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Su abuela la enseñó a coser y ahora tiene una colección de 5,000 vestidos en museo de moda en Miami

En un patio de una casa de 1920 en Wynwood, entre orquídeas y enredaderas que cuelgan de los árboles, Paquita Parodi nos guía hacia la entrada de las galerías que guardan un tesoro insospechado en Miami, Parodi Costume Collection, que contiene más de 5,000 piezas que ofrecen un recorrido por 100 años de historia de la moda y ejemplifican el quehacer de los mejores diseñadores del mundo.

La madrileña lleva una túnica que da una pista de su pasión por la moda. Las manos de Paquita han restaurado miles de trajes antiguos. Es un arte que aprendió de su abuela y de las monjas que la enseñaron a amar los encajes, las telas y ese universo que ha construido con su hijo Gonzalo, un verdadero conocedor de la historia de la moda.

En el interior de la casa que salvaron del derrumbe como un edificio al estilo de la Bahaus, se encuentran piezas de la era victoriana y eduardiana, vestidos de Madame Vionnet, Paul Poiret, Mariano Fortuny, Elsa Schiaparelli, Christian Dior, Oscar de la Renta, Paco Rabanne, y algunas de las 60 piezas que el museo posee de la diseñadora venezolana Carolina Herrera.

También tienen varias muestras de la obra del diseñador venezolano Angel Sánchez, a quien le dedicaron una exposición en el 2022 por sus 35 años de carrera. Una de sus piezas fue donada para sumarse a la colección, que está abierta al público por cita.

“Esto no es un museo en el sentido del MET”, explica Gonzalo, que nació en España, se crió en Venezuela y está muy compenetrado con el papel de la colección y su relación con un Miami cosmopolita, abierto al arte, que recibe Art Basel y sus ferias satélites.

“Funciona más como una suerte de biblioteca, como un archivo para sentarse a pensar, para educar, hacer algo que Miami necesita, para crear este sentido de originación de pensamiento que le da un peso en el mundo de la moda, no solo para crear cosas bellas sino para pensar sobre ellas”, adelanta.

Desde la primera sala, se puede ver que la curaduría de las piezas no se detiene en el orden cronológico en que fueron creadas, sino que hay una intención de que se establezcan relaciones, comparaciones, vínculos, para aprender más de la moda.

Paquita Parodi muestra algunas de las telas, encajes, detalles de las más de 5,000 piezas de moda que rota en las exhibiciones de su museo en Wynwood.
Paquita Parodi muestra algunas de las telas, encajes, detalles de las más de 5,000 piezas de moda que rota en las exhibiciones de su museo en Wynwood.

Este es uno de los puntos fuertes de Parodi Custome Collection, que está a disposición de estudiantes de Miami, de las escuelas de diseño de moda como el Design and Architecture Senior High (DASH) y el Instituto Marangoni, en el Distrito de Diseño de Miami, solo a unas cuadras de la sede de la colección en la calle 27 y la avenida 2 del NE.

La colección de moda al servicio de la educación en Miami

La mayor parte de la colección no está expuesta, sino que se encuentra bien protegida en almacenes, lo que representa un esfuerzo titánico de mantenimiento para el pequeño equipo de trabajo. Pero las piezas se van rotando en las salas de exposición, y eso ofrece una gran ventaja para los visitantes y estudiantes, que cada vez pueden descubrir piezas nuevas.

“Solo de los años 1920 tengo 400 vestidos”, dice Paquita, que se siente muy identificada con la labor que hace como restauradora de piezas antiguas.

La colección de Paquita Parodi tiene su fuerte en trajes de la década de 1920, como muestran el vestido “Flame Dress” (izq.) en seda rosada y terciopelo rojo, elaborado en 1926 por la modista francesa Madeleine Vionnet. Al lado, un traje de novia confeccionado en 1920 por el diseñador francés Paul Poiret, en tul y con bordados en hilo de oro, en exhibición en el edificio de Parodi Custome Collection en Wynwood.

En un momento, la conversación tiene lugar en su taller, frente a una gran armario transparente donde se pueden ver los pequeños detalles de costura que Paquita usa para restaurar los vestidos, entre ellos una colección de ropa de niños que va desde la época victoriana hasta los años 1950.

“Nunca los he alquilado, me da pavor que los vayan a estropear”, dice Paquita cuando se le pregunta si alquila los magníficos trajes para producciones fílmicas.

Hay cariño pero no posesión en sus palabras. Va mostrando con gusto delicados encajes, pliegues, el trabajo de pedrería, las lentejuelas y hasta los metales que encandilan y encantan.

Un vestido de Elsa Schiaparelli, de 1930; una selección de piezas que combinan el blanco y el negro de Carolina Herrera; un vestido blanco con detalles en dorado, de escote palabra de honor y falda amplia, de la diseñadora italiana Fernanda Gattinoni, que vistió la actriz Sophia Loren; un traje a nivel de premios Oscar, en tafetán negro, diseñado por el modisto español Cristóbal Balenciaga en 1956, que usó la actriz mexicana Dolores del Río.

En el tour se puede anticipar lo buena maestra que es Paquita, porque explica con mucho cariño el valor de las piezas.

“Estoy tratando de lograr que vengan a aprender para que estos internos a su vez enseñen a otros”, dice sobre el grupo de estudiantes que recibe con frecuencia. “Eso es lo que más gustaría, que vuelva el espíritu de no botar nada, de arreglarlo, de ponerlo perfecto”.

La colección de Paquita Parodi tiene su fuerte en trajes de la década de 1920, como muestran el vestido “Flame Dress” (izq.) en seda rosada y terciopelo rojo, elaborado en 1926 por la modista francesa Madeleine Vionnet. Al lado, un traje de novia confeccionado en 1920 por el diseñador francés Paul Poiret, en tul y con bordados en hilo de oro, en exhibición en el edificio de Parodi Custome Collection en Wynwood.

Gonzalo también resume cómo aborda la colección y sus enseñanzas la ética de la moda. “Nosotros no desperdiciamos nada, creemos en el recycling y el upcycling en la moda”.

Los trajes que Paquita no puede restaurar los desmonta y usa sus partes para recuperar otras piezas.

Un tesoro de la historia de moda en Miami

Uno pensaría que ha llegado al paraíso de la moda, hay que pellizcarse para comprobar que no se sueña. Cómo todo esto estaba en Miami y nunca antes lo había visitado, nos preguntamos.

“Este es el esfuerzo de una persona que a lo largo de los años fue evolucionado como coleccionista, restauradora y experta y ganó más experiencia y cuando encontraba tesoros tenía que evaluar su condición, y si en efecto se podía rescatar”, explica Gonzalo sobre la labor de su mamá.

Paquita desarrolló una “metodología arqueológica” con respecto al vestido, y así hizo una gran colección, que como todas las colecciones, puede tener de un 10 a un 15 por ciento de piezas irreemplazables, que son de museo, muy importantes en el sentido histórico, amplía Gonzalo.

“El resto son piezas que representan una época y sus diseñadores, pero no tienen la importancia clave”, apunta.

Paquita Parodi muestra algunas de las telas, encajes, detalles de las más de 5,000 piezas de moda que rota en las exhibiciones de su museo en Wynwood.
Paquita Parodi muestra algunas de las telas, encajes, detalles de las más de 5,000 piezas de moda que rota en las exhibiciones de su museo en Wynwood.

Gonzalo va engranando la historia del edificio donde está la colección con la mayoría de las piezas que la integran, que son de los años 1920, y la importancia de esa década en la historia de Miami.

La casa se construyó en los años 1920. Fue durante años el consultorio de un psiquiatra y ellos la adquirieron en 1998, pensando en situar allí el taller de Paquita. Tuvieron mucha visión porque la compra fue antes de la transformación de Wynwood en uno de los mejores ejemplos del arte callejero a nivel mundial. Remodelaron el espacio en 2010, y la colección entró en el 2013.

La década de los 1920 marca un precedente histórico radical en cuanto a los derechos de la mujer, y la moda refleja esos cambios, dicen Gonzalo y Paquita, indicando cómo cambia la silueta, cómo se acorta la falda.

Ese es el momento en que Miami crece como ciudad, se convierte en una suerte de Pequeña Venecia. Al menos así la venden los urbanizadores, así la descubre el turismo del Norte. Se construyen el Biltmore Hotel y la Torre de la Libertad.

“Hay una resonancia entre el espíritu de la colección y la geografía en la que estamos tratando de que crezca”, dice Gonzalo, explicando que cuando vienen los estudiantes los invitan a que establezcan ese vínculo, a que se imaginen a las personas vestidas con esos trajes de los años 1920 participando en fiestas o eventos en esos edificios hoy icónicos de Miami.

La colección también expande sus alas y colabora con otros museos e instituciones dedicadas a la moda, como la Fundación Balenciaga en Getaria, País Vasco.

“Queremos que este sea un espacio que invite a coleccionistas privados que no han mostrado sus colecciones a compartirla”, dice Gonzalo.

El deseo de ambos es que Parodi Costume Collection se desempeñe como otras colecciones de arte de Miami que ahora se exponen en espacios cercanos, como el Rubell Museum y The Margulies Collection.

La información que ofrecen las piezas expuestas se complementa con el archivo digital, que se puede ver desde cualquier parte. El trabajo y la colaboración con las instituciones educativas continuará con talleres y visitas guiadas.

“Hoy la ciudad está en una posición más ventajosa al tener este archivo. Nosotros quisiéramos crecer con la respuesta de la ciudad y de sus habitantes, de una manera que se convierta en un centro regional importante para el tema de la moda”, concluyó Gonzalo.

La colección Parodi Costume Collection se puede visitar haciendo una cita, en 276 NE 27 St. appointments@parodicostumecollection.com o puede consultar su sitio web en www.parodicostumecollection.