunda parte de Don Quijote que trata de “la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no pueden dejar de contarse”.

La idea de un objeto animado, es decir, dotado de alma, construido por seres humanos y que de alguna forma los simule, los refleje y los reemplace está inscrita en la matriz de la modernidad. La creatividad es la última frontera para la inteligencia artificial, cuya evolución está determinada por las leyes del mercado. Mientras, la nuestra tuvo que ver con la relación entre depredador y presa.

A medida en que los humanos logramos dejar de ser presas y nos convertimos en los grandes depredadores del planeta, ciertas características evolutivas determinaron el camino de nuestra especie. Una de las diferencias entre los seres humanos y los seres artificiales radica en que nuestra evolución tardó seis millones de años. Mientras, la inteligencia artificial puede contar su existencia en décadas.

De la misma forma en que la transformación de los homínidos se dio como respuesta a la necesidad de sobrevivir y garantizar la supervivencia de nuestras crías para perpetuar la especie, la evolución de la inteligencia artificial se da en medio de un sistema en que el valor de mercado determina todo.

EL ARTE Y EL MERCADO

Las obras de AI-DA se consideran arte porque así lo dice el mercado. Se consumen y se valoran porque el mercado lo permite. Y desaparecerán si desaparecen las relaciones de oferta y demanda que las han hecho posibles.

Los creadores de AI-DA han buscado que sea creativa y que pueda interactuar con otras personas. De alguna forma, AI-DA es considerada una persona artística que refleja las tendencias y los comportamientos de nuestros días.

En su página oficial, sus creadores afirman que “todos los avances tecnológicos traen a la luz lo bueno, lo malo y lo banal”. Considero que su afirmación se queda corta. Aunque reconocen que hoy en día hay un movimiento transhumano y biotecnológico que puede ser muy peligroso, parecen ignorar algunas implicaciones sociológicas y legales de la existencia de AI-DA.

Entre ellas hay algunas preguntas como: ¿Debería AI-DA ser dueña de su propio dinero? ¿Su creatividad podría extenderse hacia aspectos de su propia existencia equivalentes a nuestra vida privada? ¿Tiene AI-DA derecho a reproducirse, es decir, a procrear de la misma forma en que crea obras de arte? ¿Debería tener derecho a la libertad de movimiento y asociación? ¿Podría AI-DA decidir cambiar de oficio y dedicarse a otra cosa lejos de la tutela de sus creadores y fabricantes?

¿Y, como en el caso de la cabeza encantada de Don Quijote, podría alguna institución obligar a sus propietarios a desmantelarla? N

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Carlos Aguasaco es escritor, académico y profesor en The City College of New York. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.

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