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La Academia Francesa honora a Vargas Llosa | Opinión

En medio de reproches, chismes, reconciliaciones en su vida sentimental y reuniones de familia, hace pocas semanas Mario Vargas Llosa fue recibido con bombos y platillos por la Academia Francesa.

Se saltaron un par de reglas para que ocupara el sillón 18. Cuenta con más de diez años que los 75 que suele ser el límite para los “inmortales” y nunca ha escrito en francés. No por eso me deja de parecer justo su nombramiento.

No es solo el único sobreviviente de los autores más destacados del boom latinoamericano sino fiel representante de varias generaciones de “Nuestra América” que por muchos años consideraron, y con razón, a Francia como el paradigma de la cultura y la literatura.

Pese a su erudición y su estudio de la Academia Francesa, es posible que Vargas Llosa no conozca que el cubano-francés José-Maria de Heredia Girard fue el décimo quinto miembro de los “inmortales”- Asimismo el primer hispano admitido a la Academia Francesa, ocupó el Sillón 4 de 1894 a 1905.

Era primo hermano del poeta del mismo nombre, el también cubano José María Heredia y Heredia, famoso autor del “Niágara“, considerado el iniciador del romanticismo en Latinoamérica.

De padre dominicano y madre francesa, aunque nacido en Cuba, Heredia Girard vivió la mayor parte de su vida en Francia y contribuyó a las primeras antologías de poetas de la escuela parnasiana. Sus composiciones líricas aparecieron en las mejores revistas literarias de París. Victor Hugo y Gustave Flaubert entre otros reconocieron su lugar en las letras francesas- La edición de sus sonetos, recogidos en

Les Trophées, se agotó de inmediato. Contribuyó a la difusión en Francia de la historia española e hispanoamericana. Entre muchas de sus traducciones al francés, se destaca “Historia de la monja alférez,” las memorias de Catalina de Erauso, esa polémica mujer que se disfrazó de hombre para ser soldado en vez de religiosa.

No fue Heredia el primer cubano que produjo su obra literaria en francés. Lo procedió María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, conocida como la condesa de Merlín, quien se codeó con personalidades como Balzac, George Sand, Alfred de Musset. De mayor fama por su activismo político que por sus aportes literarios, la sigue el santiaguero Pablo Lafargue, yerno de Carlos Marx, que se suicidó en 1911 en París junto a su esposa en vísperas de cumplir 70 años.

La lista de cubanos que escribieron en francés incluye en el siglo XX a Alejo Carpentier-aunque la mayoría de su obra la produjo en la lengua de Cervantes- merecedor del premio que lleva el nombre del autor de “El Quijote“.

En la actualidad, entre los más destacados de los cubanos que escriben en la lengua de Victor Hugo, se encuentra el novelista y dramaturgo Eduardo Manet, ganador de múltiples reconocimientos, traducido a varios idiomas y con varias obras llevadas al cine.

En su discurso de entrada a la Académie française Vargas Llosa elogió a sus escritores franceses favoritos, entre ellos Gustave Flaubert, al que en 1975, hace casi medio siglo, dedicó su ensayo La orgía perpetua. Flaubert y “Madame Bovary”.

En la admiración al novelista francés coinciden con Vargas Llosa muchos autores cubanos. José Martí, por ejemplo, podría considerarse uno de los primeros críticos del francés a quien describe como autor clásico, magistral. ”Madame Bovary” la novela sobre el adulterio que causó no poca controversia en España, la considera un libro “honrado y robusto”, observa que la prosa de Flaubert solo puede compararse a los versos de Charles Baudelaire, otro gran renovador de las letras francesas. Flaubert es, para Martí, un “intrépido escrito”.

En el paso breve de Martí por París en 1879 algún amigo debió permitirle leer una obra inédita de Flaubert, porque de otra forma no se explica que cuando la muerte del escritor publicara el 8 de julio de 1880 en The Sun un artículo titulado “La última obra de Flaubert,” dedicada con conocimiento de causa a Bouvard et Pécuchet, relato póstumo que no fue publicado hasta 1881.

No fue Martí el único cubano admirador de Flaubert. Casi tres décadas más tarde, en 1908, cuando el escritor cubano Alfonso Hernández-Catá era Cónsul de su país en El Havre, hace con su cuñado, el autor español Alberto Insúa, una excursión a los restos de la finca de Flaubert en Croissant.

Ha hecho bien la Academia Francesa en recibir a Don Mario. Se lo merece por la universalidad de su amplia obra y por sus nexos de admiración a la cultura de Francia.

Hombre de inmensa curiosidad, no dudo que en el futuro quiera conocer más sobre estos escritores cubanos que lo antecedieron en la Academia y en su amor a Flaubert.

Uva de Aragón es una escritora y periodista cubana.