Mensajes complican a detenidas por intento homicidio CFK

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Fernando Sabag Montiel, en el centro, es llevado por la policía al edificio de tribunales para declarar como el principal sospechoso del intento de asesinato de la vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner en Buenos Aires, Argentina, el martes 6 de septiembre de 2022. (AP Foto/Gustavo Garello) (ASSOCIATED PRESS)

BUENOS AIRES (AP) — Una de las detenidas por el intento de magnicidio contra la vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner manifestó en una conversación privada previa en poder de los investigadores que había mandado a matar a la dirigente y que de lograr su propósito se convertiría en una heroína.

“Voy a mandar a matar a Cristina...Me re pudrí que hablen y no hagan nada. Yo sí voy a hacer”, es lo que le comentó Brenda Uliarte a su amiga y otra de las detenidas, Agustina Díaz, en un mensaje de WhatsApp fechado el 27 de agosto, seis días antes de que la pareja de la primera, Fernando Sabag Montiell, falló en el intento de homicidio de la vicepresidenta.

El diálogo se desprende de los peritajes realizados en los teléfonos móviles de los arrestados por el caso, confirmó el miércoles a The Associated Press un funcionario conocedor de la causa judicial que no se quiso identificar porque pesa el secreto de sumario sobre la investigación.

La fecha de la conversación coincide con una multitudinaria manifestación de seguidores de la vicepresidenta que se concentraron frente a su domicilio del barrio de Recoleta, en el centro de Buenos Aires, para brindarle su apoyo luego que días antes un fiscal pidiera una condena de 12 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por presunta corrupción.

Al parecer, Uliarte se encontraba en el lugar porque le escribe a Díaz que no pudo cumplir con su amenaza debido a que Fernández de Kirchner "se metió adentro antes de que le meta el tiro”.

En las conversaciones con Díaz detectadas por los investigadores, Uliarte refiere que “se me metió en el cuerpo el espíritu de (José) San Martín”, en referencia al héroe de las guerras de la independencia de Argentina en el siglo XIX.

Sabag Montiel, un ciudadano brasileño de 35 años, fue detenido tras gatillar dos veces con su pistola Bersa a pocos centímetros de la cabeza de la vicepresidenta el 1 de septiembre. El arma tenía cinco balas pero no llevaba ninguna en la recámara, por lo que la bala no salió, según la policía.

Su novia Uliarte, de 23 años y quien estaba en la misma zona en el momento de los hechos, fue arrestada tres días después y ambos están acusados de haber intentado asesinar a la dirigente peronista. Por su parte, Díaz fue arrestada la noche del lunes bajo la sospecha de confabulación.

Una cuarta persona identificada como Gabriel Carrizo fue detenida el jueves por la tarde, confirmó una fuente del ministerio de Seguridad que pidió reserva de identidad porque la investigación está bajo secreto de sumario.

Carrizo es señalado como el responsable de un emprendimiento de venta callejera de copos de nieve, del que formaban parte Uliarte y Sabag Montiel.

Más temprano, Díaz declaró ante la jueza María Eugenia Capuchetti y el fiscal Carlos Rívolo —ambos a cargo de la causa— y se desvinculó de la planificación del ataque a Fernández de Kirchner, dijo a periodistas su abogado.

Marcelo Herrera, uno de los letrados, señaló que Díaz dijo que Uliarte “era fabuladora y que en ningún momento pensó que lo que ella decía se podía llevar a cabo”, en referencia al ataque. “La conoce como amiga y sabe que tiene delirios”.

El abogado también relató que los funcionarios judiciales le mostraron a Díaz mensajes cruzados con Uliarte a través del móvil en los que le preguntaba por qué Sabag Montiel no había podido concretar el ataque. “Lo preguntó de curiosa, porque en ningún momento pensaba que Brenda había participado de la tentativa de homicidio”, dijo.

Heredia también indicó que su defendida no conocía personalmente al agresor y sólo había dialogado brevemente en dos ocasiones con él por teléfono y que no había denunciado a su amiga por miedo.

Fernández de Kirchner, quien gobernó entre 2007 y 2015, se presentó la víspera como querellante en la causa, lo cual le permite tener acceso al expediente.

Su abogado Manuel Ubeira subrayó el miércoles en declaraciones de Radio 10 que "este no es un hecho de un loco irresponsable que anda suelto... parece que es un grupo de personas organizadas con determinado propósito”.

El frustrado ataque a Fernández de Kirchner, de 69 años, ha generado conmoción. Desde hace más de dos décadas la dirigente peronista es una figura central de la política argentina, donde ha ejercido como legisladora, presidenta durante dos mandatos consecutivos y ahora vicepresidenta.

El agresor reside en Argentina desde la década de 1990 e imágenes obtenidas de sus cuentas en redes sociales -ahora inactivas- lo han mostrado posando con sus manos y brazos llenos de tatuajes asociados con simbología nazi.

Varios medios de prensa han reportado que en el teléfono celular de Uliarte se descubrieron mensajes que la relacionan con grupos de ultraderecha. AP no pudo confirmar esta información.

Una foto de Uliarte que fue borrada de sus redes sociales y publicada por la prensa la mostró participando de una marcha de varias decenas de personas realizada el 18 de agosto en contra del gobierno. “No podemos seguir dormidos”, escribió la mujer junto a la imagen en la que se la ve ante la sede del Ejecutivo y afirmó que quienes gobiernan en Argentina “son comunistas disfrazados de seudo demócratas”

Los días previos al intento de atentado las inmediaciones del domicilio de la vicepresidenta estuvieron llenas de seguidores para respaldarla luego de que un fiscal pidió una condena para ella de 12 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por presuntos actos de corrupción cometidos durante su gobierno.

Fernández de Kirchner niega los cargos y señala que la justicia actúa bajo dictados de dirigentes opositores para apartarla de la vida política.

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La corresponsal en Buenos Aires Débora Rey contribuyó con este reporte.